I don’t have de pussy to littles lights
Ultimamente me piden que hable de cosas que odio en mi blog, que por lo visto tiene mas lectores de lo que yo pensaba.
Pero, hay una cosa que estoy odiando mas que nunca, el victimismo.
Esa manera de sentirse mal, y a veces de buscarla.
Pienso que las mujeres de hoy (no puedo hablar por los hombres porque no tengo pito), nos seguimos idealizando situaciones y personas porque creemos que es como debe de ser.
Nos cabreamos cuando el tío al que nos tiramos la otra noche, no nos llama, pero ¿os habéis planteado que a lo mejor nosotras no queremos que nos llame?
Nosotras también podemos utilizar a los hombres, nosotras también podemos simplemente satisfacer nuestros instintos primarios sin necesidad de sentir nada mas. Dejemoslo de verlo mal. Pienso que el sexo es el ultimo instinto que nos queda. El único momento en el que mostramos como estamos hechos realmente.
Pero, en otras palabras, algunas hacen del acto sexual, “el amor”, y luego quieren que continue, que sea un cuento, o que sea tan dramático que nos llene de emociones violentas y contradictorias. Llorando a mares o volando de enagenacion mental enamoratoria.
PERO NO. A veces las cosas ocurren porque tienen que ocurrir, y duran lo que deben de durar. Es absurdo esforzarse tras el viento.
Pensar que podemos conseguir algo, y creedme, NO SE TRATA DE LO QUE QUIERES, SE TRATA DE LO QUE NO QUIERES.
Quizá pasen los años, y te vuelvas mas arisca, mas exigente, pero las relaciones que tengas te llenaran mas, pues ya no serán tan contaminantes o emocionalmente inestables como lo eran en el pasado.
Pero volvamos al primer punto. Volverse victimista, pensando que todo lo malo nos ocurre a nosotras, y lo peor, llegar a creer que nos lo merecemos.
Todas nos hemos sentido asi, pero cuando te atreves a salir de esa burbuja de “yo yo yo yo”, te das cuenta de que el mundo no se ha detenido ni un momento, y que no eres tan importante para el universo, que solo estas tu, y solo tu vas a cuidar de ti misma. Entonces, te conviertes en tu propia heroína, odiando a la vecina victimista.


















