maxine.
La incomodidad persiste donde sea que vaya. Y, para alguien que ignora sus problemas esperando a que (los) desaparezcan por arte de magia, encuentra dificultades para llevar a cabo su táctica cuando un graffiti la recibe cada vez que entra en su dormitorio. No puede fingir que no está ahí. Pese a jurarse inmune a lo que lee, ingresa sólo para recoger la pintura en aerosol que guardaba en su armario (entre los materiales para el taller de pintura) y, en cuestión de minutos, sale para posicionarse delante de su habitación. “Ni se te ocurra amenazar con delatarme.” la seriedad no es habitual en su voz, pero en esta oportunidad está ahí. Desconoce a quien pertenece las pisadas que acaba de percibir o qué propósito la/o motiva a pasar ahí, pero imagina que sus materiales hablan por sí solos respecto a propias intenciones.
Si la presencia femenina no se hubiese encontrado frente a la puerta, el modo automático en que se encontraba lo hubiese llevado a atravesar la misma y tirarse sin miramientos sobre su cama. Alerta ahora, observó el pintoresco mensaje para su privilegiada compañera. “¿Ya no te alegra tanto el tener atención?” no esperaba respuesta (o al menos no una buena), y el tono plano de su voz quizá lo informaba. “¿Qué planeas? No deseo que vuelvan a la puerta para volver a responder a lo que sea que vayas a hacer a continuación.” en aquel momento solo podía pensar en continuos pasos tras la puerta y posibles trampas una vez saliera de su cuarto.


















