Estoy cansado. No de ti, nunca de ti. Estoy cansado de todo lo que pesa alrededor de nosotros, de los días difíciles, de las dudas que aparecen cuando menos las necesito y de sentir que, a veces, mi corazón tiene que luchar más de lo que sabe. Hay momentos en los que quisiera simplemente descansar un poco, dejar de pensar tanto, dejar de cargar con ese miedo constante a perder aquello que más amo.
Pero sigo aquí.
Y quizá ese sea el problema. Porque te amo. Te amo tanto que no sé cómo aflojar las manos. Te amo tanto que incluso cuando algo duele, mi primer impulso sigue siendo acercarme más a ti en lugar de alejarme. A veces me pregunto cuánto tiempo puede sostenerse un abrazo cuando los brazos ya están cansados, cuánto tiempo puede resistir un corazón cuando lleva demasiado tiempo sintiendo todo con la misma intensidad.
Hay días en los que me siento agotado. Días en los que no sé cómo seguir sosteniendo todo esto. Días en los que quisiera que las cosas fueran más sencillas, más ligeras, menos difíciles. Pero luego te miro y entiendo que no quiero escapar de ti. No quiero irme. No quiero aprender a vivir sin este amor ni convencerme de que debo soltarlo.
Quiero quedarme.
Aunque me tiemblen los brazos. Aunque este abrazo lleve más peso del que imaginé. Aunque haya noches en las que el cansancio parezca más grande que mis propias fuerzas.
Porque soltarte sería más doloroso que el cansancio.
Porque aún te amo.
















