FLACO
11/09/2025
Soy fiel creyente de que la soledad puede ser una buena compañía,
hasta que llega el instante en que tu ausencia me golpea,
cuando desearía que, al abrir la puerta,
fueran tus brazos los que me aguardaran,
como en aquellos días en los que podía esconderme en ti
mientras el mundo, allá afuera, se volvía cruel.
Ya no estás, flaco.
No estás para recibirme,
y duele.
Duele saber que te has ido y no volverás,
que lo que fuimos jamás tuvo valor en tus manos,
que todo lo que ardió, ardió solo en mí.
Me pregunto a menudo:
¿para qué me hiciste quererte?
¿Por qué encender un fuego que ibas a dejar morir?
Me dejaste con las manos colmadas de amor,
de sueños, de anhelos,
y en todos ellos habitabas tú.
Tú no me extrañas,
no me piensas,
no me quieres.
Nunca lo hiciste.
Solo bebiste de mi atención,
como quien calma la sed en un manantial
que no piensa cuidar después.
Yo te quise, te quiero
y te querré…
quién sabe hasta cuándo.
Anhelo tus brazos,
tus caricias,
el roce de tus labios.
Extraño la tibieza de tu cuerpo en mi cama,
dormir abrazada a ti,
escuchar el latido de tu corazón
que se volvió mi canción favorita.
Extraño acariciar tu rostro,
ese gesto que solo tuve contigo
y que tú, ingenuo, creías ajeno.
Quédate un segundo aquí,
hazme compañía,
quiero sentirte mío…
Ven, abrázame.
Abrázame, flaco.
Ya no recuerdo el sonido de tu voz…
Ya no guardo aquellos audios
que solía repetir una y otra vez para escucharte.
No te has muerto,
sé que sigues por ahí,
merodeando la noche como tanto te gusta…
pero para mi corazón es como si lo estuvieras.
Así se siente.
Siento un frío aquí,
donde solías habitar.
Tu recuerdo me persigue,
se cuela en cada rincón de mis días,
me niega la calma.
Hoy tu ausencia me pesa más que nunca.
¿Cuándo podré soltar tus recuerdos?
Dime, flaco:
¿estás bien?
¿Me has pensado?
¿Me extrañas, aunque sea un poco?
-Ela.

















