—Pero por qué mejor no te vas a…— comenzó a gritarle, de muy mala manera, a una persona que lo habÃa empujado bajando del metro, haciendo que su teléfono caiga de su bolsillo y se le rompa la pantalla —Hace dos meses que tengo este celular. Dos meses.
—Mierda. ¡Lo siento muchÃsimo! —exclamó, luego de notar el desastre que habÃa causado—. En serio lo lamento. Yo... —mordió su labio y rascó nerviosamente su cuello, sin saber qué debÃa decir en aquel momento. Sus mejillas habÃan tomado un notorio color rojizo—. ¿H-Hay algo que pueda hacer? Lo lamento mucho, perdón —continuó disculpándose, mirando al muchacho con pena y preocupación.









