Los orígenes de la tanatoestética (segunda parte)
Como os prometimos en la anterior entrada, hoy vamos a continuar el repaso por los orígenes de la tanatoestética y la tanatopraxia. En concreto, comenzamos nuestro viaje a la historia del oficio del tanatopractor partiendo desde las actividades que practicaban los antiguos egipcios.
Se trata de una civilización que ya entonces, hace miles de años, se dedicaba a embalsamar y a momificar los cuerpos de sus muertos con la idea de que éstos estuvieran en perfecta condiciones para, según sus creencias, poder volver al mismo y resucitar como Osiris.
Por ello, se empeñaron en conservar al máximo a sus difuntos, desarrollando artes y especializándose en el uso de los productos cosméticos, como la henna, el carmín o la malaquita. Además, ya hacían uso de lo que podría ser una especie de tanatorio donde practicaban el embalsamiento, haciendo ahínco en tapar todos los orificios. Tras ello, el cuerpo del fallecido era sumergido en natrón y sal durante unos dos meses antes de pasar a vendarlo. Finalmente, practicaban una ceremonia religiosa antes de despedirse del mismo.
Un alto en el camino para ir a oriente
Mientras tanto, la lejana China también tiene un hueco en los orígenes de la tanatoestética, donde el objetivo era muy similar: conservar lo mejor posible el cadáver con el uso de cosméticos. Ellos pensaban que existía una línea continua entre la vida y la muerte y que por eso debían ataviarlos con maquillajes basados en polvo de azahar o tinta china para los ojos.
En cuanto a la Edad Media, si algo la caracteriza es la austeridad y la pobreza, factores que influyeron también en los cuidados a los muertos. De hecho, las conservaciones eran exclusivamente para la población rica, como los reyes y la nobleza. A estos, al igual que los egipcios, se les extraía las vísceras y se les rellenaban todas las cavidades (aunque ni por asomo puede asemejarse a la delicadeza y al cuidado de la civilización del Nilo).
La tanatopraxia en el renacimiento
Con el Renacimiento se recupera de nuevo el culto por la belleza y las ganas de pasar a la otra vida con un mejor ajuar y arreglo funerario. Comenzaron a utilizarse en esta época compuestos basados en cacao e incluso algunas pomadas de vainilla con la intención de que el cadáver tuviera un tono blanquecino saludable. Todo lo contrario a lo que se pretendía en los siglos posteriores, donde se busca dar color y embellecer al máximo posible al muerte contrastando colores como el blanco y el rojo.
Esperamos que os haya gustado este repaso a los orígenes de la tanatoestética y que hayáis reflexionado sobre las prácticas realizadas en la actualidad.











