Día 004, Sueño (pesadilla), 18/11/19
Esta mañana me he despertado muy confundida, asustada.
Salía de clase, como si viniese de Ibaigane.
Íbamos un grupo generoso vuelta a casa. Uno de ellos, el de la mirada penetrante, misteriosa, llevaba hierba encima.
Yo siempre que llevo o cuando un amigo con el que voy lleva hierba, siempre de rezo por no encontrarnos a la poli; pues igual en el sueño.
De pronto, a lo lejos veo a los beltzak. Mierda.
Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Gente a mi alrededor decía que estaban disparando a los manifestantes.
La policía estaba a la altura de la rotonda, yo quería coger el Camino de San Felicísimo. Mis amigos seguían de frente. Vi, antes de coger esa bifurcación, cómo un agente disparaba a bocajarro, despiada e indiscriminadamente a un manifestante que estaba dentro de un camión de basura, protestando.
Grité, pero pronto me di cuenta de que eso podía llamar la atención de los policías que se encontraban cerca de mí mientras los cruzaba.
Rápidamente me di cuenta de que la policía ya se iba, y yo, a medio camino, veía que cada vez me alejaba más de mis amigos, los perdía, y me perdía yo de mi destino. Por ello, decidí reandar lo ya caminado y volver hacia donde hasta hacía un momento había estado la policía asesinando.
Cuando llegué al estrechamiento de la calle, todo el mundo seguía reunido, observando el horror de lo sucedido. A mi izquierda, se encontraban dos cadáveres apilados.
La gente los miraba, pero no por mucho tiempo.
Inesperadamente, escucho un estruendo fuerte, que se repite hasta tres veces.
Pensé que era la policía, que venía a por mí. Pero no, era mi hermana levantando su persiana.