Cuando te recuerdo, imagino que tienes un cargo de conciencia enorme para que después de todo, pretendas mantenerte atento a mi vida.
En estos momentos, es irrelevante que quieras renovar esa vigencia.
Te lo explico: tú y yo, lo fuimos todo en otras vidas. Paralelamente, tu discurso gracioso dictó que "éramos solo conocidos".
Dicen que los malos tienen ese matiz porque desconocemos su versión de la historia... Y que los buenos, dejan de serlo precisamente cuando esa contraparte sale a flote. No me corresponde contar de ti. Vos sabrás qué personaje quieres interpretar.
Cuando finalizĂł nuestra vida juntos, no hice el menor intento para permanecer cerca de ti. Nunca me interesĂł saber cĂłmo estabas, quiĂ©n te procuraba, si eras feliz o dĂłnde vivĂas. Y es muy sencillo argumentarlo: cuando fuimos, yo ofrecĂ todo. No escatimĂ© en nada. Te di absolutamente todo. (Se cumple la premisa... Los malos no son simplemente malos por destino).
A mĂ, ni antes ni ahora me quedan cuentas pendientes por cubrir: no te debo nada.
¿Qué remordimientos cargas tú, para que con los años, insistas en permanecer?