A pesar de que ambos llevaran viviendo mucho tiempo juntos, Wescott no podÃa evitar sentirse anonadado cada vez que observaba tan de cerca las facciones ajenas, y es que ¿comó no sentirse asà cuando era tan… adorable? Aunque si lo pensaba mejor, esa palabra le quedaba muy pequeña al contrario, porque para el pirata, Luca era como esas constelaciones del firmamento que podÃan guiarte a tu hogar, y de cierta forma esta metáfora era cierta, ya que con él a su lado, no se sentÃa sólo, y que pertenecÃa finalmente a un lugar que lo acogiese con calidez.
La aterciopelada voz ajena hizo que momentáneamente saliera del trance en el que estaba, y con algo de esfuerzo trató de prestarle atención a lo que tenÃa que decir. — Heh, te lo dije. — rara vez Luca le daba la razón en algo, y de cierta forma recibir este tipo de halagos hacÃa que se sintiese mejor sobre sà mismo, pero por sobretodo, querido. — Exactamente, perfecto… — continuó, su mirada sin apartarse de la ajena mientras guiaba al contrario suave y lentamente con los pasos que daba. Bailar no se le daba muy bien, tenÃa que admitir, pero no le importaba hacerlo cuando esta actividad le traÃa momentos como estos.
Pero otra cosa que no se le daba bien, era soltar al aire palabras que yacÃan adormiladas en su mente. Era una traición de sus propias cuerdas vocales, pero esta vez no sintió que cometió un error al pronunciarlas claramente:
— Tú eres perfecto… — le susurró bajito mientras se detenÃa despacio y la mano que tenÃa posada en la cintura ajena subÃa hacia el rostro del rubio, posándose esta vez en una de sus mejillas para acariciarla suavemente. Su mirada, sorprendentemente, no se desvió. Sus ojos amaban observar los ajenos, que al ser como pequeñas estrellas, parecÃan haberse convertido en su constelación favorita.
   Luca no era una persona que acostumbrara sonreÃr seguido. Su semblante solÃa ser bastante serio, evitando sonreÃr ante otras personas que parecÃan no merecer demasiado su atención. Sin embargo, con Wescott era diferente. Siempre fue diferente. Con el tiempo, el pirata se habÃa convertido en una de las personas más cercanas a él, por no decir que él era quien mayormente le hacia sentirse seguro y feliz, algo que no habÃa llegado a sentir en años.Â
   E incluso si todavÃa podÃan llegar a tener desacuerdos y ligeras discusiones, aquello solamente lo hacÃa más entretenido y cercano. Todo era mejor a lado de Wescott.
   Siguiendo sus pasos despacio, el joven solamente asintió al escucharle hablar, manteniendo una ligera sonrisa entre sus labios. TodavÃa habÃan muchas cosas que querÃa decirle al otro, pero prefirió callarlas, al menos de momento. Sus ojos permanecieron fijos hacia el contrario, disfrutando la presencia y la cercanÃa que solo podÃa compartir con él, manteniendo su ritmo. Era un silencio cómodo, pero aquel momento de paz se detuvo junto sus pasos.Â
   Y aunque Luca se sintió confundido durante unos instantes, la voz y las cálidas acciones de Wescott solo ocasionaron que las mariposas que sentÃa volar en su estómago revolotearan más. En realidad, parecÃa ser que ahora se encontraba más confundido, pero su verdadero problema era la repentina timidez que ahora sentÃa por aquel comentario. – N-No…No digas esas cosas… – contestó en un susurro, apoyando su rostro un poco en la mano contraria. Y aunque una parte de él deseaba esconderse, otra parte deseaba quedarse. Deseaba poder observar el rostro de Wescott toda la noche y escucharle decir cualquier cosa, sobre todo si sus palabras seguÃan siendo tan suaves como ahora.Â
   – Estoy lejos de serlo – replicó finalmente, dejando salir una pequeño suspiro. La mano que se posaba en el hombro del pirata subió hacia su propio rostro, colocándose encima de la de Wescott. Una pequeña risita se escapó de sus labios. – Heh, quizás suene extraño, pero… Tu eres lo más perfecto que me ha pasado, ¿sabes? – suspiró, dejando que su mirada ahora escapara de la figura contraria. A pesar de todo, seguÃa siendo bastante difÃcil ser honesto. – …Lo mejor que me ha pasado. –
Lindo era una palabra demasiado pequeñita para describir a Luca y sus tiernas reacciones ante las palabras melosas que salÃan de los labios de Wescott, pero fue la primera que se le vino a la mente al verlo asà de nervioso y sentirlo derretirse conforme iba acariciando su rostro. Era un lado de Luca que solamente él habÃa visto hasta ahora, y de cierta forma le hacÃa feliz que este le diera la confianza de verlo tan vulnerable a las emociones, como si la montaña de hielo que usualmente Luca portaba frente a él de repente se desmoronara, simplemente dejándolo a él y su verdadero ser; ser que poco a poco fue ganándose el cariño y amor del pirata, porque obviamente era imposible no caer en sus encantos. Y él lo sabÃa perfectamente.
Sin embargo, no esperaba que Luca lo atacara de la misma forma que él lo habÃa hecho, pero si iban a jugar a este juego los dos, con gusto lo seguirÃa. SeguirÃa a Luca hasta los confines del mundo.
Suspirando un poco para calmar sus nervios, Wescott soltó una pequeña risita mientras con un suave movimiento, su mano llegó a posarse bajo el mentón ajeno para asà hacer que sus miradas volviesen a encontrarse. — No es justo que digas esas cosas y luego te escondas, prÃncipe. — lo molestó tiernamente a la par que posaba su frente sobre la ajena, frotando ambas con ternura mientras su mirada seguÃa afectuosamente fija en la ajena. — Para mÃ, no lo estás… ya lo eres. — y era cierto, para él, Luca era perfecto. Y tan perfecto, que tenÃa que lidiar todos los dÃas con el pensamiento de que no merecÃa a alguien como él, que simplemente iba a ser un estorbo… pero momentos como este alejaban todo pensamiento negativo que alguna vez se atrevió a cruzar por su mente, y por esto estaba eternamente agradecido. — También eres lo mejor que me ha pasado, Luca… — despacio, Wescott acercó su cuerpo al contrario y delicadamente levantó su mentón, acariciándolo después. — Eres… el tesoro más precioso que he encontrado. — le susurró bajito a medida que acercaba aún más su rostro al contrario, deteniéndose cuando sintió que las puntitas de sus narices chocaban suavemente y sus respiraciones se mezclaban.
Tragando saliva debido a los nervios, Wescott se armó de valor para preguntar algo. — ¿P-Puedo…? — quizá iba demasiado lento para Luca, pero esperaba que el contrario pudiese entender lo que trataba de comunicarle, puesto que si lo llegaba a decir directamente, se desvanecerÃa de la vergüenza.
   Luca sentÃa como si el tiempo se hubiera detenido por completo. ParecÃa que la noche nunca iba a terminar y que cada segundo que pasaba era más lento que el anterior. Incluso sentÃa que el sonido de las olas chocando con el barco habÃa desaparecido, pues lo único que podÃa escuchar eran las palabras que le dedicaba el contrario. Sin embargo, aquel pequeño universo que se habÃa creado entre los dos era bastante cómodo, incluso si el joven aún tenÃa miedo del mismo.
   No obstante, aunque Luca solamente querÃa disfrutar de aquella compañÃa ya establecida, los movimientos de Wescott lo tomaron desprevenido. Los latidos de su corazón parecÃan querer delatarlo, pues este comenzó a latir con más fuerza en el momento en que sus miradas se volvieron a encontrar. Sus mejillas ardÃan, y aunque deseaba con todo su ser desaparecer de ahÃ, tampoco querÃa irse. No querÃa alejarse de él, de su nuevo hogar. De esa persona que le hacÃa sentir que incluso las cosas más difÃciles valÃan la pena vivirlas. Y este era uno de esos momentos. Â
   Un ligero quejido se escapó de sus labios. Cada palabra que le dedicaba el contrario solo lo ponÃa más nervioso, eso sin contar la cercanÃa entre los dos al sentir sus frentes juntarse. Se sentÃa sumamente vulnerable en frente suyo, pero quizás... quizás podrÃa dejar pasar ese sentimiento solo por esta vez. Después de todo, no habÃa forma de que él pudiera huir tomando en cuenta todo lo que habÃa confesado ya a Wescott. -- Lo que no es justo es que me digas todas esas cosas y solo yo me avergüence -- admitió nervioso. Se sentÃa abrumado por recibir tantos cumplidos; tanto amor que no esperaba. Era agradable, pero Luca tampoco sabÃa bien que hacer con ello. -- Pero... gracias por pensar asà de mi, Wescott -- una suave sonrisa terminó dibujándose en sus labios. Pocas veces el joven llegaba a mostrar ese tipo de expresiones, pero la alegrÃa y el alivio que sentÃa en esos instantes eran mayores que el recordatorio de la imagen que debÃa mantener.Â
   Un escalofrÃo recorrió su espalda al escuchar su última confesión. Aquel último susurró de verdad habÃa llegado a su corazón, y aunque el rubio sentÃa que le faltaba el aire, unas cuantas palabras se escaparon de sus labios. -- Si soy tu tesoro... entonces espero que me cuides bien, ¿sÃ? -- Sus brazos se elevaron, colocándose alrededor del cuello de Wescott. La reacción y pregunta del contrario habÃan sido algo inesperadas, pero el rubio solamente encontraba aquellas acciones sumamente lindas. La mirada de Luca se enterneció por completo, pues a pesar de todo, Wescott podÃa ser incluso mejor caballero que él. -- Sà puedes. Solo prométeme que este no será nuestro último beso. --Â