Vivimos en una sociedad en la que tenemos tanta información sobre cómo deberíamos criar a nuestros hijos/as que siempre estamos pensando que lo estamos haciendo mal.
Nuestros peques no deben ver la tele, no deben comer comida basura, no les des nada con azúcar, no les des nada con sal, dales mucha fruta y verduras, cocínales su propia comida, esteriliza ese chupete que se acaba de caer al suelo, plancha su ropa para eliminar bacterias, sal a la calle con ellos, relaciónalos con otros niños/as, no los pongas a dormir boca abajo cuando son bebés, se pueden ahogar, tampoco los pongas boca arriba, si vomitan se pueden ahogar, no los pongas de lado, pueden rodar y acabar con su cara pegada al colchón y...se pueden ahogar....y así nos encontramos que desde el minuto uno en el que nos convertimos en madres tenemos ciertas pautas y ciertos miedos que nos persiguen porque si no sigues todas las reglas eres una mala madre.
Lo mismo pasa cuando crías a un bebé bilingüe. Si eres el único padre que sabe español todo el peso del aprendizaje de la lengua española de tu peque cae sobre ti. Y ya empiezas a escuchar que no le hablas lo suficiente en español, que le deberías leer solo en español, que se debería relacionar con otros niños y niñas que sepan español, que ¿Por qué su primera palabra es en inglés? ¿es que no le estas enseñando español? Y así sucesivamente.
Mi hija tiene 18 meses y dice mamá, papá, hi (ya que su otra lengua materna es el inglés), bye bye, hola y agua. El hecho de que dice algunas palabras en español y que entiende casi todo lo que le digo en español me dice que está aprendiendo. Así que no os preocupéis si vuestros hijos/as acaban de cumplir el año y todavía no hablan porque hablarán. No os agobies. Intentad ir poco a poco y sobre todo disfrutad de vuestro tiempo juntos. Jugad mucho y veréis como aprenderán.
Con este blog quiero contaros mi experiencia. Lo que hago con mi hija y como se va desarrollando este viaje bilingüe entre el inglés y el español. También compartiré algunas ideas que vaya viendo y hablaré de lo que funciona para mí y lo que no.
Yo vengo a decirte que mires a los ojos de tu hijo/a y te hagas estas preguntas: ¿está sano/a? ¿es feliz? Si la respuesta a estas dos preguntas es SI, eres un padre o una madre maravillosa. Que nadie te diga lo contrario. Yo soy una madre desastre. Pero me da igual, sigamos siendo desastres con niños/as felices.