Tu yo de 10 años te pide a gritos ver Wonka
Ayer me aventuré a ver la que es una película para niños como es Wonka. Cuenta una historia deliciosa, la usual metáfora sobre perseguir tus sueños, coronada por el actor protagonista que vuelve loca a nuestra generación que es Timothée Chalamet.
Creo que esta película merece ser recordada en la mente de los niños grandes como somos nosotros por dos razones:
Su localización y
Su gran metáfora
Empezando como debe ser por el principio, la localidad donde se desarrolla Wonka representa la “crème de la crème” de Europa. En una lista para que sea más visual:
Utilizaron en sus tomas lugares de Inglaterra como pequeños pueblos, salones de baile originales de los años 50, la catedral de San Pablo, Oxford y Bath;
Integraron todo tipo de elementos en la ciudad de la arquitectura belga, checa, holandesa, francesa, alemana y suiza;
La plaza que preside tantas escenas en la película fue diseñada inspirándose en el casco antiguo de Praga;
Y la increíble galería donde Wonka sueña con poder abrir su preciosa tienda de chocolates está basada en la famosa Galleria Vittorio Emanuele II de Milán.
La ciudad creada para la película es una obra de arte imaginada por el niño que tenemos dentro, modelada inspirada en los viajes de aventuras.
La segunda parte de mi pequeño comentario tiene relación con la metáfora que he podido sustraer del cuento sobre Wonka. Esta película describe el momento en que Wonka ya tiene su producto estrella, que son sus increíbles chocolates, pero necesita darse a conocer y emprender en lo que es su sueño de tienda.
Hay varias conclusiones que podemos sacar de la película; la primera más obvia es que el tener un gran producto, o una gran idea, no te va a quitar por arte de magia los obstáculos de tu camino. Puedes perder la confianza de quienes te rodean. Puedes tener enemigos envidiosos que, sin querer o queriendo, te ponen trabas que no te esperas. Y la solución, de manera sencilla y sin enredos, es no dejarse llevar por la negatividad, aceptar la situación que en la que te encuentras, y buscar soluciones dentro de las posibilidades, anticipando aquello que puede socavar tu plan.
Dentro de esta conclusión, como si fuera una muñeca rusa, se encuentra otra, y ésta es exclusivamente del mercado laboral y de la temática de la productividad: hay una increíble escena, musical además, que enseña como Wonka no acepta su destino laboral, no acepta la manera en la que le obligan a crear dinero; no le apasiona; no es lo que él quiere. Por lo que inventa una manera de producir lo mismo con menos tiempo, y lo que es mejor, haciendo que quien de primeras le ponía trabas fuera quien hiciera funcionar su nuevo sistema de productividad. Esto hace que durante sus días en este trabajo tenga tiempo de crear nuevas ideas para sus chocolates, aprenda nuevas habilidades como leer, y consiga hablar con y enseñar sus productos a sus potenciales clientes.
La última y tercera conclusión que saco de esta muñeca rusa es la importancia del ambiente y de no dejarte llevar por él. Wonka tenía tanto enemigos en el mercado como personas que se querían aprovechar de su talento. En el ambiente en el que él se encontraba se podía haber olvidado de sus sueños, o podía haber caído en las redes de aquellos que dictaban su trabajo, pero sabía cuál era su sueño y sabía por qué quería llevarlo adelante (una razón muy pasional además, lo que refuerza siempre la consecución de una meta).
La película te deja con un saber de boca muy bueno y no te hace ni pensar en mirar el reloj, sino pensar en qué metas quieres tú alcanzar y qué estás haciendo para poder llegar a ellas.
Ahí dejo algo de #foodforthought y mi impresión de que la película, que recomiendo a todos esta Navidad, tendría una nota de 7.5.













