Muerte a los soñadores
Muerte a los soñadores. Esos incautos alimentados de ilusiones vacÃas y sin fundamento. Esos locos que se levantan cada mañana sin mirar qué pie apoyan primero en el suelo y que se atreven a desafiar al mundo dibujando una sonrisa en sus caras, aunque les duelan las mejillas de los bofetones que coleccionan entre derrota y derrota.
Muerte a los soñadores. Esos supuestos valientes que prefieren arrancar el coche con cinco euros de gasolina en el depósito para averiguar dónde pueden llegar que a dejarlo acumular polvo en el garaje. Esos temerarios que tiran la toalla al suelo con rabia, gritan, se revolucionan y frustran, para después recogerla, secarse el sudor y seguir peleando.
Muerte a los soñadores. Esos tozudos que pueden darse golpes contra una puerta, sabiendo que en algún momento tiene que ceder. Esos que rodean los muros, conscientes de que ninguna pared toca el cielo y que no hay cerco sin entrada. Esos desgraciados que ignoran las palabras cautelosas impregnadas de mediocridad para caminar por donde a ellos les da la gana.
Muerte a los soñadores. Esos temerarios que recorren el mundo quemando etapas que les acercan a sus objetivos. Esos revolucionarios que respiran esperanza, perseverancia y progreso. Esos inconscientes que disfrutan del camino a pesar de los obstáculos, que aprenden de cada traspiés y no cambian de rumbo.
Muerte a los soñadores, que quieren arrebatarnos el mundo.
Qué vivan los soñadores. Porque cada dÃa que abren los ojos ven el dÃa como el nuevo capÃtulo de una aventura aún por vivir. Porque sus mentes son funámbulos sin red que pasean con gracia sobre la delgada lÃnea que separa la realidad de la ficción.
Qué vivan los soñadores. Porque son conscientes de no existen los cuadros sin bocetos, los edificios sin un plano, pelÃculas sin guión o avances sin fracasos previos. Porque son conscientes de que los sueños son la antesala de la realidad.
Qué vivan los soñadores. Porque se mofan de ellos. Y ellos convierten la mofa, previamente frotada por una zona impúdica del cuerpo, en energÃa que les impulsa a crear, una energÃa que no desgastan con el paso de los años, un combustible que les mantiene jóvenes e imperecederos a los ojos de los que se marchitan por renunciar.
Qué vivan los soñadores. Porque se crecen ante los imposibles, los no podrás y los olvÃdalo. Porque no se dejan arrastrar por una corriente de conformismo, porque asienten y sonrÃen a los defensores de la supuesta realidad mientras la maquinaria trasera de su cerebro forja un nuevo plan de acción hacia su objetivo.Â
Qué vivan los soñadores. Porque son capaces de posponer sus sueños, revisarlos, acumularlos para dedicarse a su realidad, con un ojo siempre puesto en ellos, sin echar nunca la llave del baúl. Porque son conscientes de sus limitaciones actuales, con la firme convicción de que una limitación sólo existe por falta de práctica. Porque no imponen una realidad, porque abrazan miles de ellas, relativas, moldeables a los intereses y motivaciones de cada individuo.
Qué vivan los soñadores. Porque, aunque mueran sin conseguir hacer realidad sus sueños, el camino les habrá hecho felices. Porque echarán la vista atrás y se reconfortarán al ver que anduvieron por donde quisieron. Porque recorrer el sendero escogido es más satisfactorio que deambular por una cañada acotada.
Vivid, soñadores. El mundo es nuestro.














