Amigo mío,
¿cuán difícil sería despedirme de ti y no querer quedarme aquí? Creo que sabes la respuesta, por eso te escribo, para evitar los segundos pensamientos y los posibles arrepentimientos.
Me voy, Cole, y no sé si volveré. Seattle dejó de ser mi hogar desde el momento en que me perdí a mi misma en Seattle. No te confundas, tú siempre serás mi hermano y Alice, mi pequeña mariposa, pero…seamos honestos, yo ya no soy yo y ustedes no merecen perderme así. Por eso me voy, Cole, porque necesito perderme de todo en un intento por encontrarme. ¿Se podrá? Siempre me lo pregunté, ¿sabes? Si era posible encontrarse a uno mismo en la perdición. Supongo que ahora lo averiguaré.
Te amo, lo sabes. Y sé también que me amas, así que por favor, no sientas remordimiento por no habérmelo dicho una vez más. Sé también que te haré falta, porque ya te extraño yo a ti. Pero recuerda abrir los ojos y notar a quienes tienes a tu lado, pues con Alice basta, créeme. Sé que a veces todo parece tornarse un tanto gris, un tanto nublado, pero si das una segunda mirada a todo, podrás encontrar las respuestas por las que siempre acudes a mi y aunque no lo notes, terminas respondiendo solo.
Nunca olvides el ser humano que eres, nunca te pierdas porque no puedes, tienes una hija y ella te necesita entero, completo. Sé que puedes pensar que estás fragmentado hasta la médula, pero no lo estás, Cole, nunca lo has estado y si lo estuviste, Alice fue capaz de unirte de nuevo, de entregarte enteridad.
Espero que un día me perdones, espero que si vuelvo me recibas.
Con amor, Arizona.-











