Lamentablemente o afortunadamente nunca se me ha permitido ser una mala persona… Lo digo en el sentido estricto de la palabra…
Por cuestiones de crianza y ¿Valores? Quiero creer… Desde que tengo memoria he intentado ser lo más complaciente posible… Incluso en mis días malos, incluso cuando no tengo ganas, incluso cuando ya no puedo serlo más…
Procuré no causar problemas, nunca, dentro de mis posibilidades… Pero conforme he ido creciendo, pasando la mayoría de edad, intentando poner límites, simplemente resulta que si salgo un poco del área de complacencia, me siento la peor mierda del mundo, porque me doy cuenta que mis palabras, acciones o simples gestos son capaces de sacar de sus casillas a las personas, o hacerlas llorar…
Y es ahí cuando comparo el peso de lo que hay dentro de mi cabeza y que nunca externo, palabras horribles, sinceridad afilada, malos deseos… Todo eso pasa por un filtro extremadamente delicado, empático, amigable, todos mis pensamientos horribles pasan primero por un debate mental donde decido que cosas omitir por salud de la relación, de la sana convivencia…
Al final, de todo un mar de ideas, palabras, insultos, rencores, solo salen, simples palabras rebuscadas, que no dicen ni el 90% de lo que tengo que decir, ahogándome en mis propios pensamientos, generando peleas con las idealizaciones que tengo de las personas en mi cabeza, respirando y dejando ir por bien de todos…
Pero ese 10% que dije, que me atreví a expresar, que incluso se vieron bloqueados por una mueca, una mala entonación, una monosílaba, hace explotar a las persona, las enfurece, las hace llorar, hacen que me odien…
Y entonces pienso, wow, genuinamente debo ser una mala persona, una horrible persona, una mierrrrda de persona… Porque si fuera capaz de externar todo lo que tengo dentro, yo creo que ya me hubiera quedado sola desde hace mucho tiempo.
















