Mi cuerpo sangraba. Mi respiración se detuvo, al igual que mi corazón.
La sangre se derramaba como un mal augurio que se aproximaba.
Mi cuerpo se paralizó. Quedé muda y sorda; mi alma, pasmada por el miedo, se aferraba a tu existencia. Pesaba tanto como si cargara todos los pecados de este mundo.
Mi ser era atormentado por la sola posibilidad de perderte.
















