Objetos de poder, herramientas de libertad
Se nos enseñó que el poder era masculino. Que los cetros, las espadas, las coronas, los trajes y los títulos pertenecían a los hombres.
A nosotras, se nos relegaban los adornos, las joyas, la indumentaria restrictiva, los silencios, los bordes de las decisiones. Pero cada generación de mujeres ha tomado esos mismos objetos y les ha insuflado un nuevo sentido: un poder propio, indomable, cotidiano y radical.
No representan sumisión, gritan libertad.





















