(...) El mundo se juega por su fracaso o por su ventura; de la noche sacan el naipe y la trampa puede pasar; «Delicias de esta vida», dicen los vagabundos del juego y sacan las uñas y agregan: «Nada hay más hermoso que perder, nada hay más hermoso que vivir, aunque sea perdiendo». Tropezando, recuperando un grito que hunde la luz y raspa el sol de la madrugada. Vencidos por el sueño, no hay por qué seguir adelante o caer, sino iniciar la gruesa jugada del fracaso o de la alegría. Paso mi vida en esta parte de la ciudad; su cuerpo ha caído sobre la cama y escucha mi regreso. Han pasado las horas; hace tiempo que he salido. Vagaba por los techos de este lugar del mundo, pensando en el amor inútil, sin preocuparme por el olvido. En un disco una mujer llamada Elizete, canta «otra vez sem vosé», pero ella duerme y el sueño arrastra toda desgracia. Me atrae el sueño que respira y la envuelve, que evapora toda compasión; no puedo pensar en la tibieza de su cuello tendido en el horizonte del lecho, en este amor que crece contra toda sabiduría, que solo le importa acariciar su pelo, admitir que ella ha sufrido, que tiene derecho a descansar.
—Francisco «Paco» Urondo, «Los gatos» en Del otro lado (1967). El poema se puede leer aquí.















