Escuchó sus pasos siguiéndola, pero quiso creer que él no era capaz de seguir insistiendo en una discusión que no iba a parar bien. Los dos tenían un carácter fuerte, firme, no se dejaban doblegar por nadie, y con Lois el problema residía en que ella no dejaba que nadie viese la debilidad en su mirada, o la duda en sus resoluciones. No estaba en su naturaleza permitir que nada ni nadie quebrantara la calma con la que se manejaba día a día. Soltó con firmeza su mano del agarre ajeno, y se giró a mirarlo con sus ojos verdes brillando retadores, completamente desafiantes, casi tragándose las lágrimas que hasta hace un instante habían estado nublando su vista. —”No se trata de dos puntos de vista que no coinciden, Declan”— le espetó y su voz sonó firme en su reclamo, aunque por un momento pensó que la misma flaquearía, —”se trata de que estoy harta de pelear contigo por las cosas más estúpidas y que no seas capaz de ver más allá de tu maldita nariz. Estoy harta de estas discusiones, y estoy harta de que ser tu amiga signifique que de la nada todo lo que tenga que ver conmigo simplemente no te importa”— le echó en cara con enojo, pero con su voz contenida, sin gritar. Sus ojos ardían y la rabia se remitía a su mirada, pues ni en ese caso, ni con la pasión del enojo corriendo por sus venas, Lois era capaz de perder la compostura.
Declan ni siquiera sabía por qué carajos no se iba y simplemente estaba a que a ambos se le pasara el mal humor. Quizás se trataba de sus ganas de tener siempre la última palabra. De lo que sí estaba seguro era que aquello no terminaría bien. Era cuestión de tiempo para que alguno de los dos explotara y entonces sí, se culparía a sí mismo por no irse cuando debería. Por ser un idiota al que le gustaba tener la última palabra.— “¿Ah no? Déjame recordarte que no fui yo quién inició esto. Yo no fui quién comenzó a tratarte de manera fría sin ningún motivo” —masculló con seriedad, al igual que ella, le observaba de una manera fija, sin ningún indicio de debilidad o incertidumbre. — “¿Yo soy el que no es capaz de ver más allá de la nariz? No seas ridícula, Lois, escucha tus propias palabras. —le espetó y ni siquiera él pudo creer sus palabras. ¿Qué a él no le importaba? Claro. No tenía ni la más mínima idea al respecto.— “¿Eso es lo que piensas?” —preguntó, de repente su compostura se había relajado, pero de sus ojos no se apartaba el enojo.— “Si estás tan harta de ser mi amiga, simplemente no lo seas y ya, es tu maldita decisión después de todo. Jamás te he atado, eres libre de hacer lo que quieras.” —para ser honestos sólo quería irse ahora.

















