A pesar de que la respuesta contraria había hecho que su corazón se hundiese un poquito al principio, Wescott rió suavemente y lo volvió a sentir latir vigorosamente en cuanto sintió la mano ajena tomar la propia, y dedicándole una sonrisa, llevó aquellos delicados nudillos hacia sus labios para besarlos con suavidad mientras la mano que tenía libre sostenía cuidadosamente la cintura ajena para acercar al contrario más hacia sí.
— Eso debería decirlo yo, Luca. — confesó tímidamente mientras posaba su frente con la ajena en un suave movimiento. — Y no nos hace falta la música, el océano también produce dulces melodías, ¿sabes? — mencionó a la par que sus dedos se entrelazaban con los de la mano ajena. — Además, no es como si les cayera muy bien a la gente del puerto como para contratar músicos. — bromeó mientras una risita se le escapaba de los labios y daba un paso hacia adelante, esperando que el contrario lo siguiera para dar comienzo a lo que sería un baile bajo las estrellas.
Aquel beso en sus nudillos lo había tomado completamente por sorpresa, y el claro sonrojo en sus mejillas era la mayor prueba de ello. Luca ahora solo esperaba que la luz de la luna no lo delatara, y que tampoco lo hicieran los fuertes latidos en su corazón. Buscaba desviar su mirada, pues era mucho más sencillo que observarlo tan directo y que quedaran todas sus emociones al descubierto en frente él. Llevó su mano al hombro del contrario, acercándose aún más al contrario, mientras su frente se colocaba a la par del contrario.
— Yo… — ni siquiera estaba seguro de que decir, sobretodo por tener al otro tan cerca suyo. Sin embargo, aquella cercanía no le molestaba en absoluto. Aquel momento parecía ser algo íntimo entre los dos. Algo que no podían compartir con alguien más. — …Tienes toda la razón — comentó, mientras una risita nerviosa se escapaba de sus labios, buscando tranquilizarlo un poco. Su mano sostuvo la de Wescott con cuidado, entrelazando sus dedos despacio. No sería la primera vez que realizaba aquello, pero esta vez parecía ser diferente, más especial. — No necesitamos a los músicos. Esto… esto ya es perfecto, Wescott — agregó con una suave sonrisa, sin apartar sus ojos del otro. Al notar el primer paso de Wescott, Luca lo siguió con cautela, buscando acompañar su ritmo.
A pesar de que ambos llevaran viviendo mucho tiempo juntos, Wescott no podía evitar sentirse anonadado cada vez que observaba tan de cerca las facciones ajenas, y es que ¿comó no sentirse así cuando era tan… adorable? Aunque si lo pensaba mejor, esa palabra le quedaba muy pequeña al contrario, porque para el pirata, Luca era como esas constelaciones del firmamento que podían guiarte a tu hogar, y de cierta forma esta metáfora era cierta, ya que con él a su lado, no se sentía sólo, y que pertenecía finalmente a un lugar que lo acogiese con calidez.
La aterciopelada voz ajena hizo que momentáneamente saliera del trance en el que estaba, y con algo de esfuerzo trató de prestarle atención a lo que tenía que decir. — Heh, te lo dije. — rara vez Luca le daba la razón en algo, y de cierta forma recibir este tipo de halagos hacía que se sintiese mejor sobre sí mismo, pero por sobretodo, querido. — Exactamente, perfecto… — continuó, su mirada sin apartarse de la ajena mientras guiaba al contrario suave y lentamente con los pasos que daba. Bailar no se le daba muy bien, tenía que admitir, pero no le importaba hacerlo cuando esta actividad le traía momentos como estos.
Pero otra cosa que no se le daba bien, era soltar al aire palabras que yacían adormiladas en su mente. Era una traición de sus propias cuerdas vocales, pero esta vez no sintió que cometió un error al pronunciarlas claramente:
— Tú eres perfecto… — le susurró bajito mientras se detenía despacio y la mano que tenía posada en la cintura ajena subía hacia el rostro del rubio, posándose esta vez en una de sus mejillas para acariciarla suavemente. Su mirada, sorprendentemente, no se desvió. Sus ojos amaban observar los ajenos, que al ser como pequeñas estrellas, parecían haberse convertido en su constelación favorita.
Luca no era una persona que acostumbrara sonreír seguido. Su semblante solía ser bastante serio, evitando sonreír ante otras personas que parecían no merecer demasiado su atención. Sin embargo, con Wescott era diferente. Siempre fue diferente. Con el tiempo, el pirata se había convertido en una de las personas más cercanas a él, por no decir que él era quien mayormente le hacia sentirse seguro y feliz, algo que no había llegado a sentir en años.
E incluso si todavía podían llegar a tener desacuerdos y ligeras discusiones, aquello solamente lo hacía más entretenido y cercano. Todo era mejor a lado de Wescott.
Siguiendo sus pasos despacio, el joven solamente asintió al escucharle hablar, manteniendo una ligera sonrisa entre sus labios. Todavía habían muchas cosas que quería decirle al otro, pero prefirió callarlas, al menos de momento. Sus ojos permanecieron fijos hacia el contrario, disfrutando la presencia y la cercanía que solo podía compartir con él, manteniendo su ritmo. Era un silencio cómodo, pero aquel momento de paz se detuvo junto sus pasos.
Y aunque Luca se sintió confundido durante unos instantes, la voz y las cálidas acciones de Wescott solo ocasionaron que las mariposas que sentía volar en su estómago revolotearan más. En realidad, parecía ser que ahora se encontraba más confundido, pero su verdadero problema era la repentina timidez que ahora sentía por aquel comentario. – N-No…No digas esas cosas… – contestó en un susurro, apoyando su rostro un poco en la mano contraria. Y aunque una parte de él deseaba esconderse, otra parte deseaba quedarse. Deseaba poder observar el rostro de Wescott toda la noche y escucharle decir cualquier cosa, sobre todo si sus palabras seguían siendo tan suaves como ahora.
– Estoy lejos de serlo – replicó finalmente, dejando salir una pequeño suspiro. La mano que se posaba en el hombro del pirata subió hacia su propio rostro, colocándose encima de la de Wescott. Una pequeña risita se escapó de sus labios. – Heh, quizás suene extraño, pero… Tu eres lo más perfecto que me ha pasado, ¿sabes? – suspiró, dejando que su mirada ahora escapara de la figura contraria. A pesar de todo, seguía siendo bastante difícil ser honesto. – …Lo mejor que me ha pasado. –