Miedo. Es lo que nos limita y al mismo tiempo nos motiva...
a alejarnos de lo que más queremos lograr. En el proceso de mi creación de arte, el miedo tiene un gran papel y lo ha tenido desde sus inicios. La oportunidad de crear existe desde siempre.
¿Por qué limitamos nuestra creación por medio del desafío de nuestra mente y justificaciones sin fundamentos?
Mi mente se revela - me dice que lo que estoy pensando y soñando no vale.
Que no es posible, que es que FIJESE, es muy difícil, no hay oportunidades, el mismo sistema lo hace imposible, todos se están quejando igual que yo - algo debe tener de cierto.
En algún momento estaba tan paralizada por mi miedo de tirarme al agua que hasta llegué a creer que el trabajo que estaban realizando otros, no era suficientemente bueno para darle tiempo y ser parte de esos proyectos y oportunidades.
Claro, el gran cabezón orgullo entró a la escena para proteger a la miedosa de que le diera la chiripiolca porque ¿Qué loco puede pensar emprender en el arte en un país donde todavía no se toma en serio y constantemente somos recordados del bonito “hobby” que tenemos?
Hoy me doy cuenta del gran daño que yo causaba a nuestra creación colectiva como artistas guatemaltecos con esa simple creencia (perdón muchá); ni era necesario compartirla, estaba solo en mi cabeza, pero nuestras creencias son suficiente para crear y hacer real el mundo en el que vivimos.
Fue entonces cuando llegó a mi la oportunidad de montar “La Noche del 16 de Enero” de Ayn Rand. Digo llegó porque en ese entonces no estaba consciente de mi autoría en mi propia vida y como realmente sí, cada decisión que tomé o no tomé, me llevó a tener esta oportunidad en su momento.
No tomar una decisión es lo mismo que tomarla, pero crea una ilusión falsa de librarse de la responsabilidad de los efectos.
Como buena maestra del procrastineo (sí, estoy inventándome palabras) dejaba para después y después y después el trabajo de la traducción del libreto. Los meses de ensayo se acercaban y fue posible tener un libreto semi-robusto para la hora de las audiciones.
Las audiciones fueron geniales, finalmente entré al medio y conocí a la gente que día a día batallaba para que nuestra profesión exista. Sentí un gran honor poder ver que si hay gente que se entrega en Guate, no todo es mediocre. Y por unos segundos me inspiré a trabajar en interdependencia para crear algo genial que podría levantar el teatro.
En esa época mi enfoque principal era en lograr un resultado determinado. Quería que la gente saliera con cierta impresión y eso era lo más importante, no sabía las consecuencias de eso aún; y lo más triste es que no tenía idea de la magia infinita que se esconde en el proceso…