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NY y la Individualidad
Me recuerdo allá por 2006 desconcertando mucho a cierto casanova cuando me dijo “eres única” y yo le respondí “soy como todo el mundo, me compro la ropa en zara y me creo original” o algo igualmente encantador. Él, claro, no entendió nada. Yo todavía no había leído a Almudena Hernando y no era capaz de elaborar mucho más todo aquello.
Una cosa que desconcierta mucho a los casanovas es mi gusto por conversar. Como concepto. Conversar no con la intención de “seducir” (qué horror de palabra viendo lo que significa hoy en día) ni en el sentido cada vez más extendido de hacer monólogos sucesivos donde la gente espera a que otra gente termine o respire y se deje interrumpir para decir otra cosa que tiene más o menos que ver. Conversar a veces implica escuchar mucho y hablar poco, a veces implica preguntar mucho y a veces implica hablar demasiado y luego sentir que has monopolizado la conversación. Pero es imposible si no parte de la base de que lo que el otro dice nos cambia. De esto, creo, habló ya algún filósofo, o físico. No sé. Y desde luego hablaba mucho una temporada de Fringe.
Volviendo al título de todo esto, o intentándolo. Creo cada vez más firmemente que los seres humanos nos parecemos muchísimo. Y que buscar lo que nos hace únicos e inconfundibles es agotador precisamente porque no existe. Y uno se pasa la vida intentando ser único un poco a lo tonto.
Pero también creo que el conjunto de lo que he vivido, leído, aprendido etc hace que mire más unas cosas que otras, me fije más en algunas cosas que otras y me interesen más unas cosas que otras. Y eso no me hace única. Me hace yo, me hace distinta a otros, obvio. Pero también me conecta con un montón de gente en el mundo que mira y se fija en cosas parecidas y luego me señala otras que no había visto y que quizá consigan cambiar la forma en la que participo en el mundo. No sé.
Total, que el otro día fui a NY por primera vez, esa ciudad que todos tenemos en el imaginario a través de películas series y fotos hasta aburrir. Fui por primera vez, espero que no por última, y fui a hacer turismo. A pasearla. A dedicar una semana de mi vida a mirarla, hacer fotos. Fijarme desde fuera. Y miré las mismas cosas que todo el mundo, claro. Hice las mismas cosas que todo el mundo. Por supuesto. Subí al Empire State. Estuve en el Blue Note oyendo jazz. Fui al MoMa a mirar cuadros. Cómo no. Esperaba que un Van Gogh me quitase el habla como su compañero que cuelga de una pared en París. Pero al final fue un Rothko. Fui y esperaba sentir una familiaridad que no viví. NY me sorprendió todo el rato. A cada paso. Por cosas tan absurdas como que nadie me había dicho que Manhattan huele a marihuana y Brooklyn a comida. Porque no me esperaba que la ciudad cambiase tanto su energía cuando hace sol y calor y cuando hace frío. Cómo los londinenses viven el sol es algo mítico, yo creo, estás allí y sonríes cuando lo ves porque ya te lo habían explicado doscientas veces. Y es cierto. Y lo entiendes, el sol allí es un bien escaso. Pero NY tiene un clima más extremo. Con veranos asfixiantes e inviernos gélidos. Con tiempo para hartarse del sol. No sé. Madrid es una ciudad con un clima digamos similar (menos extremo, lo sé) y la gente solo cambia global y ostenisblemente de humor cuando llueve 3 días seguidos sin parar. Porque nadie me había dicho, por ejemplo, que en NY la gente parece buscar más la pertenencia a un grupo que la diferencia. Y eso me ha llamado la atención. Una cierta uniformidad: todos los hombres que salían de los edificios de oficinas llevaban uniformes similares, todas las mujeres que volvían de Manhattan a Brooklin con sus bailarinas y sus tacones en las manos y sus faldas plisadas de colores neutros. Ese buscar no llamar la atención dentro de tu entorno. Todos nuestros vecinos del Bronx con sus chándales de algodón apretados en el tobillo. Color gris chándal o negro negro. Todos los judíos ortodoxos, esto era obvio. Pero no deja de tener su gracia que los judíos ortodoxos de NY viven en un sistema que está por encima de su individualidad y eso nos parece a nosotros alucinante, y sin embargo, 3 calles más arriba o más abajo, la gente esté intentando encontrar un uniforme que diga tan claramente a qué grupo pertenecen como las pelucas de las mujeres casadas en el barrio judío. Igual los millenial están cambiando algo el mundo ese de los babyboomers tan egocéntrico y lo están haciendo a golpe de selfie. O igual lo estoy entendiendo todo fatal. Quién sabe.
Pero NY me ha sorprendido sobre todo porque es una ciudad claramente hedonista. Donde el disfrute es importante. Donde descansar es importante. La ciudad que nunca duerme. La ciudad en la que se trabaja en 3 turnos, donde las obras siguen de madrugada, es también la ciudad donde descansar es importante. En medio de todo ese bullicio bancos y más bancos. Parques y más parques. Parques con sus chapitas sus nombres, sus verjas, incluso cuando tienen 2 metros cuadrados tienen siempre un banco, una fuente, algo verde, una chapita explicando unas normas de uso del espacio común.
La capital del capitalismo. El disfrute. El descanso. Carteles en el metro informando a los desheredados de que por fin hay salario mínimo en la ciudad. 15$ la hora. El guía explicando que la gente dobla turno para sobrevivir. Explicándonos también que en Flushing Meadows, la alcaldía ha establecido turnos para que todas las comunidades de fuera de USA tengan un día en el parque para celebrar sus orígenes, hacer barbacoa, ir a conciertos donde suena música de su tierra de origen. Ese orgullo de un guía centroamericano que es neoyorquino y vive en una ciudad donde puede hablar su idioma cada día para vivir y para trabajar, donde se siente tan integrado como para decir con normalidad que cada uno vive en su barrio, que los chinos lo invaden todo, que qué bien se vive aunque sea cara. Y para darme la razón hablando con total normalidad de las cosas que disfruta haciendo con su familia y sus amigos y que no podía hacer en el lugar del que vino.
La retórica de la tierra de las oportunidades suena menos ridícula cuando comprendes que en esta ciudad han inventado una fórmula en la que muchos de sus habitantes creen estar en una continua mejora. Vivir cada día un poco menos mal. Tener cada día más oportunidades de disfrutar de una ciudad que da envidia cuando vas un sábado al museo de historia natural y ves grupos enteros de familias del Bronx en la cola, dispuestos a pasar otro día más con sus hijos. Hablando de qué zona nueva del museo van a descubrir hoy. Será una inmensa mentira pero les ha quedado precioso el decorado. Tan creíble en el Deli cutre de la salida del metro en la 176 como en el borde de Greenpoint donde siguen construyendo torres de apartamentos que se venderán a precios que no acierto ni a imaginar.
Y en todo ese proceso hice (o pedí que me hiceran) algunas fotos que no tienen nada de únicas pero que a la vez son totalmente previsibles para cualquiera que me conozca un poco. En este album están algunas fotos de NY visto desde mis ojos miopes con su punto de vista propio (si leéis los comentarios pelmas de mis fotos entenderéis mejor esto del punto de vista) pero nunca único. Ah. No hay fotos de gente que no soy yo a la que pueda reconocerse porque no me gusta nada hacer eso.
Hoy... @NYC
Hold up
Las mujeres que hablan son tachadas de locas. De histéricas. Paranoicas. Enfermas mentales. Por hombres que dicen quererlas, respetarlas. Que les prometieron cuidar de ellas. Hacerse cargo. Beyonce lo sabía cuando escribió Hold up. Lo sabía todo. Los cuernos. Probablemente sabía también el por qué de los cuernos. Tu amor incondicional por un hombre no es suficiente si eres mejor que él. Y ella es más lista, más talentosa, gana más dinero, es más guapa, más sexy, más joven, más famosa que ninguno. Beyonce lo sabía todo cuando la escribió, la cantó. Cada vez que la canta. Sabía que su enormidad como artista viene de su valentía. También para desnudarse. La loca cornuda, muerta de celos, criando a una niña y jugando a lo sexy. Porque pobres maridos que ya no les haces tanto caso. Y su ego. Claro que lo sabía. Saberlo te salva siempre. Saber que le vas a perdonar todavía 33 veces más. Pero solo 33. Ponerte a escribir con él para salvarle, cuidarle. Porque le quieres. Mientras el se excusa. Pobre. Ponerte a escribir y que te salga el disco perfecto de la entraña. Abrirte. Él no puede escribir ni una palabra porque su cobardía le impide enfrentarse a lo que en el fondo sabe. Eso te mata. Y ella lo sabía. Y se lo explicó a él. Si la vida te da limones haces la mejor limonada del universo. Le sacas el jugo. Lo conviertes en algo ácido pero dulce. Fresco que quema en la garganta. Rompes a gritar. Lo saturas todo. Y él te mira hacer. Creyendo que no tendrás el valor de publicar ese disco perfecto que te expone. La cornuda valiente. Tomadlo. Beberos las canciones de un trago. Y luego sentarte con tu marido infiel y cobarde. Perdonarle una vez más. Quedan 32. Curarle una vez más las heridas que aciertas a ver. Escribir un disco terapia juntos. Cuando tú ya estás curada. Ya sabes que quieres a ese cabrón lo suficiente como para intentar reconstruir las ruinas. Y cuando le perdones 32 veces más estarás lista para seguir con tu vida, tu talento, tus hijos, tus amigos, tu red, tu conciencia tranquila y tu música porque después de aquel Hold up te levantaste, te miraste en el espejo, te dijiste a ti misma mejor loca que celosa y llamaste a Jack White y cantaste con todo tu culo gordo “quién coño te crees que eres, no estás casado con un niñato. No me quieres lo suficiente. Y esta es la última advertencia. O lo arreglas o vas a perderme porque yo no te necesito” Yo te quiero. Todavía te quiero. Y cuando cantas eso y lo cantas así. Lo gritas así. Sabes que para ti lo peor ha pasado.
Y por eso me gusta tanto Hold up. Supongo.
This wild willing. O de cómo Glen lo ha vuelto a hacer.
Hace menos de año y medio que Hansard sacó su anterior disco. Un disco con canciones tan irritantes como bonitas algunas veces. Un disco que enseñaba su inmenos talento como músico y puede que su peor cara como hombre. Un disco expuesto y en carne viva del que ya hablé como hablo siempre de las cosas que me interesan o me importan. Con exceso. Digamos. Hace menos de un año y medio y ya está aquí "This wild willing" que hace honor a su nombre y hace honor a una de las pocas claves que creo que existen en el arte: no conformarse, arriesgarse, probar, experimentar. Buscar ,sobre todas las cosas, por enicma de todo, comunicar algo a alguien. Lo que sea a quien sea. Llegados a un punto. A veces eso significa pensarse uno mismo. Luego contar ese proceso. La rabia. La ira. Como en el anterior. Otras veces preguntarte si puedes cantar diferente para llegar a un sitio distinto sin dejar de ser tú. Si puede de pronto el piano ser fundamental. Si puedes buscar la gravedad, la espesura, la oscuridad de las hormonas y el deseo y el miedo a lo que no controlas. Dejarte ir. Dejarte ser. Glen ha empezado este disco dándome la razón, que es una cosa que suele gustarme. Dije, cuando escuché el anterior, que no había entendido todavía pero había escuchado e iba a ser capaz de procesarlo. Un año después, rico de vida, borracho de vida, con la cabeza salvaje y agitada ha sacado de su chistera de criatura mágica y pelirroja un disco que es la delicia absoluta. La razón por la que el arte tiene sentido. Escupir, acariciar, desgarrarse, abrirse en canal. Contarlo todo, no dejarse nada. No necesitar fingir, la careta, los lugares comunes, los personajes. De pronto Glen parece más joven. A sus 49 otra plenitud distinta de aquellas canciones junto a Marketa. Una plenitud de alguien que hace lo que quiere, vive como quiere, se desnuda en las canciones, juega en las canciones, se divierte grabando discos. Disfruta de su talento. Disfruta de lo que vive, lo que aprende, lo que se equivoca, lo que intenta, lo que acaricia, lo que muerde, lo que digiere. Disfruta de sobrevivir. De asumir que a veces toca sufrir pero otras veces está todo en nuestras manos. Hay tantos instrumentos distintos en las canciones de este This wild wiling, tantas texturas, tanta música y un solo hombre cantando suave hasta cuando grita. Suave y grave. Hay tanta música y tanta pausa, que hipnotiza. Escribo esto a medida que escucho un disco que sigue dándome la razón en la locura. Hay que seguir rompiendo el corazón hasta que se abra. Como una flor. Hay que experimentar con sonidos orientales, sonidos celtas. Con el silencio. Con la emoción más pura. Hay que poner el talento y el trabajo al servicio de la belleza. Y el corazón se rompe y se abre como una flor. Y una lágrima perdida. Solo una. De sorpresa. De belleza. Cristaliza en mi ojo izquierdo. Rueda lenta hasta secarse en mi piel, sin llegar a caer. Y un poco después empieza Long ride to the bottom que es una canción política, peliculera, oscura, íntima. Muy política y muy ínitima. Una francesa de su brazo. El perdón. Los conservadores. Repetir según que historias. Una francesa de su brazo que yo imagino con el pelo a lo garçon y los labios rojos. Porque a veces los tópicos son la resistencia. Una puerta se cierra. Lo personal es político y Glen, a estas alturas de su vida, ya lo sabe de sobra. El folclore es cultura. La mezcla enriquece. Los músicos iraníes. El estilo es la capacidad para ser uno mismo en cualquier contexto. Digamos. Uno mismo como músico y como ser humano. También en las canciones pequeñitas que se escriben cuando uno está en paz, y entra sol por alguna ventana en medio de todo el caos y todo el ruido. Y hay gente cuidando de gente, esperando a gente. Y entonces Glen me da definitivamente la razón. Pero la canción no se llama Lucky Woman. Se llama Mary. Y sí, es de un hombre que por fin parece haber entendido algunas cosas, haber asumido algunos errores, estar intentando no repetirlos. Y es bonita. Y tradicional en lo sonoro. Y hasta eso resulta exacto y nada casual. Son 12 canciones gloriosas, generosas, ricas, llenas de detalles, de guiños, de experimentos. Doce canciones muy distintas que me han hecho volver a tener fe en el concepto "álbum". Son 12 canciones que cuentan muchas historias unidas por un montón de hilos conductores que se trenzan y se cruzan entre sí. Narradas por la voz suave de Hansard que parece haber hecho aparentemente rápido un disco que ha necesitado vivir 48 años. Para tener las herramientas, las ideas, el tiempo, la reflexión, la madurez, el conocimiento sin perder la ilusión, la curiosidad, la frescura y la energía. Estoy enamorada a primera escucha de esta cosa salvaje que Glen se ha sacado de dentro y nos ha metido dentro a nosotros para siempre. Es un disco hechizo. Un cuento de duendes formado por 12 cuentos más. Un trino. Hay hombres capaces de convertir las crisis en procesos, de pasar por ellos creando. De atreverse a enseñarnos las vísceras, rotas, abiertas, palpitantes, rojas, vivas, asustadas, esperanzadas y conseguir que suenen delicadas y bonitas. Al final es solo eso. Doce canciones que suenan bonitas. Que te acarician por dentro. Canciones para enamorarse de la música una vez más y olvidarse de toda la parafernalia y el trampantojo. Doce canciones que forman un disco que termina dejando una luz encendida capaz de iluminarlo todo mientras se hace el silencio.

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El interés, las comedias griegas y las pseudoestrategias de redes
interés
Del lat. interesse 'importar'.
1. m. Provecho, utilidad, ganancia.
2. m. Valor de algo.
3. m. Lucro producido por el capital.
4. m. Inclinación del ánimo hacia un objeto, una persona, una narración, etc.
5. m. pl. bienes.
6. m. pl. Conveniencia o beneficio en el orden moral o material.
Para interesarme algo ese algo tiene que importarme. Y otra vez es una cuestión de vínculo. Todo, siempre, es, en el fondo, una cuestión de vínculos. Los vínculos son lo contrario que la energía: se crean y se destruyen.
En un mundo donde tenemos la sensación de tener opciones de sobra, las personas humanas que conformamos la masa de público objetivo en lo que sea que tú ofreces, sabemos que tenemos recursos limitadísimos, pero sobre todo sentimos que
no tenemos espacio en la cabeza ni ganas ni energía ni tiempo para prestarle atención a todos los estímulos que diariamente nos rodean y nos impactan.
¿Cómo conseguir generar en el otro el interés?
Los guruses del social media y el marketing y etc se han puesto a pensar y han llegado a la conclusión de que tampoco hacía falta reinventar la rueda esta vez.
Cuenta historias
Cuéntame una historia que me importe, no una que te importe a ti. Una que me haga sentir feliz, emocionada, parte de algo, especial. A mi.
Ya sé que en el fondo solo quieres que te compre tu moto o tu crecepelos. Lo sé de sobra.
Pero hazme sentir algo diferente, algo potente, por el camino.
Hazme sentir que el dinero y el tiempo que gasto en ti son en realidad una inversión.
Y para eso empecemos por lo sencillo.
¿Tienes algo que contar?
O más bien te han dicho que tienes que contar cosas porque hay que ESTAR EN REDES (sic) y estás buscando cómo rellenar el espacio.
Hacer contenidos en redes es muy moderno y tiene setenta nombres en inglés que incluyen el término “strategy” pero se traduce en algo muy parecido a escribir una comedia griega.
Una historia que contar. Planteamiento, nudo, desenlace.
Tenlo claro. Qué me quieres contar, por qué, para qué, cuándo, en qué fases.
Mide tus fuerzas. No puedes pasarte 10 años cebando el lanzamiento de un sabor de chicle. No hay humano que resista publicaciones y publicaciones anunciando que llega un nuevo gusto y que "stay tunned" porque el interés y la emoción y la curiosidad que me provoca el tema son muy limitados de base. Por muy bien que estés conectando con mis emociones, que ya me sorprendería si no te ha dado la cabeza para entender que tu puto chicle no puede ser el centro de la vida de la gente durante 10 años ininterrumpidos.
Si ni siquiera somos capaces de estar atentos al "stay tunned" de las dichosas keynotes de apple. Ya nos hemos aburrido casitodos, nos enteramos de refilón y leyendo en diagonal y hemos dejado de hacer clic en cada artículo tipo "la última patente de apple podría revolucionar el universo" porque ya sabemos que cuando el universo se revolucione con una patente móvil o con lo que sea, nos enteraremos, y porque en el fondo nos da igual después de leer tantas patentes que nunca vimos materializadas en nada.
Nada significa nada. Y no hay humano capaz de mantener la atención around la nada. Una historia que no avanza no es una historia. Y avanzar no es superponer cosas ordenadas cronológicamente. "Repasamos los mejores momentos del cajero del super de tu barrio" puede tener como mucho dos contenidos hilarantes o interesantes o que me apetezca consumir y/o compartir. Pero no es una historia en sí misma si no le das algo más (no sé, planteamiento, nudo, desenlace, contexto, lenguaje común, vículo. ALGO) ni se puede estirar como el sabor del chicle de antes.
Tell me cuando cuando cuando. Tu experto en redes te ha dicho que es importante comunicar la fecha en la que lanzas tu nuevo libro. Y tiene razón. Genera un horizonte, un desenlace, no sé si me sigues. Pero si te ha dicho que hay que ponerse en modo gota malaya con la fecha y publicar loquesea pero que ponga la fecha todo el rato te está tangando. Con esa brillante estrategia has conseguido de pronto cargarte cualquier forma de historia, que parezca que el libro va de nada, que no hay nada que contar sobre tu trabajo y que lo único interesante es una fecha que de pronto ha dejado de tener sentido para el público porque vale, muy bien, el 15 de abril sale tu nuevo libro. Marvelous. Pero es que no me has contado nada que me haga desear tenerlo desde el minuto uno. Criatura. Y el 15 de abril me coincide con cosillas de mi vida. Por más que te sorprenda.
El misterio no dura más que la cerveza ni que la certeza ni nada. El misterio, llámale misterio, llámale hacerse el interesante cuando no se tiene nada que contar, dura muy poquito. Si dices en Enero "este año vamos a sacar singles y a gira sin parar" y en abril hay cero singles y tres fechas comprenderás que hayamos dejado de confiar en la veracidad de tus mensajes, de tus historias. Y el dichoso misterio y las ganas de escuchar todos esos singles en spotify y en salas de conciertos ha pasado a ser "bueno, mira, ya me enteraré, yo voy a silenciar notificaciones que si no me cabreo y tampoco es plan, no sea que de verdad salga algún single y ya no me apetezca ni escucharlo y luego resulte que es bonito y todo"
No me aburras. Por favor. Déjate de grandilocuencias, de ponerte por enicma, hacerte el listo, el culto, el pedante, el intenso, el sabio, de usar palabras rebuscadas, de lo cursi, lo falso, lo mal posado. Lo vacío, lo que no tiene nada detrás. Otra vez. No sé si se va captando. Cuéntame algo. Cuéntamelo para que entienda el mensaje. Para que conecte con él. No para que piense "qué señor tan listo".Porque lo que pienso más bien es “qué pelma”.
No nos marees. Si me dices que mañana subes el video probando la nueva barra de labios de Rihanna en el tono Love on the brain, no puede ser que mañana subas un vídeo explicando que no puedes subir el vídeo porque tienes mucho lío. Yo también tengo mucho lío, espera que te lo cuento con todo detalle en un comentario de yutuf que no te vas a leer porque no te interesa mi vida. Oh wait. El vínculo.
Resumiendo: Los contenidos de redes se parecen mucho a escribir una comedia griega. Algo que contar. Planteamiento, nudo desenlace.
Una forma de contarlo que conecte con tu audiencia.
Ya sean unos señores en un anfiteatro griego o gente leyendo su feed de Instagram antes de acostarse.
Lisístrata se representó por primera vez en el 411 a.C. en una Atenas destruida por las guerras. Dio a los atenienses un remanso de paz y risas. ¿Os imagináis que las guerras se terminan porque la gente (léase los hombres) deja de pensar en el poder y se sienta a hablar?
¿Os imagináis que las mujeres, que no pintan nada, son las que resuelven esto al final porque somos así de inútiles?.
Lisístrata fue un éxito en la Atenas de entonces, en pleno siglo de Pericles porque sus habitantes estaban hartos de las guerras, que son siempre luchas entre poderosos que usan peones para lo sucio y lo peligroso.
Lisístrata fue un éxito en la Atenas de entonces porque era una forma de ridiculizar a las autoridades: hasta las mujeres que no son ni ciudadanas, podrían resolver esto de la forma más tonta.
Había algo que contar y una forma que conectaba con la gente.
Lisístrata sigue representándose hoy en día porque la base del asunto ha cambiado muy poco.
Francamente. No me imagino a Aristófanes pensando "ay, voy a pasar a la historia con esta comedia, voy a hacerme el misterioso, voy a hacerme el culto, voy a hacerme el gracioso, voy a hacerme el interesante". Me le imagino más bien pensando: Cómo podría yo hacer reír a estos hombres que van a ver los espectáculos teatrales entre batalla y batalla de las guerras infinitas? De qué se ríen? Cómo? Qué quiero contarles yo mientras les hago reir? Cómo? Para qué? . Y no sé. Leí Lisístrata con 16 años y me reí también. Sin ser un señor griego del siglo V a.C. ni nada. Mira tú qué cosas.
Igual porque había una historia que contar, una forma de contarla y como mínimo dos objetivos: conectar con la audiencia y expresar alguna que otra idea usando la historia como vehículo.
South London - Madrid forever
Me duele la garganta como si me la acabasen de lijar. Llevo 2 dias con miedo a la fiebre. Resistiendo por adrenalina y anticipación. Llegamos casi cuando sale la banda. Ir con un músico de los que estudió en Berckley y toca de la hostia, que nunca ha escuchado a Florence en directo y que es más quisquilloso que tú da un poco de miedo. Hablar del batería antes. Que al salir te diga que ha flipado con la banda. Con la percusión. Que en el fondo eso te dé igual porque tú hay cosas que hace mucho has aprendido a notar en el cuerpo. A notar donde no te engaña nada ni nadie.
Esa conexión que te atraviesa y que funciona casi siempre. Los agujeros por los que se cuela la luz. Toda esa luz que se cuela por los agujeros. El rimmel por toda la cara. Llorar ya desde la presentación de South London. Hay algo en lo barroco y lo aparentemente afectado de Florence que termina siendo muy sencillo. No conozco de nada a esa diosa pelirroja pero desde el Lungs escucho sus canciones en el pecho, en la piel, en las vísceras. Pienso durante el concierto en Drexler y su bailar en la cueva. Pienso en la cueva cuando me encuentro bailando conectada a la tierra. Con el peso repartido en la superficie entera de la planta de mis dos pies, agarrandome a lo que soy, lo que está debajo del asfalto. A lo rojizo de la arcilla. Me encuentro bailando así y con el pecho abierto mirando al cielo, siendo una estrella con mis brazos extendidos, los dedos tirantes. Flotando anclada. Volando. Cosmic love. Mirando al techo cuando empieza la lluvia de papel de seda, papel metalizado. La boca abierta. Los poros abiertos. Los ojos cerrados. La magia. Abrazarme a Maria que se gira por sorpresa.
Respirar. Los móviles guardados. Los móviles construyendo un universo de estrellas bajo techo. Salir a la luna.
Pensar que a Florence hay que escucharla una noche de verano. Al raso. Dejando agitar un tejido vaporoso. Descalza con los pies hundidos en el manto húmedo que permite que crezca la hierba.
Pensar también que sin algo de toda su verdad, su entrega, su potencia. Sin algo parecido a eso, la música no es música. Es un concurso de popularidad. Un ejercicio de estilo vacío. Una forma de ganarse la vida. Un trabajo que no requiere casi esfuerzo muy lejos del arte. De la magia. Un juego de cobardes disfrazados. Florence ya ni se cambia de ropa. Si pudiese saldría desnuda a escena. Enseñando también esa piel transparente como su vestido. Teatral y sincera. 8 meses esperando esta noche. Toda la vida recordando esta noche. Dolor de garganta y gritos de felicidad incluidos. Florence es una diosa a la que rezaría cada día.
Drexler y la luz
Qué listo es Drexler. Qué listo y qué exquisito y cuánto riesgo consciente de hombre seguro de lo que se trae entre manos. Qué don para complicar lo sencillo y para hacer simple y limpia la espesura.
Qué listo y cómo sabe qué luces le favorecen, qué sonidos de guitarra le favorecen, cuánta electrónica puede ponerle al silencio para darles textura a las canciones y traerlas al futuro. Dejarse influir hasta por Rosalía. Ese corazón de cristal que tiene 20 años y parece que lo estamos estrenando cuando él lo revisita pensando en una chica muy joven que usa el flamenco .
Esa versión de la canción que dio inicio a la bosa. Que Vinicius y Jobim tocaban así para no despertar a los vecinos pero consiguió despertarnos a todos. Estremecernos a todos los que nos encontramos con ellos incluso cuando no sabíamos qué decía la letra.
Qué listo es Drexler y qué capacidad para hacer un concierto totalmente distinto cada vez pero siempre con su sello inconfundible. Entendiendo que un show es un show y tiene que ver con lo escenográfico, la sorpesa, la emoción, la improvisación, lo medido desmedido. Dejar que el alrededor te afecte. Dejar entrar a los otros en ti, para poder entrar con tu música en ellos. Lo permeable. La sonrisa. La luz. Siempre la luz. Equivocarse solo una vez. Cuando pregunta por científicos obviando que hay mujeres haciendo ciencia e incluso hay mujeres de letras capaces de explicar el fenómeno con la física que aprendieron en el instituto. Porque no es tan complejo. Pero siempre hay un señor que lo entiende regular dispuesto a usar el espacio.
Su hija, que tiene unos 8 años, ya ha interiorizado esa experiencia. La ha normalizado. Quizá tarde 20 años en reapropiarse de esos momentos. Por ejemplo escribiendo sobre ellos en medio de la narración de un concierto que podría haber sido perfecto sin eso, sin Disneylandia, sin el recuerdo de Sabina. Todo eso que pasa junto en 10 minutos interrumpiendo la sonrisa anchísima de la fila 11 que se queja de lo imperfecto pero sigue sin saber qué es la perfección, sin necesitarla para nada, porque lo importante es que podemos volar a Salvador de Bahía, estar ahí, oliendo la hoja de banano asada, con los pies descalzos sobre un terrazo blanco, con las sandalias planas bajo la silla y unas pulseras baratas, moradas, clinclineando.
Seguimos sin necesitar la perfección cuando la noche de asilo lo arregla todo. Y nos recuerda que han pasado 23 años desde que tocaba de telonero de La Union patrocinado por una radio fórmula. Mucho antes de que su vida se pusiese patas arriba cuando alguien le dobló la apuesta y le enseñó que a veces la única manera es correr todos los riesgos. Ponerse detrás del velo semitransparente. Exponerte a la luz directa, al contraluz, a lo escenográfico. Desnudarte sin miedo. Entregarte a las certezas. Dejar de correr en dirección contraria a la felicidad y empezar a bailar. Resfriarte cada vez que tocas en Madrid y sonar mejor cuanto más calma. Tocar tus profecías autocumplidas. Rejuvenecido. Lleno de vida. Más sabio y menos hastiado. Más juguetón.
Hay gente que dejó de aprender hace demasiado. Que se ha aburrido de sí misma repitiendo sus canciones viejas invariables. En alcanfor. Escribiendo canciones nuevas que nacen ya alcanforadas. Está esa gente a la que he dejado de ir a ver tocar. Y está Drexler. La luz. La música. La magia de arriesgarte siempre. Sin grandes declaraciones de intenciones. Sonando magistral. Cada vez. Siempre.
2018 en libros
Este año he terminado 39 librillos, tengo ahora mismo 4 empezados (alguno casi acabado así que espero llegar a los 40 de aquí a las uvas) y eso implica haber leído una media de 28 páginas al día aprox. Un tercio de esas páginas las he leído en ebook este año. Un porcentaje bastante alto porque, recordemos, estuve 6 semanas escayolada.
Lo mejor, con diferencia, que he leído este 2018 ha sido Rita Indiana. La mucama de Ominculé saltó a mi mano desde la mesa de Mujeres&Cia como saltan a mi mano demasiadas veces libros importantes. Digamos que la culpa la tuvo una portada con un azulejo portugués. Digamos que fue eso, o fue la magia o el destino. El caso es que Rita Indiana va a ser la figura de la literatura caribeña de nuestra época. Por no decir que lo es ya. Por no decir de la literatura de América Latina. También hace, digamos reguetón, música tropical y electrónica con ritmo machacón y vídeos delirantes. Ese género musical para incultos que no se enteran de nada. Los expertos en canon cultural sabrán. Indiana, mientras los expertos giran en torno a sus prejuicios, escribe con una voz, un estilo, una facilidad inconfundibles. Ella te mete desde la página uno en sus universos imposibles donde no se respeta ninguna convención. Se enorgullece del folclore dominicano y le saca todo el partido posible. Es puro caribe. Si solo os pudiese recomendar un autor para el año que viene os recomendaría sin duda a Indiana. Ni clásicos ni nada. Rita Indiana. El futuro deslumbrante Después tenemos a Berlin, pero es una vieja amiga, tengo el libro a medias y no voy a insistir más en lo vergonzoso que me parece que se haya silenciado su talento literario mientras nos han metido por las orejas a coetaneos suyos que no le llegan a la suela del zapato. Otro de los hallazgos del año fue "Pequeños fuegos por todas partes" de Celeste Ng. Sé que me pongo pesadísima, pero desde que salí del canon de los cojones no hago más que encontrarme joyas contemporáneas, y cuando leía canon me pasaba todo el rato tirando de autores clásicos para sentir esa emoción, esa felicidad de encontrar a alguien que es capaz de crearte un universo que atraviesa el tuyo, que desborda el tuyo, que contiene el tuyo, que imagina y reinventa el tuyo. La razón por la que leo, la única, es esa sensación de vivir en varios mundos cada día. Conocer a gente, personajes (que no existen, ya, pero nos reflejan a todos y cada uno de nosotros, de nosotras, de formas diversas) y la novela de Ng fue eso también. No puedo olvidar "Mejor la ausencia". Edurne Portela nos ha hecho el inmenso favor de escribir el "anti-patria". Una novela con la duración justa que es capaz de explicar con crudeza la violencia del conflicto vasco. Cómo la violencia no es nunca solo una estrategia política. Cómo lo impregna todo. Cómo vivieron niñas, mujeres que te crees, toda esa situación de violencia. Cómo fue cambiando el País Vasco y cómo afectó todo aquello a la gente que vivía ahí. En lo íntimo. En lo fundamental. Y al ser el antipatria se ahorra todos los vergonzosos errores técnicos de esa novela tan injustamente premiada que no pasa de best seller entretenidillo para esperas aeroportuarias. Pero con muchas ínfulas. Eso sí. Ínfulas todas las del mundo. "Mejor la ausencia" es el anti patria también en esto. El reto de lectura de 2018 podría considerarse un estrepitoso fracaso. Me he reído a carcajadas mucho menos de lo que me gustaría. Y voy a dejar ese radar encendido, porque me niego a creer que esto sea tan tan difícil. Me he reído leyendo 7 de los 36 libros que he terminado. Dos de ellos son de Petra Delicado (esa detective que se inventó Jimenez Bartlett) "Ritos de muerte"y "Día de perros" son dos novelas detectivescas con las que me he reído más de una vez a carcajadas en el metro. Contra todo pronóstico. El resto de las autoras que me han hecho reír con más ganas son anglosajonas. Muriel Spark es la típica mujer, diría, que probablemente se pasó buena parte de su vida cruzándose con hombres que no eran conscientes de que ella hablaba en broma, usaba el sarcasmo o directamente les tomaba el pelo y he establecido un vínculo muy cómplice con ella en dos de sus novelas por esa percepción de estarle tomando el pelo a señores que se creían más listos que ella. Barbara Pym tiene en común con Spark el sarcasmo, y sin embargo disfrutaba mucho dejando clara su agudeza en sus obras. Mujeres excelentes es una joya en muchos sentidos. Se publicó originalmente en 1952 pero no creo que haya ninguna feminista en la España de 2018 que no se sienta identificadísima TODO el rato con esa protagonista tan británica, todo el día de la parroquia a casa y de casa a la parroquia pero teniendo las mismas movidas, los mismos problemas, y en el fondo las mismas situaciones en las que tienes ganas de matar a gente pero optas por tomarte a ti misma menos en serio y ver lo cómico del asunto. Algo parecido pasa con Sue Kaufman. Su ama de casa y esposa de los 50 que no consigue ser perfecta.Porque, como todas sabemos, tratar de parecerte a cualquier modelo de mujer socialmente aceptado te acerca más al ingreso en un manicomio que a cualquier otra cosa. El ama de casa de Kaufman es cómica porque es plenamente consciente de lo que le ocurre, de lo que siente y de que el problema no tiene solución. Es cómica porque intenta fingir que no se da cuenta, intenta fingir que se traga esa mierda que nos venden. Pero no funciona. Y ahí, en ese conflico contado como Kaufman lo cuenta, esta lo cómico. Lo penoso y lo cómico. Los límites del humor. Yatusabeh.
Contra todo pronóstico no he encontrado lo que buscaba de la Mittford que hacía reir a uno de los hombres que más me han hecho reir a mi (y no me refiero solo a la literatura, hablo en general) Evelyn Waugh me cae fatal pero no puedo evitar tirarme de la risa cuando le leo. Sus novelas, sin embargo, han envejecido mucho peor que todas las de estas mujeres que me han hecho reir en 2018. Quizá porque se centran en lo geopolítico y la "descolonización" británica ha quedado tan anticuada como, no sé, el mesozoico. Total, que espero leer A la caza del amor. A ver si me tiro un poco de risa también en 2019. En poesía Verónica Aranda irá siempre unida a algunas de las noches más bonitas e inesperadas de este año. Al reflejo de la luz amarilla en el verdejo frío, a lo marítimo en el centro de Madrí. Al aire acondicionado ronroneando en el salón. Y no me olvido de Mel Duarte. Paulistana. Negra. Millenial. Viene del slam poetry y es la hostia. Aunque no me guste la traducción y el canon diga que los millenial solo comen aguacate, y que el slam poetry es una tontuna. Sin embargo ese mismo canon se atreve a considerar poemas verdaderas basuras escritas por turistas capilares y alrededores. En fin. Y claro, tampoco puedo olvidar a Pilar Adón y su "Las órdenes" donde cuenta, en poemas a los que los adjetivos les quedan cortos, cosas tan duras como el proceso de ver enfermar y resistir y morir a un padre, como las complejidades de las relaciones entre madre e hija, las infinitas obligaciones de los cuidados para las mujeres. A Adón la trajo Miren a la jam de poesía de la librería y fue una bofetada detrás de otra. En el mejor de los sentidos posibles. Igual que "Mejor la ausencia", ganó este año el premio del gremio de libreros de Madrid. Y lo ganó por algo. Porque es una joya y porque en el gremio hay mujeres libreras partiéndose la cara todos los días de todos los años para que los libreros al menos lean a mujeres. Al menos sepan que existen. El hombre cuota vuelve a ser Peixoto. Porque lo adoro como escritor y como ser humano que mira el mundo, pero también porque no deja de hacerme mucha gracia hacer con el hombre cuota como tradicionalmente se hace con las mujeres cuota. Una entre todos. La única que se salva. La que es casi casi como ellos. Y Peixoto tiene a veces algo "femenino" escribiendo y otras veces tiene esa capacidad de hacer autocrítica sobre qué implica ser hombre en el mundo hoy. La violencia. El engaño. La torpeza para el afecto. El miedo mal gestionado. El hombre cuota sigue gustándome tanto que no necesito leer a los señores que me recomienda Babelia con argumentos que encuentro francamente débiles. Seguro que me pierdo alguna joya, alguna aguja en el pajar de la industria de vender libros como churros. Pero no tengo tiempo para el desbroce, qué queréis que os diga, y ya he perdido más de 30 años leyendo a señores por encima de sus posibilidades. En no ficción el año es de Virgie Tovar y su "Tienes derecho a permanecer gorda" junto con Roxanne Gay y su "Hambre" dos caras de la misma moneda: nuestros cuerpos como campos de batalla. La gordura desde el dolor, el daño, el intento de protegerte de la violencia de los hombres. Por otro lado la gordura vivida desde el hedonismo. Estar gorda. Ser gorda. Esa diferencia. Dos mujeres no blancas. No normativas. Brillantes. Que nos han hecho pensar a muchas sobre el cuerpo, que es de esas cosas centrales en el feminismo y totalmente ridículas fuera de él. Fuera del feminismo el cuerpo de las mujeres es algo que los hombres poseen. Hasta ahí la conversación. En el feminismo el cuerpo es el inicio y el fin. Aborto. Cuerpo. Vientres de alquiler. Cuerpo. Violaciones. Cuerpo. Transexualidad. Cuerpo. Género. Cuerpo. Violencia. Cuerpo. Deseo. Cuerpo. Prostitución. Cuerpo Etc. Todo empieza o acaba en el cuerpo. De una forma u otra. Pensar en el cuerpo es necesario. Pensar desde el cuerpo también. A 2019 le pido que mis hermanas, mis amigas, mis libreras, mis autoras, mis cómplices en los juegos de libros y tuiter y mi hombre cuota me sigan dando tanta felicidad lectora, tanto combustible para enriquecer mi vida, mi cabeza, mi tiempo, mis veranos, mis vacaciones, mis fiestas de guardar, el segundo café de cada domingo. Todo. Vamos. Gracias un año más por estar ahí leyendo y dándome de leer.
Los hombres nos explican cosas.
A todas. A algunos les dices "eh, me estás explicando cosas que sé" y se dan cuenta y tratan de dejar de hacerlo aunque no estén del todo seguros de qué tiene en realidad de malo, porque no lo hacen con mala intención y somos muy exageradas y etc.
A otros les parece horrible y vuelven a convertir su conversación contigo en una pelea donde lo importante es tener razón, dejarte en ridículo o tener la última palabra. Si es necesario emplear la violencia verbal o física pues adelante con los tanques. Faltaría más. Lo importante es que no parezca que UNA TÍA sabe más que tú de algo o que no necesita tus opiniones de mierda para seguir adelante con su vida.
De estos últimos he escrito ya varias veces desde distintos puntos de vista. Hoy me apetece abordar dos que se dan mucho con desconocidos o casi desconocidos:
• Cuando parten de la base de que lo que has dicho no es lo que querías decir. Porque... bueno. Porque eres una tía. Y las tías no sabemos lo que decimos en general. Así que igual cuando decimos que algo no es sano lo estamos confundiendo con lo cómodo, cuando decimos poliamor lo estamos confundiendo con relaciones no monógamas y cuando decimos que un plato es un plato no estamos haciendo una broma sobre Rajoy. Porque las tías, aparte de no saber lo que decimos, os lo aclaro por si no os ha llegado la circular, no tenemos sentido del humor.
• Cuando dejan claro que no saben cómo funciona el consentimiento. O sea, cuando parten de la base de que quien decide cuándo empieza y cuándo termina CUALQUIER TIPO DE INTERACCIÓN CON UNA MUJER es un hombre. Y mientras ellos quieran tú te aguantas y cuando ellos no quieran tú te aguantas también. Porque tú has venido al mundo a servirles a ellos, a escucharles a ellos, a aguantarlos a ellos. Les conozcas de algo o no.
Esto sirve para los que te dicen burradas por la calle, los que te mandan fotos de sus pollas por mensaje privado de Instagram, los que se meten en una conversación tuya y la convierten en una TEDtalk Cuñada, los que empiezan a salir contigo y un día te dejan de llamar y cuando les preguntas si están vivos te tachan de histérica pesada o los que no aceptan que les has dejado aunque hayas quedado ya siete veces para explicarles tus motivos así que te fríen a mensajes de guasap y llamadas a horas intempestivas para recordarte cuán importante eres en su vida.
A mi me parece complicado que un señor incapaz de asumir el derecho de una mujer a no querer seguir hablando vaya a ser capaz de entender que esa misma mujer quiera parar cualquier práctica sexual en cualquier momento. Algunas veces esta señal de alarma me ha servido para salir corriendo y ahorrarme una violación de esas que casi ninguna mujer denuncia porque todas sabemos que, en plena Europa, a punto de acabar 2018, no se consideran violaciones porque tú en 1998 dijiste que te ponía muchísimo cómo besaba y lo subiste a tu casa y eso le da derecho a hacer contigo lo que le da la gana. Eso y que no dejas de ser una tía. Por enésima vez, a qué te crees tú que has venido al mundo, zorra?

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Los buenos chicos
Tú qué vas a saber. Tú no sabes una mierda nunca. No te enteras de nada pero crees que sí. Ahí, sentando cátedra. Educándonos a las histéricas de las tías. Pero no tienes ni idea. No te has enterado todavía de qué coño va esto. Cómo funciona. Porque no te cuadra nada. Por ejemplo con tu idea trasnochada del amor. Ese cuento que te contaron. A ti, tan de izquierdas, tan cínico, tan comprometido, tan de los buenos. Pensando desde la adolescencia que aparecería una mujer capaz de trabajar gratis para ti, sonriente mientras la ignorabas, le hacias luz de gas, te aprovechabas de ella que lo dejaba todo, absolutamente todo, suicida, al minuto de conocerte. Porque eso era romántico. Que todas dejasen su vida en pausa para ayudarte a ti a vivir la tuya, sin estorbarte. Tenían que aprender a estar eminentemente solas o esclavizadas contigo al lado, que salías y desaparecías porque lo necesitabas mientras ellas no necesitaban nunca nada, no pedían nunca nada y cuando se atrevían a quejarse eran unas histéricas. Pesadas. Hasta que un día se rendían y se marchaban. Y entonces tú podías deprimirte, tan buen chico, tan de izquierdas, tan progre, y dejar que tus amigos las llamasen putas a todas mientras tú te conformabas con el papel de trovador sin talento en los tiempos del amor cortés moderno. Cuánto sufrías. Las damas te abandonaban siempre. Pobre. Fingías fenomenal que no llevabas meses buscándoles los límites a ver si te dejaban en paz. Engañándolas con otras mujeres aleatorias a las que también engañabas, quejándote de los celos, de las paranoias, haciendo del silencio espeso un arma mortífera. Asfixiante. Química contra la química. Cobardía y crueldad. Eso es el amor en tu mundo de buen chico progre y de pronto las ellas, muchas ellas, no eran nada de eso. No dejaba nada por ti, no quería trabajar gratis para ti. Quería quererte como a un igual. Y tú no entendías nada. Supongamos, te decían a veces, con sus ojos muy fijos en tus ojos, supongamos por un momento que somos solo amigos. ¿Qué tendría eso de malo? Todo. Las mujeres heteros y los hombres heteros no pueden ser amigos. Eso dice la teoría del buen chico progre entre risotadas en los vestuarios después de los partidillos de fútbol aficionado con los colegas. Justo antes de las cañas. Risotadas. Todas putas, fotos de tías, vídeos de tías, carne al peso, en los grupos de guasap. Bromitas con la manada. Los buenos chicos progres y sus chistes misóginos. El humor. Algunos de esos del equipo de fútbol se buscaban una novia como dios manda, se compraban un piso, tenían un hijo que ignorar y luego otro. La parejita y nos plantamos. Hablaban de su mujer como si fuese un ser mandón, eternamente cabreado, inútil, dominante, desagradable y pesado. Como si casarse hubiese sido el negociazo del siglo para ellas y la ruina para ellos. Esos ellos que jugaban al fútbol o veían fútbol y se emborrachaban ignorando que la mujer desagradable y mandona llevaba toda la mañana sola con dos niños, igual que la mañana anterior y la anterior y todas las mañanas de los últimos 2 años. Trabajando gratis para el mismo marido que la estaba insultando con todos sus colegas. Los buenos chicos ya se sabe. El humor. Si no te vas a poder echar unas risas con los colegas, qué te queda ya. Estaba también el colega pagafantas, ese que se fingía encantador con todas las tías solo para follar con ellas. Follárselas. Que no es ni parecido a follar con ellas. Follárselas mientras se imaginaba uno de los asquerosos vídeos de Torbe. Su referente. Porque, igual que Torbe, era físicamente repulsivo, no era listo, ni divertido ni tenía el más mínimo interés para ninguna mujer. No podía conseguir una esclava sonriente. Así que se fingía servicial, agradable. A ver si mojaba. Gratis, se entiende. Aunque luego nunca era tan gratis porque la inversión en cafés, cines, y cañas de invitación a cambio de hacer sentir a una mujer en deuda contigo tienen su coste. Y ellas, mientras, entrando gratis en las discotecas. Torbe, ese sí que sabe, que encima gana dinero. Nadie es perfecto. Objetivo en la vida: ser como Torbe mientras no te cansas de repetir que a ti las chicas te tratan mal porque eres demasiado bueno. Comparado con Torbe igual sí. Quién sabe. Y no podemos olvidar a ese otro pobre colega tuyo. Frustrado. Porque las mujeres reales no se comportan como en el porno que ve. Ese que hace Torbe. Así que, en lugar de tratarlas como a seres humanos, se ha comprado un arma para enseñarles a las tías lo zorras que son y dispararles por no querer follar con él. También los hay con miedo a las armas. Esos, más que disparar mujeres que no quieren dejarse follar, ha decidido invertir en un curso de "Seducción científica". Aprender a maltratar mujeres inseguras y hacerlas sentir tan mal que se dejen hacer como muñecas rotas. Relacionarse con la mitad de la humanidad como en un videojuego. Los buenos chicos. Pobrecillos. Que a las tías no hay quien nos entienda.
Conversar vs. concursar
Tengo un grupo de hermanas con las que de vez en cuando quedo para pensar y pensarnos. Esto no es ninguna novedad para nadie porque vivo a estas hermanas como uno de esos regalos gigantescos que a veces te hace la vida y ya he hablado de ellas muchas veces. Creo que la única cosa que tenemos realmente en común las miembras de ese grupo de hermanas es que ninguna tiene ninguna necesidad de tener razón ni quedar por encima ni parecer lista, ni la mejor. Se hable de lo que se hable. Y os garantizo que hablamos de todo con una claridad que a mi me reconcilia con la vida. El problema es que me he acostumbrado a eso. Dos años después he crecido tanto como mujer gracias a ellas que me cuesta horrores hablar con los hombres que se comunican a la manera digamos, clásica, con las mujeres. La cosa va más o menos así: 1. Una mujer plantea una idea (atención, spoiler, las mujeres pensamos, tenemos ideas y a veces hasta las verbalizamos en público. A pesar de todo) 2. Un hombre cualquiera, la conozca de algo o no, siente el impulso irreprimible de afirmar categóricamente cualquier cosa acerca de la idea de la mujer y dar por zanjada la conversación 3. Si la mujer está de humor trata de hacerle entender al señor de turno que la cosa no funciona así. Que esto no va de tener razón. De demostrar que nunca dudas o que sabes todo de todo. Que la gracia de una conversación, de una discusión, incluso, es la posibilidad, la libertad, de plantearse cosas por descabelladas que parezcan y ver a dónde conducen. Aunque a veces no conduzcan a ninguna parte. Porque en realidad sí. 4. El señor se empeña en tener razón y sentar cátedra y dar por concluida toda posibilidad de diálogo porque no sé si te ha quedado claro, chata, que él es el más listo y el que más razón tiene.
A veces me pregunto si no es asi justo como llegan los Trump del mundo a presidir gobiernos y hacer de nuestro mundo un lugar peor. Con media humanidad resolviendo cualquier duda, cualquier inseguridad, cualquier sensación de no saber, de estar perdido, de estar desubicado, triste o sin rumbo, dando una patada y un puñetazo a algo, decidiendo cualquier cosa sin pensar en pasado mañana y siguiendo como si nada. Esperando que a su alrededor haya gente capaz de encargarse de sus movidas no resueltas, echárselas gratis a la espalda.
El otro día un hombre que se cree muy inteligente me explicaba que decir "yo creo que dos y dos son cuatro" es llevar las matemáticas al ámbito de la fe. Me pareció tan absurdo, tan poco inteligente en realidad que me pregunté cómo se puede nadie comunicar con un ser que se enfrenta así al mundo. Los científicos decían, cuando yo era pequeña, que a partir de los 15 años se te empezaban a morir neuronas a cascoporro y ya no se recuperaban. Los científicos decían, cuando yo era pequeña, que el habla estaba solo en una zona y nosequé de los hemisferios derecho e izdo. Los científicos creían todo eso cuando yo era pequeña. Y se apoyaban en los conocimientos que tenían, las evidencias que tenían. Hoy saben que lo que creían entonces estaba equivocado. Porque tienen más conocimientos, más medios, más información. Y eso solo es posible si miras el mundo pensando que las cosas de las que estás totalmente seguro podrían ser totalmente erróneas. Y entonces alguien tiene un accidente y se le daña el área del habla del cerebro y resulta que 10 años después, ese alguien aprende a hablar de nuevo. Y lo meten en una maquinita a ver qué ha pasado. Descubren que lo que ha pasado es que el cerebro de ese señor ha creado conexiones nuevas y ha generado un espacio en el área de nosequé para dejarle un sitio nuevo a las conexiones que permiten que el señor hable de nuevo. Y empiezan a observar otros casos similares. Yo creo que dos y dos son cuatro. Y creo en la importancia de entender la comunicación con otros seres humanos como algo que no sea una puta competición todo el puto rato. Por salud mental y por necesidad vital. Mi padre me enseñó que razonar teniendo en cuenta las emociones era ser irracional. Y yo creí que era verdad porque lo decía mi padre. Pero luego pensé que eso no me servía. Y que prefería que mi padre no me respetase, me viese como alguien ridículo, ilógico, como una idiota, que vivir contra mis intuiciones, que vivir de una forma que me venía mal, me hacía frágil e infeliz. Más frágil e infeliz todavía que saber que tu padre opina que es ridícula tu forma de razonar. Pensé que soy un sujeto, un ser subjetivo, y que no puedo tomar decisiones sobre mi vida ni sobre nada de forma objetiva. Obviando que soy un sujeto, obviando cómo esas decisiones me harían sentir. Para mi es importante saber cómo las cosas me afectan y valorar eso además de los hechos incontestables. Además de parecerme importante me parece innegablemente más difícil. El agua hierve a 100 grados pero yo todavía no sé cómo me siento respecto a ciertas cosas que llevo toda la vida intentando descifrar. Tomar decisiones sabiendo que hay un alto grado de incertidumbre no es fácil, aunque una va aprendiendo a sentirse menos incómoda ahí, pero la incertidumbre existe en todo y yo personalmente no soy capaz de entender cómo negarla va a ayudarme a ser más feliz. El nómada me decía algunas veces "aunque tú todavía no lo sepas, eres budista". No creo ser budista, pero sí creo, como ellos, que hemos venido a este mundo a ser felices. Por eso lo decía. Por esa creencia mía. Creo también que es nuesta obligación hacer todo lo que esté en nuestra mano para conseguirlo. Y yo ya participé dos años seguidos en concursos de debate donde daba igual cuál fuese la realidad, qué pensabas de nada. Lo importante era tu capacidad para retorcer el mundo y que pareciese que tenías razón. Se me daba realmente bien fingir que pensaba que no hacía falta tomar medidas para la igualdad entre hombres y mujeres en 1996 y un año después se me daba todavía mejor fingir que pensaba que una Europa Social y de los Ciuadanos era posible entrando en el euro. Ahora,veinte años después, me interesa más acabar las conversaciones sintiendo que me han aportado algo. Que el tiempo que he pasado hablando con esas personas sobre esos temas no ha sido malgastado. Y a lo mejor por eso he escrito esto. Porque hace un rato he tenido una conversación con un señor a la manera "old school" de tener razón y concursito. Y me ha parecido pobre. Y he decidido que no quiero volver a hablar así con nadie a quien no quiera. Y que preferiría no tener que hablar más así con nadie a quien quiera. Porque llevo dos años comprobando que se puede hablar siempre de todo desde otro sitio, de otra manera, para otras cosas. Y me hace más feliz, y me hace sentir que crezco, y que todas esas horas que paso hablando estoy construyendo algo con otra gente. Creando redes que creen redes que creen redes que potencialmente puedan cambiar el mundo. Para que las hijas de vuestras hijas no tengan que sufrir a hombres que se dirigen a ellas como si fuesen idiotas. Con un poco de suerte y si no nos hemos extinguido antes a base de ganar las discusiones independientemente de la realidad sobre la que se discute. A la manera Trump: mire, hoyga, el mundo se está recalentando ya tanto que total qué más da un poquito más y así hacemos lo que nos sale de los cojones a nosotros y lo que nosotros creemos que nos viene bien. Solo que no nos planteamos la posibilidad de que sea una creencia, de estar equivocados, de pensar en lo que pasará el mes que viene. Hasta que el mundo explote. Con nosotros dentro. Todos teniendo muchísima razón en todo y ninguna duda sobre nada. Faltaría más. Dudar es de tías. Seres débiles e irracionales. Pues vale. Vosotros sabréis.
Fredi Leis en La Riviera
He llegado a un punto de mi vida en que pienso que la inteligencia es sobre todo la capacidad para cambiar de opinión y aprender. He llegado al punto de mi vida en que admiro mucho a la gente como Fredi Leis. Tiene un talento y una voz y una musicalidad sorprendentes. Tiene la falta de prejuicios que hace falta para cantar a DJ Kun en 2018 en La Riviera. Y luego a Los Beatles. Tiene la brillantez como para decidir que la maravillosa Carmela no toque la guitarra eléctrica xq entiende que desluce el talento de ella y el show general. Como para dejar a Miguez al piano y los coros.
Él, además, sigue siendo el mismo artista enorme que levantó un concierto que podría haber resultado deprimente en Torrelavega y que a la vez es capaz de sentarse a pensar qué podría mejorar. No conformarse. Y hacer todo lo humanamente posible para que su música brille. Y por eso llena la Riviera hasta la palmera y llenará el Santiago (Bernabeu) más pronto que tarde. Tiene la voz, la musicalidad, el talento, el trabajo, el tiempo y la inteligencia. Lo tiene todo.
Admiro mucho a la gente que aprende. Que no se encabezona a lo tonto retrasado lo obvio. Que tiene la confianza como para saber que todo es siempre mejorable.
Respeto mucho más a Leis como persona y como músico ahora que aclara que las mujeres tenemos derecho a hacer lo que nos dé la gana aunque a él le venga mal. Aunque sepa que lo hace sólo porque quiere la fiesta en paz y todavía no se ha parado a pensar lo suficiente en el origen del malestar que le causaba la de los labios rojos. Mientras finge que no oye a la chica que se ofrece, enloquecida, a ser nada para él.
Lo respeto todavía más ahora que su bajista es gloria bendita. Uno de esos bajistas capaces de ser a la vez discretos y definitivos. De estar atentos. Ahora que su batería cambia el paso, huye de esa digamos tradición patria de los ritmos previsibles y cansinos para públicos con poco paladar que valoran más la fuerza que la belleza. Ahora que su batería hace crecer las canciones en vez de convertirlas en eso monótono y presuntamente potente que termina resultando simplemente aburrido. Ahora que su batería es el mismo pero parece otro y Quiero darte vuelve a ser esa enormidad que es en el disco.
Me gusta mucho que los músicos cambien y crezcan y aprendan y encuentren su sitio. Y me gusta más que Fredi llene La Riviera de gente y de música deliciosa. Salga cardíaco y sudoroso a escena, histérico pero dispuesto a dejarse la piel y compruebe que en el fondo no necesita artificios ni más ayuda que su talento. Buenas canciones. Músicos y músicas tocando como mejor saben lo que mejor saben. Dejando de lado los prejuicios sobre lo que debe ser un buen concierto con banda y encontrando un lenguaje propio donde ser él mismo. Lo más difícil de todo.
En 2017 estuve obsesionada con Mariposas, luego entré en bucle con Sálvate a finales de enero de este año . Recordaré siempre un viaje en tren conmigo repitiendo una y otra vez esa última estrofa gloriosa. Llena de música, de sentido, de intención. De verdad aunque sea una verdad teatralizada. En el fondo me da lo mismo que Leis escriba canciones así de intensas de historias inventadas, fábulas. El caso es que suenan a verdad. En el marco de referencia de la canción son verdad. Y con eso a mi me vale. No necesita disimular. Supongo. O ha encontrado una forma de disimular que suena sincera. Tanto como para pensar que hay por ahí una mujer que hace lo que quiere con su voz gloriosa.
Esta noche no ha cantado Primero N que es mi segunda canción favorita del disco en parte porque no deja de ser la hipérbole suprema de la nada. Un "mira, me gustas" excesivo, alucinado. Alterado de química. Valiente. Igual es solo eso No se puede dar un concierto como el de esta noche sin la valentía de exponerse. Exponerse delante de una Riviera llena, con una camisa de lunares tan blanca como la ropa interior a estrenar, tan tú mismo y tan escénica a la vez. Tan estudiada y tan natural como las canciones que llegan a las esquinas recónditas por todas las razones irracionales. Tan puro talento en crecimiento. Tan llenas de ganas de seguir creciendo, aprendiendo, inventando espacios en los que volvernos locos a los que escuchamos desde abajo bailando estremecidos, conquistados, colonizados.
La Riviera es el sitio donde odié a Ferreiro, donde tuve que marcharme, pero también donde adoré definitivamente a Cullum y su don para sonar a gloria, jugar con nosotros y para nosotros, pero también donde quise a Quique González y su felicidad reluciente y su delantera mítica el día del cumple de mi hermana, y donde quise todavía más al Quique superviviente que no estaba preparado para pararse a pensar y prefería aliarse con Lapido soltando a los perros. El mismo sitio donde le habría pedido matrimonio a Xoel si su mujer no hubiese estado con él sobre el escenario.
Y será también el lugar donde decidí sin duda que Fredi Leis es de lo mejor que le ha pasado a la música en España en esta década. Donde supe que ha venido para quedarse. Para crecer. Para hacernos disfrutar con su talento y su sabiduría. Es muy joven, tiene solo un disco publicado y las tablas suficientes como para descartar canciones míticas y terminar como le da la gana, sabiendo de sobra que ese ha dejado de ser el mejor final posible y sabiendo también que tiene muchos conciertos por delante para mejorarlo todo. Más. Todavía más. Ojalá nunca deje de escribir música con esa tranquilidad suya para entender que cada uno de los 1.800 seres humanos que hemos llenado La Riviera hoy, entendemos cada canción como nos da la gana. Porque son todas nuestras para siempre desde la primera vez que las escuchamos.
#LibrosParaVerano . Epílogo 2018
El año más tempranera en el epílogo y también el más moderada en la compra de libros desde que se tienen registros (siempre quise escribir esta expresión para algo totalmente irrelevante). No hace falta que insista en que se debe a un mix entre: atraso por mano rota y necesidad de avanzar las lecturas otoñales para llegar a 30 de Septiembre con “Violación y Venganza” terminado en tiempo y forma (esto lo digo por si me lee mi padre, que lleva todo el verano con la coña y repitiendo la chorrada que dijo la alcaldesa de Santander cuando David Guetta les dejó tirados.) Al grano. Este año he elegido tan bien que no soy capaz de determinar cuál es mi libro favorito del verano. A veces pienso que ha sido el de Martín Gaite, con su relato del vértigo, porque se me quedó dentro y porque Doña Carmen escribía que da gloria bendita leerla. Otras pienso que el libro de Desbordes. Ese vestido azul. Esa playa de Zurriola con el cielo más azul que el de ningún vestido. Esa tristeza y esa rabia y a la vez esa extraña paz que dan casi todas las certezas. Incluida la de saber que el hermano de Camille Claudel era solo un hombre mediocre superado por el talento de su hermana. Ella esculpía, él escribía versos, pero había más poesía en una de todas esas cabezas que Camille esculpió como churros para el taller de su amante que en toda la poética del hermanito mediocre e incapaz de aceptar que su hermana mayor tuviese todo aquello dentro. Desbordes ha puesto todo esto en mi cabeza sin escribir nada de esto, sin hacer juicios aparentes de los personajes. Con una maestría narrrativa que tira de impresionismo, de sutileza. Es deslumbrante cómo se puede escribir el silencio que se va haciendo dentro de una cabeza a medida que se consigue destruir a una mujer. Luego me acuerdo del detective Adamsberg y ese vínculo entre Desbordes y Vargas. Esa capacidad de ambas para reproducir procesos mentales erráticos, insanos pero cuerdos. Pero también esa capacidad de Vargas de juguetear con la comedia. Hacerte reír con la imagen de un gato en brazos, o alguien dejando claro, sin decirlo, que en realidad no le gusta la col. Vargas demuestra en esta novela que es capaz de todos los ritmos, los tonos, las formas de contar y es tan capaz que los junta en una sola historia que nunca deja de ser entretenida, interesante, nunca deja de contar cosas importantes ni de tener sentido. Solo por cómo empieza vertiginosa y ralentiza todo a medida que se llega a la solución del crimen cuando las novelas del género suelen hacer al revés ya merecería la pena leerla. Pero es que también hay un vínculo entre la novela de Desbordes y la de O´Farrell. Otra vez una mujer a la que se recluye para borrarla de la existencia a la que se toma por loca cuando no vive como la gente que la rodea quiere que viva. Otra narración de otra mente intentando sobreponerse al silencio impuesto, otra mente que se ha resignado a fingir que no existe ni funciona. Pero Esme Lennox consigue salir de su encierro gracias a una mujer joven de su familia, recordándonos a todas las presuntas locas del coño el valor de resistir, de saberte cuerda, de no olvidar quién eres ni qué quieres. Y algo de eso, de la resistencia contra las convenciones, hay sin duda en "Mujeres excelentes". Hay eso y carcajadas y algo con lo que me identifico mucho: cuando no estás casada y la gente determina que deberías estarlo, esa misma gente empieza a pensar que estás muy enamorada de señores que ni siquiera te gustan y que estás esperando a que esos señores saquen un anillo como si tu fueses JLo. A la prota le pasa algo parecido, ella no para de decir que no quiere saber nada del párroco y la gente no para de empeñarse en que miente, independientemente de que nada de lo que Mildred hace o dice parece indicar que esté enamorada del párroco. Y solo por un segundo hacen que dude. Supongo que ni Mildred ni yo somos las únicas solteronas que nos hemos encontrado pensando cosas del tipo "pero cómo me va a gustar si no me cae ni bien/ si me aburre / si es un candidato a raesaurio" cada vez que la gente hace sus insinuaciones tontas y muy cómicas en realidad, que no responden más que a su necesidad de que tú entres en el molde: las tías lo que queremos es casarnos con quien sea. Punto. Y eso pasaba a principios del SXX y también del XXI. Lo bueno es que ahora empieza un pelín más tarde. En eso hemos avanzado. Solo en eso. Mujeres excelentes es en realidad una novela sobre sororidad. Y probablemente mucha gente que la ha leído considere una locura esto que digo. Y otra gente estará asintiendo sonriente recordando todas esas veces en que la prota actúa de determinadas formas porque piensa en cómo se estarán sintiendo todas las mujeres que la rodean ante los comportamientos insufribles de los presuntos hombres "cabales" con los que todas deberíamos estar deseando casarnos por una razón que a Mildred, como a mi, se le escapa. A su favor diremos que ella se esfuerza mucho más que yo por intentar desear casarse con señores que no le gustan. Y eso ayuda mucho a que todo sea tan cómico. A finales de siglo, puede que sin saberlo, Gornik toma el relevo de Pym y novela su vida como mujer, judía, neoyorquina, de origen pobre y separada sin ganas de volver a vivir en pareja. A veces acusamos a Gornik de hablar más de sus amantes que de sus amigas. Pero La mujer singular y la ciudad es una mujer sin pareja recordando momentos de su vida en una ciudad que ama y donde ha sido feliz, ha sufrido, ha disfrutado, ha llorado, ha fracasado, ha tenido éxito, se ha reído, ha dudado. Ha existido dejando huella en la gente, dejándose marcar por la gente. Y ha conseguido todo eso siendo abiertamente feminista y sin ser tachada demasiado de loca. Sin perder tampoco su esencia ni la certeza. Otra vez la certeza. Gornik me parece un ejemplo porque se sabe cuerda, capaz de luchar con sus miedos y sus inseguridades y leerla nos recuerda que NY es muchas ciudades y que seguimos teniendo la cabeza muy bien amueblada a pesar de todo. Y entre medias de las dos, Tey, que también era solterona, hizo uno de sus deliciosos ejercicios literarios que llamaba "novela de misterio" para disimular. El misterio es lo de menos. Otra vez lo importante es ser capaz de contarnos a todos sus lectores extasiados, cómo son los personajes. Hacerlo con precisión y sutileza. No necesitar darnos la paliza con párrafos de siete páginas y un lirismo grandilocuente para dibujarnos personajes tan reales que nos parecen personas de verdad. Usar a esos personajes para hacernos pensar en lo moral y lo ético, quitar a todas esas reflexiones cualquier tinte religioso o maniqueo. Partir solo de la base de que la mayoría de la gente sabemos perfectamente lo que está bien y lo que está mal. Solo que a veces elegimos sin tener eso en cuenta. Y hace un paralelismo con un caballo que me parece tan sutil como brillante. Una de esas semillas que los buenos escritores plantan en tu cabeza sin que te des cuenta. Dejé a Lahiri para el final quizá porque todos los relatos de "Tierra desacostumbrada" tiene algo de cada uno de los libros que he leído antes. Hay historias sobre reconocer o no reconocer cuándo estás enamorado, sobre ser capaz de conservar la cordura o perder la cabeza, sobre respetar tu idea de lo ético aunque eso signifique romper con tradiciones ancestrales, hay sororidad, hay miedo, hay certezas, hay ternura, hay calma, hay silencio y comida rica. Hay una prosa deliciosa, un traductor egocéntrico y un montón de personajes que solo tienen en común haberse criado en la tradición cultural de India y haber mezclando esa tradición con la forma de vivir en la sociedad estadounidense de finales del SXX y principios del XXI. Es fascinante leer todos estos libros escritos por mujeres y comprobar que cada uno tiene su estilo, su intención, sus maneras, sus trucos, su forma de enfrentarse a las tramas o a la ausencia de esas tramas y encontrar un hilo conductor entre todos ellos que no es más que mi propio contexto puesto al servicio de lo que leo y disfruto y un pequeño toque de esa experiencia común que nos une a mujeres a las que aparentemente no debería unirnos nada. Es fascinante estar tan en los márgenes del pretendido canon cultural y tan en el centro de todo lo que importa, lo que es bueno, lo que nutre y te hace brillar mientras suena de fondo el Cantábrico y tú ni siquiera lo oyes porque estás demasiado dentro de las vidas de gente que nunca existió, que ya no existe, que jamás existirá ya. O al contrario, o existirán siempre porque han pasado a formar parte de lo que tú eres. Gracias a todas las personas que, otro año más, me han regalado todo esto. Volvemos con el jueguecito el verano de 2019. Espero que sigáis jugando conmigo otro año más!
Categorías, literatura y feminismo
Estoy harta de que nos la cuelen los señores con los mismos argumentos cuñaos de siempre y la promesa al fondo de esos argumentos de ser casi casi casi casi una más ente los autores respetados. Casi. Si eres buena y no das guerra. He visto a unas cuantas hacerle la pelota a los señoros esperando su trocito del pastel y cayéndose del caballo, puede que demasiado tarde, cuando comprenden que siempre serán "lo otro" "lo inferior" y "la excepción". Escribes fenomenal para ser una tía. Y mientras tanto has cambiado tu forma de hacer literatura para ser aceptada. Estoy harta y sé que es falso que hacer categorías y clasificaciones nos venga mal por definición. Ya lo he contado más veces. Soy una lectora voraz desde pequeña. Voraz no es culta. Es voraz. He leído desde lo más casposo hasta lo que me vendieron como "Obras cumbre de la literatura". Todas esas cosas tenían en común estar escritas, mayoritariamente, por señores. Además de ser una lectora voraz soy consciente de que ser mujer solo tiene desventajas desde antes de conocer la palabra feminismo y soy consciente de que, a esa conciencia, unida a la lucha para cambiar las cosas, se le llama feminismo desde aproximadamente los 13 años. Con 15 me propusieron participar en un concurso de debate sobre la igualdad entre hombres y mujeres. Con 15 aparece el tema en cuestión y todos mis compañeros de clase (casi todos tíos, por cierto) me señalan diciendo "eso Bea, que está siempre con el tema". Soy una lectora voraz feminista y hace 7 u 8 años leí a una lectora voraz feminista yankee un artículo sobre haberse dado cuenta de que leía a muy pocas mujeres. Pensé "qué tontería, yo leo a muchas". Pero decidí comprobarlo. Muchas autoras resultaron ser el 30% y efectivamente resultaron ser "muchas" si tenemos en cuenta el promedio. Una lectora voraz feminista lee a 3 autoras por cada 7 autores sin darse cuenta de este desequilibrio hasta que alguien usa una categorización para señalar el problema . Decidí entonces hacer eso tan terrible de clasificar lo que leo y dedicarme a potenciar mi elección de literatura escrita por mujeres. A forzarla. Llegar a la "paridad" al 50% y 50%. Descubrí algo sorprendente: cuantas más mujeres lees más mujeres quieres leer. Porque cuando eres una lectora voraz y has leído lo que el canon te ha prescrito (que incluye a varias mujeres cuota y a algunas tan deslumbrantemente buenas que es imposible obviarlas) te has perdido tanta literatura que cuando sales del canon y la descubres te entra una sed terrible. Hace años que ya solo leo a los pocos hombres tan deslumbrantemente buenos que es imposible obviarlos. Y curiosamente eso me ha hecho descartar a esas mujeres tan comportadas, tan canónicas y tan poco ruidosas que lo que quieren es entrar en el canon creyendo que el canon es LO UNIVERSAL y terminan entrando en la mediocridad a la que ha llevado a muchos esa autocomplacencia tan canónica. Partiendo de un error tan descomunal no se puede llegar a ningún lugar razonable. El canon cultural no es lo universal. Y si te molestases en hacer categorizaciones y clasificaciones lo entenderías. Porque esa es otra cosa que me molesta. Las clasificaciones y las etiquetas son consustanciales al ser humano y una herramienta cognitiva imprescindible. Bien usadas, claro, como todas las herramientas.
Decirle a alguien que ha hecho Biblioteconomía y Documentación que las categorías empobrecen es como decirle a un médico que el fonendoscopio hace que no aguce el oído. Otra cosa es que se sesguen y se carguen de ideologías nocivas. El machismo que hace que señores que se consideran "leídos" no sepan mencionarte 5 libros escritos por mujeres que les hayan encantado es una ideología nociva que simplifica la categorización en dos grupos: lo nuestro y lo otro. La simplifica en eso y luego niega que exista. Las corrientes que dicen: “dónde están las personas no blancas, no hetero, no CIS, no occidentales que escriben y por qué nunca nos llegan esos libros a las manos, hagamos algo para que se editen, se traduzcan, se publiquen y se lean” necesitan clasificar la creación humana en todos los ejes posibles. He descubierto joyas de la literatura universal optando por leer mujeres, por leer africanas, asiáticas, novela detectivesca, humor. Lo que se me ocurra. Y no habría sido capaz de hacer eso, de transmitir eso a otras personas, si no hubiese usado las categorías literarias a favor de lo que me parece importante, digno y necesario. Claro que, si el objetivo es caerle bien a los guardianes del canon, entonces lo estoy haciendo rematadamente mal.

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El emperador va desnudo.
Como da igual cantar bien que mal, tocar los instrumentos bien que mal y que las canciones sean buenas o malas porque lo importante es insistir con la honestidad (que no sabemos muy bien en qué se traduce) y el rollito que le des al asunto desde el escenario (que tampoco sabemos en qué se traduce si obvia que abajo el público sufre, se marcha o charla del inicio de la liga) vamos a crear una banda y que alguien nos pague las cervezas. Básicamente este es el planteamiento de Carolina Durante. Y visto lo visto me parece bien.
Pero no lo llevan hasta las últimas consecuencias, porque resulta que cantan mejor y tocan mejor y saben mejor lo que se traen entre manos que muchas bandas indies que se toman tan en serio a sí mismas como para editar su propia entrada de Wikipedia de forma cursi y engolada "el proyecto personal de Fulanito de tal que cabalga entre estilo random y otro estilo random pasando por un tercer estilo random".
Se toman tan en serio a sí mismos que, a pesar de escribir unas letras que un preescolar podría considerar básicas, tienen el santo cuajo de llamar "literatura" a la sección de su web que recoge esas canciones que no usan en total más de 50 palabras diferentes. Contando las conjunciones y los adverbios.
Lo importante es el rollito. E insistir con lo de ser honesto. Honestidad, por ejemplo, es asumir que tus letras las podría escribir un niño de 7 años sin ningún problema. En vez de llamarlas literatura.
Honestidad es asumir que el tío que toca la batería en tu banda se podría sustituir por un loop y nada en el show se resentiria. Que tu voz no se oye ni con un micro y que le estás cantando a una piedra como si tuviese sentido.
Supongo que los de los proyectos personales que cabalgan entre estilos opinan que si a Dylan le han dado el Nobel de literatura cantando sobre piedras, por qué no a ellos.
La cosa es que Dylan no le canta a una piedra. La cosa es que Dylan vomitó su frustración, su miedo, su agotamiento. Porque necesitaba expresar algo. Y luego fue una canción. Eso fue luego. Que, por cierto, alguien en su discografica consideró mala aquella canción. Y no. No insistan. No va de una piedra.
Y no insistan tampoco. Lo que importa no es el rollito. Lo que importa es tener algo que decir y encontrar un vehículo para comunicarlo. Lo que importa es que Dylan no estaba conforme con las cosas que grabaron en torno a la canción. Así que probó junto a sus músicos, velocidades, compases, arreglos y solos instrumentales diversos hasta que sintió que había llegado a alguna parte. No probó todo aquello por la épica. Por la pose de lo obsesivo, de lo atormentado. Probó todo eso porque quería contar algo y no estaba contento con cómo emitía el mensaje. Es siempre así. Yo creo que es siempre así con las buenas canciones. Que hay algunas que salen solas porque uno escupe y está inspirado y todo sale. Hay otras que se enquistan porque uno tiene algo dentro y ese algo no sale. O uno no se atreve a dejar que salga. Hay canciones que salen solas porque el mensaje es simple.
Lo simple tampco es malo en sí mismo. Por más que los empeñados en el "rollito" intenten darle a todo, hasta lo más básico, ese aire complicado para esconder que el emperador va desnudo y le están cantando a una piedra. Podemos hablar del hilo de oro, de los ricos bordados. Pero el emperador va desnudo. Y un emperador desnudo empeñado en que apreciemos su ropa es peor que uno que lleva chándal porque ha salido a correr. Mucho peor que uno que va desnudo y lo dice. Porque al menos lo sabe. Lo asume. Y establece una comunicación, tal vez simple pero real (honesta, podríamos decir) con el público. Mira. Voy desnudo. Es lo que hay. Entiendo que no te guste verme en pelotas. Pero es que no hay traje nuevo. Ni viejo.
Y yo personalmente conecto con eso mucho más que con el que me vende el traje y un crecepelo de regalo. Porque encima de echarle morro me está tomando por idiota y faltando al respeto como público y le está faltando al respeto a todos esos músicos que se toman en serio su don o su talento o su capacidad, tienen cosas que contar y menos interés en el ego, la fama y los pelotas palmeros que te ríen chistes sin gracia que en la música como expresión artística humana. Simple o complicada. Pop o folk o jota castellana.
Por eso me gustó mucho que el líder de Carolina Durante dijese no recordar los nombres de quienes le hacen la pelota explicándole lo bonito que es su traje a un emperador que se presenta al desfile desnudo y gritando que va desnudo.
Y por eso me sacó de mis casillas la banda del día siguiente con todo ese rollito y esa distancia con el público que es un mal menor que sufrir para estar en el tinglado. Todo ese rollito y esa distancia pero nada de música, que por lo visto es algo totalmente prescindible en el tinglado. Y luego, claro, el problema es la incultura del público. No que nos lleven haciendo comulgar con ruedas de molino años y años.
En torno a "La reina de las nieves"
Terminé ayer de leer "La reina de las nieves" una novela que Martín Gaite empezó a escribir a finales de los 70 y terminó el 1 de mayo de 1994. Yo tenía 14 años. Ya era feminista de una forma tan guerrera como lo soy ahora. Pero no podía ni imaginar que un día íbamos a estar en medio de según qué guerras. Hablando de Gestación subrogada y de altruismo. Supongo que Martín Gaite tampoco imaginaba cuando ponía el punto final que nos íbamos a ver aquí . Que yo iba a leerla en este contexto.
He dejado a propósito de compartir fragmentos del libro en el momento en que he empezado a intuir de forma innegable dónde iba a ir a parar la novela. Su vínculo con la idea de maternidad. No sé muy bien. Era como si necesitase llegar ahí. Al final del viaje que es al revés y a la vez es igual y a la vez no tiene nada que ver con el del cuento de Andersen que le da nombre.
Esa es la grandeza de las novelistas diosas. Te van llevando de la mano, sugiriendo cosas, y no hay moralina ni hay ego. Están sus palabras resonando para ti, en tu cabeza, a tu servicio. Siendo la belleza, el puñetazo, el alfiler o el fogonazo.
Siendo lo que necesitas que sean para entender lo que sea que tú tienes que entender.
La reina de las nieves es una novela pequeña que me ha hecho pensar en el amor, la maternidad, el miedo, el vértigo bueno y el malo, la gente que te salva, la importancia de escribir, de leer, de pensarse, de dar vueltas a la aparente nada, del pensamiento espiral, de lo escondido y lo secreto que en el fondo se sabe.
Es una novela pequeña sobre el mar, los viajes en sentido literal y figurado, las búsquedas, los encuentros, la rebeldía, la madurez, la valentía de enfrentarse a tus miedos. Lo febril. El frío.
Es una novela pequeña que ella define como compleja de escribir en su encantadora nota previa. Fácil de leer, definitivamente.
Bendita sea Carmen Martín Gaite por emocionarme tanto. Por dejarme un nudo en la garganta, un poso deshaciendo esquirlas heladas. Algo en lo que pensar en un viaje veraniego. Incapaz de pasar a la siguiente novela porque seguía allí. En aquel mar del norte de hace muchas décadas, una nochebuena por la tarde.
Necesitaba llorar lo que no lloré anoche. Llorar por nada y porque sí. Por esto que ella escribió casi al final , supongo.