Bárbara le parecía una chica inteligente y carismática, no ponía duda en que el único error que lo había delatado fueron sus propios actos, su llegada sigilosa con alguna sorpresa o su casi idéntica manera de hablarle cuando debía ser otro. Ladeó su cabeza, admirando la caída de las hebras oscuras sobre su rostro. “¿No confías en mi? se que te encantará” soltó con los ojos firmes en los azules, buscando generar un poco de misterio en el ambiente y capturarlo. “Está bien” como si fuera posible ignorar esa mirada. “Tengo un pedazo del paraíso friki en mi habitación, si mal no recuerdo alguien nació con esos gustos” se burló, aunque el hecho de compartir ciertos gustos con la menor le parecía un punto muy agradable. Solían decirle en su casa que perdía el tiempo y que aquellas falsas peleas virtuales no iban a guiarlo por el buen camino. Bah, pura basura, como si criticaran la religión de un creyente. Estiró su brazo para alcanzar un mechón castaño femenino y lo amoldó a la forma de su oreja, haciendo acto visual sin pudor alguno de sus rasgos . “No es lo único que hay de interesante, pero para verlo tienes que aceptar desde ahora. ¿Nos vamos?”
❛ solo dime que es. ❜ al escuchar aquella pregunta, ‘¿no confías en mi?’, una pequeña voz dentro de su cabeza responde, por supuesto que si, con todo mi ser, pero ella no puede decir eso, no cuando sus ojos marrones conectan con los suyos de aquella manera. en realidad, todo este silencio solo logra que se emocione más por lo que le va a decir. ❛ ¡¿estas hablando en serio?!, ¡marshall! ❜ su voz suena como la de una niña recibiendo una muñeca nueva en navidad, en su caso, un nuevo comic de los x-men cuando tenía once años. incluso da un pequeño salto, y esta tan emocionada que en un movimiento casi inconsciente, su mano agarra la suya con fuerza. ❛ lo dices como si fuera algo malo. ❜ aclara su garganta, y responde a la broma después con una gran sonrisa, sin soltar la mano del chico, pero si aflojando su agarre un poco. su gusto por los comics, video-juegos, y cosas similares le había ganado muchas miradas extrañadas en su infancia, los únicos que no la molestaban por sus gustos eran sus amigos de ese entonces, aquel grupo con el que podría hacer lo que quisiera, pero todos habían crecido, algunos le habían dejado de hablar, otros se habían mudado, y había quedado sola con sus aficiones. y luego había conocido a marshall, seguro, no había ido bien la primera vez que sus miradas chocaron, pero con el paso del tiempo se habían llegado a volver más y más cercanos, llegando hasta el punto donde ella se sentía cómoda con el, hablando de lo que sea, diciendo lo que sea. no importaba cuando estaba cerca de el. pero luego habían llegado los sentimientos, y bueno, ella no era muy buena manejando sus emociones. y es entonces cuando el mismo se encarga de acomodar su pelo, su tacto contra su mejilla se siente extraño, diferente, emocionante, y puede sentir como aquellas mariposas imaginarias revolotean en su estomago, con sus ojos azules fijos a los suyos, y sus mejillas enrojecidas sin manera de ocultarlas de la visión del castaño, siente que cualquier cosa es posible. ❛ okay... vamos, acepto. ❜