Duró dos días encerrada en su habitación pensando, dos días en los que la idea de ser una princesa y estar en peligro se instalaba en su cabeza, pero no. La pelirroja tenía la fortuna de ser excelente ignorando realidades y eso fue lo que hizo, dejó de lado la preocupación por su futuro y demás asuntos y se dedicó a enviar a uno de los trabajadores del castillo de vuelta a casa de sus padres por sus tan amados patines. Se decidió a explorar el castillo con estos puestos pero no recordó un pequeño detalle: los frenos habían desaparecido la última vez que la princesa había terminado en el suelo. Cosa que probablemente se repetiría en ese momento de no ser porque una persona interrumpía su camino “Hey, hey, tu” trató de llamar su atención “Muévete porque no sé como parar eso” elevó poco más la voz, buscando con la mirada algo para poder frenar, sin mucho éxito.





















