EstĂşpido Menor
El sol de la alborada se colĂł a rayitos por mi ventana, molestándome, como si todo no fuese molesto ya, como si no hubiera tenido suficiente. MovĂ mis brazos almohadas desde anoche sobre la mesa, no tengo una sola nociĂłn de cuando habrĂ© caĂdo por tanto alcohol… LimpiĂ© la saliva furtiva de mi boca que humedecĂa la parte ajena a lo que mis lágrimas mojaron de mi cara y refunfuñando inentendibles me dispuse a limpiar el desastre en la cocina.
 “—¿Te gusta mucho? —susurró curioso jugando con la yema de sus dedos,¿estaba nervioso? —.
—SĂ, Ryeowook, me gusta mucho. ÂżCrees quĂ© le guste?
—Le gustarĂas a cualquiera, hyung… —murmurĂł y yo sonreà —.”
 El dĂa pintaba maravilloso; cielo raso lleno de nubes blancas, sol radiante e incluso las personas parecĂan brillantes de ánimo…
Si yo fuera una nube, seguro serĂa una gris.
TenĂa un humor de perro que habĂa empeorado desde anoche; con todas mis fuerzas estaba intentando mantener la compostura. Pero estaba vuelto loco, un desastre, claro de mis ideas, tambiĂ©n estaba inĂştil de una soluciĂłn.
Con la casa en mediano orden, tomé la decisión de salir a espabilar… Por supuesto, no más alcohol.
EstĂşpido menor.
 “—¿QuĂ© deberĂa hacer? No pude.
—Beber, hyung. —pude escuchar su risa a través del teléfono y colgó —Estúpido menor —pero hice caso —.”
 De la resaca no me libraba nadie y mis ánimos no ayudaban en absoluto. Mi cabeza dolĂa y no dividĂa cual era el dolor de tanto pensamiento o el dolor por demasiado beber.
GuardĂ© mis manos al bolsillo y caminĂ© sin rumbo fijo por ahĂ.
No irĂa a la cafeterĂa, querĂa estar lo más lejos de todo. DesviĂ© mi camino hasta tomar puesto en los asientos de las afueras de un restaurante. El sol intenso resentĂa caliente en mi piel. OrdenĂ© tĂ© helado y cuando lo estaba bebiendo, podrĂa jurar que el que yo vendĂa era mejor, o quizá hoy todo me sabĂa a mierda.
—Hyung.
Levanté la mirada ante la reconocible voz, sin evitar mostrarle mi mueca en desagrado a su presencia.
—Tú.
—¿Qué tanto bebiste? Te ves tan mal.
Se sentĂł frente a mĂ sin más y le mirĂ© amenazante, me sentĂa como un gato erizado de ver a un perro escudriñarle. Encontrármelo no era una casualidad, vecindad de pacotilla.
—¿Han hablado? —yo aĂşn no habĂa contestado ni su primera pregunta y me estaba fastidiando con otra —¿Hyung?
—No. —me limité a contestar ante su insistencia, resignado—.
—¿Qué harás?
—Beber algo para la resaca.
—No me refiero a eso.
—Ni yo quiero hablar de aquello. —con brusquedad me levantĂ© de allĂ, golpeando las palmas sobre la mesa —Beber fue mala idea,Âżsabes? —reclamĂ©, suspirĂ© hondo y mis hombros se tensaron ante su firme mirada —.
—Yo lo hago por diversiĂłn hyung, no para solucionar mis problemas —musitĂł, ordenando para comer un postre y beber algo frĂo, casual, esperaba que el sol le prepare tĂ© caliente —.
EstĂşpido menor.
—Se va hoy.
El sol estaba ardiente y mi corazĂłn se estaba volviendo chicharrĂłn, punzaba, dolĂa.
—¿Se va a dónde? —abrà mis orbes cual platillos no comprendiendo su noticia—.
—A China, hyung, estará allĂ viviendo un tiempo por trabajo. Si todo sale bien, se quedará a vivir allĂ. —le vĂ mirar su reloj y mirarme de regreso —Tienes una hora para alcanzarlo en el aeropuerto a partir de ahora.
Perplejo, intentaba procesar toda la informaciĂłn recibida.
ÂżViaje? ÂżChina? ÂżPor quĂ© no sabĂa absolutamente nada de eso? ÂżCuándo dejĂł de contarme todo? ÂżQuĂ© hay de los demás, fui excluido acaso?
—¿Hyung?
—¿Ajá? —no podĂa concentrarme de repente, estaba pensando demasiado, otra vez —.
—Ahora tienes 57 minutos. El tiempo vuela.
Fue lo último que me dijo antes de palmear mi hombro e irse sin más.
Rayos.
PretendĂa irme cuando fui halado del brazo derecho con brusquedad. ÂżSu dĂa podrĂa ir peor?
—No puede irse.
…
EstĂşpido menor. Tuve que pagar su cuenta y de plano no admitĂan tarjeta.
 El tráfico era una basura; renuente al desespero inhalaba y exhalaba el aire “puro” de la ciudad.
Atascado en lo que parecĂa ser una caravana central, al llegar al aeropuerto, perdĂ más tiempo pagando la carrera y con menos de cinco minutos corrĂ edificio adentro buscando los vuelos a China en piso Internacional. Mi corazĂłn galopaba como caballo de carrera,Âżestaba viviendo un drama de romance y tragedia, acaso? Eso era exagerado.
BusquĂ© mi celular que parecĂa perdido en la dimensiĂłn de mi bolsillo de repente; una vez con Ă©l marquĂ© desesperado, pasaba de la hora y minutos, no estaba por ningĂşn lado, no contestaba tampoco… Maldita sea con todo.
Me rendà y empecé a vagar.
—¿Por qué estás aqu�
Incrédulo, luego de media hora divagar, quizás estaba exageradamente delirando con su bonita presencia.
—¿Jongwoon?
PodĂa jurar que sentĂ mi corazĂłn sonreĂr de escuchar mi nombre salir de sus labios.
ÂżDesde cuándo me gustaba? No tenĂa idea. Pero ahĂ estaba, me sentĂa conmocionado de verle.
—Ryeowook… —no supe que decir más que ponerme de pie frente a él, al haber estado sentado como un viajero más en el espacio de espera —¿Se atrasó tu vuelo?
—¿Qué vuelo? —me miró confundido y me sumé a su confusión —.
—A China,¿por qué no me lo dijiste?
—No sé de qué me hablas.
—¿Por quĂ© estás aquĂ? —estaba perdiendo mi paciencia, no explicaba el por quĂ© estaba allĂ,ÂżpretendĂa ocultármelo hasta el final?—.
—Despedà a mis primos, te lo conté,¿lo recuerdas?
Mi mente se conectĂł e hizo click. Me trajo aquĂ… SĂłlo por que sĂ.
… Estúpido menor.
—¿Por quĂ© estás aquĂ, Jongwoon?
—Por tu culpa. —soltĂ© en un arranque sin pensármelo, ya no habĂa quĂ© perder—.
—¿Qué?
—Dormà mal anoche.
—Ah… —su tono de voz apabullado me golpeó —.
—Es tu culpa.
—¿Por qué mi culpa? —me miró frunciendo el ceño —.
—Bebà demasiado.
—¿Eso tambiĂ©n es mi culpa? —pude mirar como sus manos se empuñaron, era un niño enojado, bastante precioso como para contenerme de besarlo, pero lo hacĂa—.
—Sà —solté —.
—Jongwoon idiota… —murmurĂł entre dientes, dispuesto a dar la vuelta e irse malhumorado por mi causa, quise reĂr—.
—SĂ.
—¿Eh? —dirigiĂł sus orbes nuevamente hacĂa mi, nuevamente confundido—.
—Estoy idiota, pero idiota por ti.
—J-Jong...
—No hables. Escucha. —tomé valor para finalmente decir aquello que se empeñaba en doler, por negármelo a mi mismo, incluso —Me gustas. Sólo me gustas tú.
Quise decir más, quise contarle todos los detalles pero sólo pude decir eso por el momento.
—Mientes.
—No.
—¿QuĂ© hay de la chica quĂ© esperabas,? Ella te gusta,Âżno te llamabas afortunado? —parecĂa que iba a llorar, su mirada se humedeciĂł, no querĂa eso —.
 “—¿Por qué deben casarse, hyung?
Sentados sobre el fino pasto para permitir que el viento refresque nuestros corazones, por la brevedad de un instante te miré y me sonrojé,¿qué era eso?
—Mamá quiere que me case pronto y la escogiĂł a ella, no pude negarme cuando la conocĂ, es guapa y es dulce,Âżno lo crees?
Creo que algo cambió. ¿Por qué no me siento seguro de repente?
—Ya veo, hyung tiene suerte. —y sus ojitos se apagaron mermando su reacción en mi pecho —.
—Soy afortunado —creo que estoy mintiendo sobre esto, evité mirarle—.”
 —La rechacĂ©, discutĂ con mi padre, les hablĂ© de amor, del amor que siento por un hombre.  Fui y rompĂ mi compromiso… Ryeowook. Hazte responsable. —hablĂ© tan deprisa que mi pecho reventarĂa —.
Sus mejillas enrojecieron, no supe diferenciar si era molestia o vergĂĽenza, pero parecĂa contener las emociones en sus ojos.
—¿Ryeowook?
—Estúpido menor.
—¿Me estás imitando?
—Dijo que le esperara aquĂ, porque estaba cerca. Y despuĂ©s de dejar a mis primos asĂ lo hacĂa, pero te vĂ y no pude evitar acercarme —dejĂł fluir sus emociones a travĂ©s de salina humedad rodar cuesta abajo por sus mejillas —Pero no vendrá,Âżverdad? —empezĂł a reĂr —.
—Entiendo —no, no entendĂa —.
—Hay que agradecerle.
—¿Qué debemos agradecerle?
—Que te quiero y me quieres. ¿No es as�
Pestañeé, esbozando mis labios en una sonrisa de victoria al comprender lo que Ryeowook intentaba decir. Pronto sentà que se abalanzó a mi en un abrazo, restregándose a mi pecho, resuelto.
—Te quiero.
—Eres mĂo ahora,Âżde acuerdo? Todo estará bien, Jongwoon.
Y ahà estaba de nuevo, sin mayor complicación ni alargue dando por solucionado algo que yo hubiera liado más, pero preferà no hundirme en los detalles innecesarios, porque las cosas eran a su manera. Era pequeño pero testarudo y firme; complejo y simple a la vez. Tomó mi mano y me llevó consigo guiándome otra vez por el sendero feliz. Me và contagiado de su rebosante emoción.
SĂ, todo estará bien a partir de ahora.
—¿Ryeowook?
—Jongwoon. —respondió tan pronto volteando a verme, sonriente que me calaba el alma —.
Y lo besĂ©, como si no fuera a besarlo nunca más, pero vaya que sĂ lo harĂa y muchĂsimas veces.
Y me besó. Qué felicidad. No importaba nada más.
Luego me encargarĂa de agradecerle el empujĂłn a quien corresponde, menor no tan estĂşpido.











