Las risitas de los niños que atendían el pequeño espectáculos del cuentacuentos le distrajo lo suficiente como para no notar que se acercaba peligrosamente a alguien. Es a causa de ello que no se da cuenta cuando el par de cajas que lleva en brazos colisiona con la espalda de alguien. Una de ellas caer al suelo, mientras tanto Mijoo ya se está disculpando. “Uh– ¡lo siento! No veía por donde iba, de verdad,” los primeros segundos se muestra consternada… Cuando un pensamiento cruza su cabeza, su rostro sólo puede expresar esperanza. “Un momento, ¿sería mucha molestia si me echas una mano? Todavía me faltan otras cajas… Mis brazos se empiezan a fallar,” dedicó una sonrisa pequeña tímida, temerosa de recibir una negativa.
observó la situación de cerca, estaba acompañando a un grupo de niñes para que no se fueran del círculo de lectura, al menos ayudaba a la muchacha que intentaba ponerle todo su corazón a la lectura. por momentos se imaginaba que aquel niñito de cuatro años (que se había aferrado un poco mucho a ella) era su pequeño hijo del futuro. aquella imagen la hizo sonreír hasta que el estruendo la espabiló. persona-víctima intentó quejarse con malos modos antes de retirarse despotricando, dara levanta al pequeño para dejarlo sobre el suelo y se acerca a ayudarle “¿por qué cargabas con tanto?” le pregunta con una sonrisa amigable, tratando de restarle importancia a la escena “¿a dónde tienes que dejar esto?” expresa mientras se carga de las cajas que habían caído.














