Luca nunca había estado interesado en ese tipo de festividades. Navidad siempre había sido una excusa para que su padre realizara grandes eventos en donde distintos comerciantes y mujeres llegaban a su conveniencia. Después de todo, solo aquellas personas con las que tenía algún cierto tipo de interés eran invitadas, y Luca siempre debía recibirles de manera cordial, incluso si nunca hubiera hablado con ellos antes. Era cansado, pero el joven ahora se encontraba agradecido por no tener que pasar aquellos momentos de nuevo. Es más, un año atrás, tampoco hubiera esperado pasar aquel evento en un barco pirata, pero no se estaba quejando. Después de todo, había decidido quedarse por alguien que valía la pena.
Y aunque el barco tampoco estaba decorado enormemente con detalles navideños tal como en su antiguo hogar, se sentía mucho más cálido que cualquier salón de baile. Tomando la mano de Wescott, Luca arrastró al contrario hacia la puerta de su camarote. No se detuvo a escuchar ninguna de sus preguntas y tampoco volteó a verlo hasta llegar a aquel lugar, observando a detalle el rostro del más alto. Parándose de puntitas, el joven de cabellos rubios busco alcanzar los labios contrarios, dejando un suave y lento beso sobre los mismos. Se separó despacio, sin soltar aún la mano del contrario, pero ninguna palabra salió de sus labios aún.
Quería dejar a Wescott confundido, o al menos hacerlo preguntarle la razón de ello. Seguía siendo un poco difícil pedirle un beso al contrario directamente, pero al menos así, el muérdago que había puesto sobre el marco de su puerta era la mejor excusa para hacerlo.