Días de confusión con las tareas de un trabajo nuevo, mientras todo lo demás sigue avanzando rápido: contratos, proyectos, decisiones. Y en medio de eso, todavía no tener un lugar fijo donde vivir, sin poder realmente establecerme.
A eso se le suma la planificación de la boda, comprar apartamento, algunas preocupaciones de salud, trabajar con una organización sin fines de lucro, tratar de crear arte… y se convierte en un constante correr de un lado a otro, sin pausa, sin cierre. Como si todo estuviera en movimiento al mismo tiempo, y yo tratando de alcanzarlo.
¿En qué reguero me he metido? ¿Esto es ser adulto?
Tengo que recordar que Dios sabrá y me sostendrá. No es por mi propia voluntad.








