you ruined me.
SELF-PARA.
PARTICIPANTES — Donna Hughes, Gemma Hughes (mención). NOTAS — Despido de mis niñas para ser una persona normal de tres personajes.
Xuebing Du
KIROKAZE
taylor price

Janaina Medeiros
Lint Roller? I Barely Know Her
wallacepolsom

祝日 / Permanent Vacation

blake kathryn

NASA

⁂

Kiana Khansmith

titsay
Jules of Nature
he wasn't even looking at me and he found me

★
cherry valley forever
"I'm Dorothy Gale from Kansas"
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@ghesna
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SELF-PARA.
PARTICIPANTES — Donna Hughes, Gemma Hughes (mención). NOTAS — Despido de mis niñas para ser una persona normal de tres personajes.

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A la doncella más bella (y a su hermana):
Espero que pases una excelente navidad, te he comprado un vestido (para el que he recibido ayuda de nadie más ni nadie menos que la Princesa Cerise) y espero que te guste. Tiene una sola condición de uso y esa es que no lo vistas en tus citas con Xander, nada más. Lo segundo son dos cajas de chocolates, ¡pero no te los comas todos! Uno de ellos es para tu hermana, Gemma, a quien no te he tenido el placer de conocer pero sé que por ser hermana tuya no podría no agradarme. Espero que le gusten los chocolates, de no ser así tendrás que comértelo todo tú y sería una verdadera pena.
A ambas, les deseo una bonita navidad.
Velkan Schreave.
Donna:
Como puedes notar, soy un torpe, lo sabes y es nuestro secreto. Había tantas opciones de regalos y no sabía por cual decidirme, tal que decidí comprarlos todos sin importar el precio, es una caja grande y sé que te agrada lo ostentoso, encaja con tu dramatismo nato. Estoy feliz si algo de todo eso te agrada, para serte sincero mi primer opción era ropa interior pero Freya me aconsejó que si no conozco tu talla o tu gusto, me patearías la debilidad. Para mi eres la mejor doncella y adoro tenerte en mi vida, ya deja de hacerme ver como un tonto.
Tuyo, Xander
PD: No me he quitado este sweater que has tejido ¿Es otro de tus hechizos conmigo, Donna? ¿Debo de preocuparme por mi vida si sigo pensando en ti?
PD: Feliz Navidad, te quiero mucho.
Donna Madonna,
Santa me contó que has sido una chica mala, y me pidió que te diera tu regalo en su nombre. Yo sé que has sido mala, y no me importa ya que yo también lo he sido, así que decidí regalarte un simple collar y compartir algunas de las galletas que me envió mi hermana. Son cosas pequeñas, pero espero que las tomes en cuenta.
Te quiere mucho, Hattie ♥
Las reacciones dramáticas de su doncella siempre conseguían mantenerlo divertido, tanto que en aquella ocasión la fémina había conseguido robarle una sonrisa divertida, su mirada puesta en el conocido rostro de la rubia.— Como tu romance con un guardia —terminó la frase por ella, mirándola con los ojos entrecerrados como si la juzgara silenciosamente por esa relación que siempre sacaba a colación en cada una de las oportunidades que le eran brindadas. Ni siquiera sabía cuál era aquella supuesta relación, o si siquiera califacaba como romance, así como tampoco tenía idea de quién era el famoso Xander.— Lo sé, la voz de los cantantes de villancicos siempre me resultó particularmente irritante —admitió, negando con suavidad su cabeza.— ¿Por qué? ¿Me dejarías a la deriva? Estoy seguro de a que Xander le darías sopa caliente en la boca… Seguramente hasta le harías “avioncito” y todo eso —y nuevamente, una mirada como la anterior le fue dirigida a la joven doncella.— Voy a tener que despedirlo si las cosas siguen de este modo. No soy muy bueno “compartiendo” a las personas.
---Por favor, un romance de una doncella con un guardia es casi nada... ---minimizó la doncella, restándole importancia con un gesto de su mano al supuesto romance, que de verdad podía decirse que existía, pero que no admitiría en ese momento. Ante lo presentado por el príncipe a continuación, Donna no pudo dejar ir un par de carcajadas. Como si fuera capaz de dejarlo a la deriva... con todo lo que lo tenía considerado... ---¿Está comparando su relación conmigo y la de Xander? ---se permitió cuestionar al príncipe, mordiéndose ligeramente el labio inferior--- No tiene que “compartirme”, usted ya sabe que estoy cien por ciento entregada a usted, y que encima, le tengo en alta consideración. ¿Tendré que ponerme a prueba de nueva cuenta? ---curioseó la doncella, mirándolo de reojo.

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En cuanto la fiesta se tornó más aburrida de lo predicho, el príncipe decidió huir de ella en un disimulado y pausado escape hacia la puerta que conducía hacia el exterior del palacio, pasando desapercibido ante los ojos de los Reyes que sin duda alguna lo regañarían de percatarse de lo que hacía. Cada uno de sus pasos provocaba un familiar crujido sobre la nieve acumulada tras aquel frío día, el saco que cubría su cuerpo mateniéndolo tan protegido de ella como esa bufanda que decoraba su cuello. Sus manos, libres de cualquier abrigo, eran las únicas que padecían el contacto con esa gélida brisa a la que además se le sumaba el frío de aquella botella de vidrio que sostenía en una de ellas. No esperaba encontrar a alguien fuera a aquellas horas y con aquel clima, pero no resultó tan sorpresivo el encontrarse con alguien más que, al parecer, había decidido abandonar el palacio de la misma forma en que lo había hecho él.— ¿Huyendo de el horrendo clima navideño que se vive dentro? —supuso, posicionándose a su costado.— Tal vez tengas ánimos de jugar conmigo a embriagarte hasta la inconsciencia para ver en qué lugar del palacio apareces mañana… Me arriesgo por la piscina, siempre termino allí —entrecerró levemente sus ojos, en tanto se enfocaba en destapar la botella para darle su primer trago.
Al oír las últimas palabras ajenas, no pudo evitar que su primera reacción saliera como respuesta inmediata de entre sus labios: ---¡Príncipe! ---exclamó con una exagerada expresión que enseñaba tanto espanto como diversión en el tono de su voz. ---¿Embriagarse con su doncella? Eso es tan escandaloso como... como... ---arrugó la nariz, no se le ocurría nada. Y como Donna no era persona que se aferrara a pensamientos que se le complicasen por mucho tiempo, lo dejó ir. Suspiró pesadamente---. Es más horrendo el clima que se vive aquí afuera, pero en realidad, por mucho que me gusten las personas, eso se está poniendo sofocante ---agitó una mano como si se tratase de un abanico frente a su rostro, negando levemente con la cabeza. ---Si se enferma por terminar en la piscina por borracho, tendré que pensármela bien antes de darle mis cuidados ---pero a quién engañaba, lo cuidaría aunque se contagiara con una jeringa él solo.
@ghesna: ❛❛ I knitted a sweater for you. Here, wear it. ❜❜
Las palabras de Donna lo hicieron dudar ¿Era una prueba? Quizás exageraba pero la alerta en la que se encontraba era constante y con Donna nunca sabía cuando utilizaba sus encantos para dejarlo como un tonto robot a su merced. Lo hacía quedar como un idiota al no tener nada para ella, ya comenzaba mal lo mínimo que podría hacer era usarlo, no era feo, Donna era una doncella excelente y todo lo que hacía lo hacía bien, sino , no estaría trabajando para la realeza — ¿Ahora? — Y reconocía que no había sido una sugerencia viniendo de la fémina de enrulados y dorados cabellos. Rascó sus cortos cabellos y suspiró antes de colocarse el sweater — No puedo creer que me hagas hacer ésto, Donna — Refunfuñó casi entretenido por dicha ocurrencia — Lo que falta es que traigas un gorro con astas de reno — Exhaló negando — Si es otra de tus formas para saber si me gustas, ya dejan de ser divertidas, las veinte preguntas debieron ser suficientes — Estaba jugando con ella y deslizó su mano para el encuentro de la contraria.
Con esa amplia sonrisa que le hacía ver las mejillas redondas y algo sonrosadas, Donna asintió. “Ahora” era justo la palabra que se reflejaba en sus ojos avellana. —¿Qué tiene de malo? Es una prenda perfecta para la época —y con un brinco acompañó sus aplausos entusiastas. El entusiasmo venía de verlo, por fin, usar el suéter que había tejido con sus propias manos. ¿Que no era mejor un regalo de esa clase que uno comprado? —¿Quieres que te haga uno? A Gemma le quedan fantásticas las formas de astas de reno —y con sus manos dibujó la forma a la que hacía referencia. —¡Las veinte preguntas fueron tu idea, eh! —reclamó la rubia, señalándolo con el dedo. —Ahora iré a dejarle el de él al príncipe Velkan, seguro le encantará y se lo pondrá de inmediato —acarició el suéter del monarca que llevaba colgando del brazo, con semblante inocente y sonriente.
Querida Donna, Espero que ya esté mejor, si necesitas algún médico de confianza, sabes que puedes contar conmigo para brindarte ayuda, mi padre conoce a los mejores y sabrán ayudarle con rapidez. Yo también te he echado de menos, sabes que es así, me gustaría que no lo supieras para poder decírtelo yo mismo, pero puedes leerme como un menú. Irónico que estemos tan cerca pero lejos a la vez, siempre espero que cruces alguno de mis pasillos, al menos verte me hará no extrañarte así. Ya estoy sonando como un tonto, me haces un tonto Donna ¿Que diría mi padre de ésto? Como lo has visto es un hombre estricto.
Tuyo, Xander Rudd
Querida Donna, Quiero saber de ti, hace tiempo no te veo desde nuestra cita en Clermont, ¿Cómo te encuentras? ¿Tú familia? Supe que tuviste que marchar unos días, Tuyo, Xander R.
Su espalda había llegado a entibiar la pared en la cual se encontraba apoyado, un suspiro evidenció su aburrimiento, mientras su mirada comenzaba a perderse en los terrenos que pertenecían al palacio y el ventanal revelaba; un bostezo lo atacó de pronto, obligándolo a observar hacia el pasillo con el único fin de quitarse la perece. Justo en ese punto, vio algo que primero creyó imaginar, tuvo que pestañear varias veces para convencerse de la escena— Hey, hey… —avanzó cauteloso hasta el cuarto que se hallaba cruzando el estrecho corredor— No te muevas. No tengo idea de cómo llegó aquí, pero esta intrusa debe irse… —habló para sí, mirando sus alrededores sin buscar ningún objeto en especial— Si te mueves seguro te salta encima y no creo que quieras pasar días en enfermería. —Y si no deseas entrar en pánico, tampoco deberías mirar a tus pies porque te encontrarás con una serpiente poco adorable. Pensó, pero no lo expresó, su vista estaba ocupada buscando algo para sacar al animal.
Alguien como Donna, lo último que quería oír en su vida eran palabras como las que el guardia en ese minuto le mencionaba. Era como decirle a alguien con aracnofobia que tenía una araña recorriéndole el brazo. ---¿Saltarme encima? ---abrió los ojos como platos, paralizándose al instante. ---¡No puede ser, sácala, lo que sea, no quiero morir! ---chilló, cubriéndose la cabeza y pegando uno que otro saltito como respuesta del pánico que parecía invadirle. Donna podía ser una excelente doncella, pero agregabas bichos raros a la ecuación, y todo se volvía un caos.

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Llevaba horas leyendo una recopilación de poemas. Poesía de aquel escritor que no tenía métrica.
–Tocándome, tocando con las palmas de sus manos mi cuerpo, –recitó, pronunciando lo mejor que podía cada palabra, con ese acento nada peculiar (el creía que no tenía acento, algún distintivo), recostado en una silla, sonriente. Sonriente porque aquel poeta era bastante curioso y le gustaba. Le gustaba tal rebeldía e innovación, de no querer seguir lo escrito para poder expresar más. Eso fascinaba a Blaine.
–Sin que mi cuerpo se resista –finalizó, y cerró el libro. No esperaba audiencia.
Ella estaba leyendo los últimos chismes, esos que anunciaban en esa manoseada revista que una de las doncellas le había prestado, cuando a sus espaldas escucha aquel acento extraño y esas palabras que la hicieron sonrojarse un poco al momento en que su cerebro tomó de forma literal lo recitado llenándola de imágenes mentales que le hacían no querer darse vuelta a darle un rostro al humano que podía apreciar en esa inventada escena. Lo hizo de todos modos, y con los ojos abiertos como platos, finalmente habló: ---¿Disculpe? ---su dramatismo natural no hacía más que acentuar esa especie de terror que podía apreciarse en su rostro y sus levemente sonrojadas mejillas.
–Desde que me he levantado esta mañana, pero no, cada vez me siento mucho mejor, así que no creo que dure mucho. – explicó mirando a la contraria. –Aún así creo que aceptaré tu propuesta para que se vaya más rápido este resfriado. – dijo, soltando un sonoro suspiro. A ella tampoco le hacía gracia tenerlo, pero no lo había elegido así. Simplemente se había instalado en su organismo, haciendo de este su hogar para vivir por un tiempo. Lo que había llevado a que se encontrara así, probablemente fuera porque había cogido frío, o puede que por otra cosa que ahora no lograba recordar.
Se sentía como una madre que iba a despertar a sus hijos y se encontrara que están mocosos y gangosos y ella sin saber qué hacer porque es demasiado tonta como para hacer nada. A pesar de que sí sabía, pues había cuidado enfermos antes, sólo que ya había perdido la costumbre... o así parecía, al menos. —Ay, santo cielo. Quizás no es un resfriado y sólo te... has pasado de frío o algo parecido. Que alivio —con su mano en el pecho, dejo ir un suspiro. —¿Prefieres ir a la enfermería a que nos aseguremos o vamos a la cocina a hacerte una infusión? —le preguntó, esta vez acercándose a ella un poco más.
No lograba esclarecer qué demonios había pasado la noche de la fiesta. Tenía un dolor de cabeza infinito que no la había dejado dormir bien, y para colmo tenía un resfriado terrible. Estornudaba constantemente, por no decir que a veces conseguía estar unos minutos sin estornudar, pero lo que más le molestaban eran eso, los estornudos. Si bien no tenía del todo mala cara, pero ella se sentía de lo peor que se puede estar. Llevaba un pañuelo de papel en la mano para la situación en la que se encontraba. Se dirigía a la cocina para desayunar algo que pudiese por lo menos aliviarla un poco. Cuando divisó a una persona dirigirse hacia ella, unas ganas tremendas de estornudar la invadieron, haciendo así que alzara una mano indicando que iba a estornudar, y con la otra posada en su boca (con el pañuelo de papel) para lo peor. —¡Achis! — hasta que al final dejó salir el sonido que en un principio quería contener.
Donna se detuvo en seco, llevándose las manos a la boca de inmediato, como si eso fuese a detener que las bacterias del estornudo se introdujeran en su sistema. ---Ay no ---dijo, mirando con ojos como platos a la otra doncella con todas las intenciones de acercarse y llevársela pero reprimiendo las ganas. ---¿Hace cuánto que estás así? ¿Crees todavía estar contagiosa? Tienes que ir a enfermería... ¡Inmediatamente! ---todo aquello pronunciado con una rapidez impresionante, de claro apuro. ---¿Te imaginas contaminas todo lo que tocas? ¡Enfermarías a todo el palacio! ---obviamente las exageraciones no podían faltar.
Sus cejas se alzaron a la espera por oír el modo en que terminaba la frase de la doncella, una sonrisa divertida haciendo aparición en su semblante de manera inevitable.— Eh… ¿eso te molesta? No creí que fueses competitiva —fingió inocencia, y agradecía que la fémina no pudiese permitirse observar en detalle lo que sucedía en su rostro, pues de hacerlo no habría tardado en descubrir cuán poca seriedad debía de aplicarse a sus palabras.— Oh, vamos… —comenzó, mordiendo su lengua para evitar que una pequeña risa lograra su cometido y terminase por escapar por sus labios.— No te pongas así, Donna. El segundo puesto no es tan malo, ¿de acuerdo? Te lo dice alguien que sabe —agrandó ligeramente sus ojos, entretenido. Sin embargo, al sentir que la doncella se alejaba de él, el príncipe atinó a -en un acto reflejo- dejar que sus brazos buscaran capturar la figura femenina para evitar que diese un paso más lejos de él.— Tú eres la mejor doncella del universo, por Dios. Era solo una broma, ¿cómo puedes creer que lo digo en serio? De verdad.
En la oscuridad y con el enganche del príncipe, Donna sonrió. Quizás sí había sido muy dramático, pero no había acto que ella hiciera que considerara demasiado dramático (¿Existía, siquiera, algo como demasiado drama? Probablemente sí, pero Donna lo ignoraba felizmente). —Será mejor que no me lo haga dudar de nuevo —dijo, volviéndose a él, en un tono que contenía una ligera nota lastimosa más que de advertencia (puesto que ella no era capaz de hacerle pasar ningún verdadero malestar a su príncipe)—, mire que todos hablan de cómo me es infiel con su ex-doncella. ¿Cómo me deja eso a mí? ¿¡Cómo!? —preguntó, resaltando la cuestión con (¡exacto!) dramatismo… y exageración, cabe destacar—. Pero en fin… —suspiró, volviendo a la normalidad—¿Desea algo, su Alteza? —y sonaba mínimamente maliciosa, abarcando más que el hecho de servirle, sino que de ayudarle, de igual forma, como una cómplice, en cualquier actividad que él propusiera.
Entretenido por la reacción de la doncella, el príncipe rodeó la familiar figura femenina para colocarse frente a su posición, retirando la capucha que mantenía bajo control su revoltosa cabellera para no imposibilitar todavía más la visión de su rostro en aquella profunda oscuridad.— Imagino que de la emoción por oír mi voz, ¿no, Donna? —inquirió, cruzando las manos sobre el pecho y buscando que su mirada se acostumbrase a la oscuridad lo suficiente como para permitirle encontrarse con la visión de las facciones ajenas.— ¿Por qué querría asesinar a la segunda mejor doncella del mundo? —inquirió, claramente con la intención de bromear con su simpática doncella. Aun así, dudaba cuánto de sus palabras podrían ser tomadas como una broma por parte de la fémina, pues era consciente de quien podía ser la primera persona que podía sospecharse como la dueña del primer lugar que, con toda la intención, se había negado a darle.
Dejó caer la mano que tenía pegada al pecho y sonrió, soltando una risita apenas audible. Era más como un suspiro con gracia. —Bueno, no todos pueden decir que sirven al mejor prín-… —una pausa dramática. Sus facciones se cayeron demostrando todo lo contrario al minuto en el que la rubia soltaba la risa, mostrando una mezcla entre su dramatismo y una ofensa que sonaba por demás fingida pero que podía tener una pizca de verdad—… ¿Le oí bien? ¿La segunda? —alzó las cejas, pero más le valía hacer énfasis en sus palabras que en sus gestos puesto que los últimos no lograrían ser divisados. —Creo que me duele un poco la cabeza —anunció, llevándose el dorso de la mano a la frente—. Éstos dolores vienen justo una noche antes de que se me olvide servir unos desayunos perfectos y deliciosos por la mañana, y que se me pase echarle suavizador a las ropas. Así que… vaya preparando a su primera mejor doncella. Con permiso —le advirtió, sonando muy angustiada, antes de intentar continuar con el camino que el príncipe había interrumpido un par de minutos antes. Si era todo sólo un acto, solo Donna lo sabría.

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Ante la inesperada oscuridad que había conseguido sacarlo de su habitación, el príncipe -que podía con tranquilidad sentir que se encontraba en su hábitat natural- deambulaba por los exteriores del palacio con una chaqueta con capucha siendo su única aliada en la lucha contra el frío clima, en busca de descubrir si era posible presenciar el hecho insólito en que aquellos rincones se vieran sumidos en la densa oscuridad. Y aún cuando la luz era escasa y los ojos tardaban en acostumbrarse a su ausencia, fue capaz de distinguir a una persona que, con motivos idénticos o diferentes a los propios, había decidido abandonar el refugio que el palacio representaba para la mayoría. Pensó en sorprender a su nueva compañía con intenciones de darle un susto, y el sonido de que algo se caía -probablemente por la brisa o porque alguien más andaba por ahí- quizá lograba ser la distracción perfecta para que su entrada fuese una buena sorpresa. Apareciéndose a un lado de la figura, se aventuró tan cerca como se pudo permitir, y con su voz grave y fuerte se dispuso a hablarle:— ¿A dónde ibas?
Una energía le recorrió la espina antes de pegar un salto ante las palabras del (que rápidamente dióse cuenta era el) príncipe Velkan. Por supuesto que la doncella no esperaba la compañía de nadie, y cual fue su sorpresa, mas que el susto que el otro le había dado, cuando sus instintos le fallaron masivamente (ella siempre se había creído una mujer de más que confiables instintos). Al menos no le había nacido pegarle, que en tal caso, era bastante bueno. —¡Casi me mata! —exageró, como siempre, llevándose una mano al corazón. —No habrá sido esa su intención ¿no? Mire que no soy de las que perdonen tal traición —su intención fue escudriñarle con una mirada repleta de dramatismo y sentimientos que nunca llegó a realmente sentir, pero la iluminación de los exteriores no ayudaba en nada.