Si mi yo de antes pudiera verme hoy no reconocería a la persona en la que me convertí. Después de tantas caídas entendí que crecer no significa dejar de sentir, sino aprender a levantarse una y otra vez. Hoy abrazo mi historia, agradezco cada enseñanza, disfruto los pequeños momentos y dejo de cargar con lo que ya no me pertenece. Aún me falta mucho por recorrer, pero por primera vez siento que voy por el camino correcto. Y eso, para mí, ya es una gran victoria










