Parece que se ha tomado unas largas vacaciones, o permanece encerrado en una extendida cuarentena. A todo esto, ¿qué tipo de amor es? ¿Qué cariño se encuentra dormido? ¿Qué sacrificio de olor fragante no se ha ofrecido aún?
Creí verlo a la cara, y pasó de largo, como si no supiera quien soy. ¿Será que no me reconoció? ¿Acaso alguna vez nos presentamos?
Lo busqué en la tienda de sodas, en el juego de atrapadas y a la hora del recreo. Sin saber su naturaleza, me le declaré… Silencio en el bullicio, una lonchera llena y un estómago vacío.
Me tropecé con él, y me atropelló con violenta alegría; su golpe aún lo siento en el abdomen. Me colmó de sensualidad, me llenó de besos de menta y labial carmesí. Su abandono me dio la primera muerte de muchas; sus ecos aún resuenan en la posible mitad de mi vida.
Lo saludé, despreocupado; en caravana transitó. Era nuevo, espontáneo, no tan maleado. Disfrutó la nobleza y sufrió la madurez. La víctima se volvió el asesino; en el bosque escarpado hallé mi exilio.
Lo bebí en licor ámbar y botellas vulgares. Se ocultó detrás de una barra, en camas amplias y cuartos oscuros. Y entre lo más bello, encontré perfección en el mezcal de cedrón y plenitud en una canción de Portishead. También lo abandoné, mas conocí la verdad, mítica, casi irreal: romance con amistad.
Lo encerré en el manicomio, en la esperanza de un pasado incierto y caótico, ajeno, y eso lo hacía peligroso. Solo Dios sabe de qué me libró, aun cuando fui arrojado a la calle. Por favor, deje el cadáver en la acera, la morgue está llena.
Todavía me pregunto, ¿dónde esta el amor? Deambulo, trabajo, vivo y desordeno. Vivo en la inercia, miro al cielo, contemplo el horizonte, volteo al suelo. ¿Se escapó o permanece oculto a plena vista? Quizá esté debajo de un alero, mientras llueve con furia en la ciudad, o nada en calma y bebe de mi taza de café. Sea en el centro o los suburbios, en departamento o casa propia, en la aparente indiferencia o en la evidente fascinación, sé que estás ahí.
Cúbreme los ojos, y pregúntame: “¿quién soy?”. Quizá adivine tu nombre. Daré la vuelta y miraré la vida. Será Dios con nosotros y yo… contigo.