Micro Instante.
Cuando el frĆo llego a la ciudad, donde nada parece tener vida ya por esta temporada comencĆ© a experimentar unas raras cosquillas en la mĆ©dula que se extendĆan a lo largo de las piernas, mirar fijamente las sombras en la pared desde el sillón escandinavo, envuelta de pies a cabeza en posición fetal dentro de una manta de cama blanca y calada, muy gruesa y suave, que fue de la abuela, o al menos aā¦
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