EL FRIO REGOCIJO DEL CONSUELO COMO UNA LLAMADA AL CAMBIO DE PARADIGMA
Para muchos el año del Bicentenario cierra como un más, pero para la ciudadanía de Sucre en especial este tiene un sabor a poco. En primera instancia por el olvido de sus autoridades nacionales en relación a la inversión pública y obras de cemento y hormigón que se alcen cual lo hicieron hace muchos años las esfinges en Egipto o la torre Eiffel en Francia o la torre inclina de Pisa en Italia. Es decir algo que genere notoriedad como un grito permanente a los cuatro vientos que exclamen: “Mirenme soy importante y no solo ocupo un lugar en la historia sino demando que se me devuelva ese protagonismo hoy, es una deuda que merece ser saldada hoy”.
Lo cierto es que los únicos que piensan de esa manera son los políticos y figuras públicas “respetadas” de la región sin embargo, este hilo continuo de quejidos y alaridos lastimeros trajeron esta semana el anuncio de que si bien Sucre no sería el lugar de posesión de los flamantes mandatarios este seria solo el lugar donde ambos recibirían sus credenciales, a solicitud de los propios protagonistas la próxima semana. Las autoridades locales mostraron su insatisfacción afirmando que solicitaran una reunión de coordinación para plantear su pliego petitorio como región aprovechando el acto “administrativo” que tendrá lugar en la Casa de la Libertad.
Al respecto escuche muchas veces a personas cercanas decir que el principal obstáculo de Sucre, en particular, es su gente o por lo menos la calidad de esta. Dado que tienen un afán de oponerse a absolutamente todo así como poner peros interminables a cualquier propuesta que rompa el estatus quo sea en el área que sea. La frase que se repite: “por gente así no progresa la ciudad”
Sin embargo, en defensa de la “gente” que se opone al desarrollo me permito señalar que simplemente son cajas de resonancia de un pensamiento totalmente anticuado que sigue desempolvando las viejas glorias del pasado para mostrar con aires de superioridad que Sucre no es como cualquier otra ciudad o región, está merece un trato especial por lo que significa por el peso de su herencia y el significado simbólico de sus edificios.
En ese afán se ha reducido todo a un problema de locación, porque no la Asamblea Legislativa y porque sí la Casa de la Libertad. Bueno porque en la segunda nació la República de Bolivia y esta el acta firmada por nuestra primera asamblea constituyente. La historia cobra vida tan solo prestando atención al eco que sus paredes parecen transmitir cuando el silencio ceremonioso se apodera del lugar. ¿Qué mensaje se desea enviar a la ciudadanía? Un mensaje desde el nuevo Estado Plurinacional que a pesar de constituirse en un simple elemento discursivo para un partido político este trascendió más allá siendo símbolo de pertenencia e identificación para los grupos indígenas campesinos que no se encontraban presentes sino como meros espectadores de los cambios institucionales que los condicionaban pero que jamás los escuchaban activamente. O un mensaje desde las ruinas de la República, aquella que vive en el museo que trata nuevamente de imponerse como una suerte de péndulo entre lo que debe ser y lo foráneo desconociendo los avances para una parte de la población que guste o no cuentan por ser ciudadanos de esta patria.
El contexto obliga a una reconciliación y esta parte por reconocer que el Estado Plurinacional amplia el sentimiento de pertenencia para todos los bolivianos, dar pasos atrás en ese aspecto se constituye en un suicidio político cuando se requiere el apoyo de todos para aprobar las leyes que permitan que el proceso de estabilización empiece en sincronía con la toma de posesión de los nuevos gobernantes. No es una cuestión de justicia no es una cuestión de historia es una cuestión de supervivencia y sentido común.
Entiendo que los sucrenses de “bien” esta realidad les genere una urticaria crónica que haga que la incomodidad los persiga permanentemente sin una solución disponible a la vista. Sin embargo, honrando la memoria de los próceres de la Independencia, ¿no es acaso el gesto de grandeza anteponer el bien común para garantizar que exista país los próximos meses en lugar de empantanarse en un valle de negacionismo y terquedad eminentemente marginal? La historia no la hacen los lugares sino las personas que protagonizan con sus acciones y decisiones el rumbo de su destino.
Sucre, requiere de un nuevo paradigma, uno que purgue para siempre el sentimiento de autocompasión y victimismo por uno guiado por la fortaleza de su sentido de responsabilidad con su destino, el convencimiento de que lo único que requieren para forjar su futuro se encuentra simplemente bajando la mirada sus propias manos, su esfuerzo físico y mental, la capacidad creativa de transformar lo convencional en algo majestuoso, único y asombroso.
Esperaron más de 100 años para alzar la voz y demandar respeto por su condición histórica de capital constitucional. ¿Qué hicieron además de quejarse? ¿Se molestaron en construir algo por sus propios medios? Acaso no se percataron que cada año sus hijos migraron lejos para buscar un futuro alejados del estancamiento de su ciudad. Esos que se van no son ingratos son personas de alto valor que no están dispuestas a esperar sentadas que las soluciones caigan del cielo simplemente por ser herederos de un pasado cada vez más lejano.
Las palabras son capaces de inspirar pero muchas veces actúan como un virus que infecta la mente de su huésped y se contagia silenciosamente sin que el portador se de cuenta que lo padece. Así funciona la política, trata de hacerte ver que uno no puede por si mismo y debe sumarse al colectivo para transformar un grito solitario en un gran alarido que sacuda los cimientos del mundo. La unión hace la fuerza dicen por ahí, pero hace la fuerza no para los gritones de plaza que quieren que alguien más les resuelva la vida esta hace la fuerza cuando los sueños de varios emprendedores se articulan gracias a una visión compartida aunque no manifiesta que los impulsa a trabajar codo a codo por algo más grande que sus intereses.
En física la reacción en cadena se puede explicar a través de las ondas formadas por la caída de una roca pequeña en un estanque totalmente calmo, la duración de esas ondas no depende del tamaño de la roca sino de cuantas rocas se avienten en sincronía tal que las ondas de una se unan a las ondas de otra y así sucesivamente. Esas rocas pueden ser los emprendedores silenciosos de Sucre, que trabajan sin el foco de los medios ni la venia de los políticos o figuras públicas generando sinergias con sus pares. Una parte marginal de la ciudadanía quiere que ese estanque se quede calmo, esperando que esa enorme piedra de la deuda histórica y compensación llegue desde arriba allá en lo alto de las nubes para que de golpe genere ondas de crecimiento y desarrollo de golpe, el problema es que esperar a que tal evento suceda es un lujo que se puede dar la ciudad por otros 100 años más.

















