Las palabras no me alcanzan para describir lo duro que fue este año. Demasiadas cosas pasaron: incertidumbre, mudanza, inestabilidad económica, duelos, pérdidas, dramas, desamor e ilusiones rotas. Sé que en el futuro voltearé atrás y mucho de esto me parecerá lejano o incluso se irá al olvido pero, de ser posible, me gustaría pedirle al tiempo que no me arrebate o diluya aquel 20 de julio.
Lamentablemente no tengo una buena foto de ese día, solo una que le tome a un libro como recordatorio para comprarlo después, la única prueba de que aquello realmente sucedió pero… La puntualidad de quedar a las 10 y llegar media hora antes para no hacerla esperar sola; la sorpresa de sentir sus manos que me jalaban al vagón del metro porque me había perdido leyendo, impidiéndome verla llegar; luego estar sentados el uno al lado del otro en el vagón, la timidez buscando iniciar una plática interesante — es más linda de lo que recordaba. Criticar las creencias absurdas que podemos llegar a tener. —¿En qué cosas absurdas crees tú? —pregunto. —En el amor —me responde sin pensar. Suelto una carcajada, inteligente y ocurrente, ¡me encanta!
Salir del metro para continuar el camino a pie, confiar en que esta vez sí leeré bien el navegador y no erraré en la ruta. Recorrer las calles, ella del lado de la banqueta, yo del lado de los carros porque es más seguro para ella. Escucharla quejarse de su compañero incompetente, de cómo su jefe es extraordinario y por qué NO el pobre es pobre porque quiere. Llegar a nuestro destino: una librería, una mujer de palabras entre muchos libros. Almorzar, charlar y recorrer la librería. Ayudar a cargar los libros que le llaman la atención o los que estaba buscando e imagino mil y un tardes de sábado recorriendo librerías con ella, cargando sus libros, leyendo la contraportada de cada uno de ellos esperando que alguno capte mi atención para también leerlo, y comentarlo, y atesorarlo, con ella.
Dirigirnos al centro para ver si encontramos los libros más baratos, primero por metrobús y luego caminando por Reforma. —¿Has probado alguna vez el pan garibaldi del Globo? —No, nunca. —Ven, vamos, tienes que probarlo. Compro dos panes pequeños, uno para ella y otro para mí. Nos sentamos y antes de probarlo le toma una foto. —Sí, soy la morra que le toma fotos a la comida —me río y le digo —Está bien —tratando de ocultar mi anhelo de llevarla a probar las comidas más deliciosas e instagrameables que podamos encontrar.
Llegar a la segunda librería y no encontrar los mismos libros. —Lo siento, no debí sugerir que viniéramos acá —digo apenado. —No te preocupes, libros van y vienen, ya tendré oportunidad de comprarlos —dice ella sin prestarle gran importancia; sin embargo, yo estoy que me muero de la culpa por tan mala sugerencia. Salir e ir por un café y, aún con la culpa a cuestas, sentir como ella me toma del brazo para no perdernos entre el mar de personas. Ya no más culpa, ya no más pena, mi corazón ahora baila.
Es curioso cómo los lugares que frecuentamos y que a veces no les prestamos mucha atención pueden albergar experiencias en nuestro haber futuro. Lo digo porque justo me pasó con ella: terminamos en una cafetería que siempre había formado parte del paisaje de mi camino pero a la cual nunca había puesto atención. —Esta cafetería es una de mis favoritas. Cuando era estudiante, venía y me ponía en un rincón para ver todo el mundo de personajes que venían a tomar café —me cuenta ella, y yo solo no puedo dejar de pensar en todas las veces que pasé frente al local y que probablemente ella estuvo aquí, que hermosas coincidencias.
Finalmente, terminar en mi casa, mojados por la lluvia que parecía no iba a llegar. Secarnos para después dejarnos caer en el sillón y, como no queriendo la cosa, terminar en el mejor abrazo que nunca antes nadie me había dado. Saborear su aroma, sentir su respiración y unas ganas inmensas de fundirme en ella, solo para después recibir uno de mis top 3 mejores besos de toda mi vida… Podría continuar, pero lo demás lo tengo tan grabado en mi ser que no veo necesario registrarlo, solo diré que ese abrazo, ese beso, ese "Eres guapísimo" me acompañan desde ese día y para siempre.
PD: Consuman manga y anime.
PD 3: Espero te encuentres bien, tomando agua, haciendo ejercicio, durmiendo 8 horas y alimentándote sanamente.
PD 12: Cuídate mucho.
PD 101: Mi mejor primer cita hasta ahora.