No cabe duda de que hice bien
en conocerte, tomar la decisión de elegirte,
porque no me arrepiento de haber
hallado en ti el amor de mi vida.
La farola que alumbra los callejones vacÃos
bajo noches oscuras, donde habita el frÃo
y sale de cacerÃa el peligro,
esa eres tú.
La mano que emergió de la neblina
para abrir las jaulas que hay en mi mente.
La chispa más poderosa que brilla
como si todas las estrellas se hubieran fundido
en un resplandor único le pertenece a tus ojos.
La melodÃa que reverbera
y combate el reino del silencio
que mucho ha subyugado
e invadido mis pueblos de miedos.
La espina que se clava en mis huesos
cada vez que observo cómo otros te sonrÃen,
despertando los impensables celos
que jamás pensé tener guardados.
Y no me importa si eres sencilla
o te consideras poca cosa,
para mà eres el mundo que quiero vivir,
el idioma que aspiro hablar,
el paraÃso donde descansar después de morir.
Desde que te conocÃ,
no he parado de soñar
con cada una de tus facciones,
orquestar himnos con tus voces,
escribir poemas en tu piel,
proclamarte musa de mi arte
y emperatriz de mis imperios,
convertirte en la luna de mis noches,
dibujar tu cuerpo en el fuego,
imaginarte en cada una de las novelas
románticas creadas en mi cabeza,
componer canciones sobre cómo
mi amargura saboreó por primera vez
la dulzura de tus besos y se volvió adicta,
hacerte la compañera de mi soledad
y el oasis de mis desiertos.
Hay tantas cosas que podrÃa escribir sobre ti:
sobre tu pelo, tus pecas, tus sonrisas,
y cómo estoy feliz de que existas
y cómo me alegro de haberte conocido
porque me inspiraste desde que supe
que serÃas el amor de mi vida.