Había algo en su sonrisa. Una especie de invitación a romper todos mis esquemas, todas mis estructuras y verdades con tal de mantener esa mueca en su rostro.
Había algo en la forma con la que me miraba, como si pudiera con sus ojos llegar ahí: donde nadie llega jamás usando algo tan vano como lo es el tacto.
Y sí, había algo también en sus labios que lograban enredarme en una lucha donde siempre terminaba perdiendo yo.
Había algo en él, en su ser que conseguía atormentarme y revolucionarme.
Pero yo no lo detuve nunca, simplemente me senté a observar como en cuestión de segundos él podía hacer volar mi mundo y dejarme; como toda tormenta, en la más calma ruina .




















