Carta del burnout y de la rendición.
Hace días que no me siento en mi centro
Las estrellas dicen que tengo sabiduría en las palabras, que el balance de los extremos me dará claridad, que en las áreas grises se abre la profundidad.
Y mi terapeuta dice que tengo burnout, que tengo que aprender a descansar. Hace 2 días de eso, ese día, pese a que confirmó mis sospechas, me asombré. Una parte de mí no podía creer que tuviera burnout, cuando estoy desempleada desde hace 5 meses -¿Cómo es que puedo *seguir* cansada, si no he hecho anda en tanto tiempo?
Entonces tengo una sensación extraña, una parte de mí piensa “pero aunque no haya trabajado, no he parado, he hecho muchísimas cosas y eso también cansa”
Vamos a revisar: me fui de Dublin el 11 de mayo de este año, estuve 3 días en París, 2 días estuve desempacando, empacando, desempacando y volviendo a empacar para organizar todo para la mudanza después y para el viaje a Madrid… ¿Descanso? No creo, luego, tomamos el vuelo. O eso intentamos, porque el vuelo fue cancelado. Estrés. Esperar respuestas. Estrés. Buscar como ir al Hotel. Estrés. La maleta prestada se rompe. Estres. Hacer check-in. Ir al cuarto, desplomarse en la cama. Una velada romántica con vino y cena al cuarto. Descanso: 4 estrellas, por el estrés debajo del agua. Estrés. Tomar las maletas, hacer check-out, buscar camión, caminar con 1 maleta, una mochila, una bolsa y un peluche de apoyo emocional, estrés. No encontrar el camión. Caminar. Decidir si buscar el camión o pedir un taxi. ¿Podemos pagar el taxi? Estres. Lllega el Uber, sube las maletas, haz check-in, pasa seguridad. Espera el avión, estrés (no sea que lo cancelen de nuevo). Y así… hasta llegar a Toulouse, llegar a Albi, llegar a casa de la mamá de mi novio. Una semana “tranqui” y lidiar con la culpa que siento de no estar haciendo nada pero aparentar que me la estoy tomando con calma. Dejar Albi, llegar a Toulouse, perder el avión. Estrés. Solucionarlo. Estrés.
Y así podría seguir al infinito. Madrid tuvo sus cosas estresantes también, aunque la mayoría del tiempo a duras penas podía salir de la cama. Y la luz tan deprimente del cuarto y el apartamento no ayudaba en absoluto. Me habría gustado gastar menos y estudiar más francés. Pero bueno, lo hecho esta hecho y lo bailado nadie me lo quita.
México, estresante por otras razones, hacer los papeles de la visa, tratar de ver a la mayor cantidad de amigas y amigos posibles, gastando lo menos posible y aún así deseando haber gastado todavía menos.
¿Por qué estoy tan cansada, me pregunté el martes pasado, si no he hecho nada en 5 meses?
Escribo esto para hacer tangible y visible todo lo que he atravesado en mi misma y en el afuera, para esa parte de mi que aprendió a maltratarme, a gaslightearme e ignorar mis necesidades de manera tan implacable.
Quizás no he tenido un “trabajo” de la manera que el capitalismo nos enseñó. Pero he trabajado haciendo, sosteniendo y logrando un chingo de cosas, sin saber soltar y descansar en el camino. Porque cuando lo pienso bien, tiene desde noviembre del 2021 que no tengo 1 semana completa de no estar estresada. Y de eso va a hacer 2 años dentro de poco.
¿Por qué estoy cansada de llevar casi dos años en continuo estrés? Quizá esa sería la pregunta correcta. Porque no sé rendirme. Por aferrada, aprehensiva, perfeccionista y miedosa. Cosas que yo consideraba mis fortalezas se vuelven mi punto débil. SUELTA ANGÉLICA CHINGA! RELÁJATE HIJA DE LA CHINGADA PRIMER AVISO!!
Mi terapeuta me dio el ejercicio de acostarme en el suelo con ojos y oídos cerrados: resulta que no puedo no hacer nada. No sé descansar. Me siento culpable de hacerlo, de cumplir con una necesidad básica.
A punto estaba yo de empezar a latiguearme. Pero estoy aprendiendo a dejar ese horrible hábito que me lleva a lugares muy oscuros y poco útiles. Así que en lugar de decirme cosas horribles por no saber descansar, voy a decir -No sé descansar, forma parte de las necesidades de mi cuerpo que aprendí a ignorar, pero afortunadamente ya lo reconocí, y si ya reconocí que no sé hacer algo, también puedo aprender a hacerlo-
Les voy a confesar algo: Mi cosa favorita en el mundo, es aprender. Lo disfruto mucho, me gusta el proceso de observar, probar, aprehender, mejorar y saber.
Aprender a descasar… es de esas cosas que me cuesta tanto aprender porque solo sirve para mi bienestar. “Solo”.
Aprendí tantísimas cosas del afuera que eran maravillosas y útiles, bellas y asombrosas. Pero mi crianza me hizo aprender inconscientemente cosas horribles para mi misma. Quizá esa es la zona gris en la que debo encontrar el equilibrio. Puedo aprender cosas maravillosas para mí, por mí.
Desde afuera se ve más fácil -Amiga ¿Cómo que llevas 2 años sin parar, con estrés cada semana, a veces por días sin parar? Tienes que aprender a descansar y a desconectarte, no es bueno para tu salud- Me sería fácil soltar eso a la ligera en una conversación. Miraba a gente tuitear de su estrés de los estragos que sentían en su vida y yo no podía entender cómo es que podían llegar a un punto así. “Nunca digas de esta agua no has de beber…” pues sí, en ella me ando ahogando. Lo que diré a continuación quizá sea una obviedad pero la diré porque soy la reina de obviar obviedades, válgame la chingada cansada redundancia: Estando cansada me cuesta muchísimo más gestionar mis emociones y ser la persona emocionalmente responsable y estable que quiero ser, y que sin afán de soberbia, cuando no estoy exhausta, me sale decentemente bien. Por eso es que me alegra tanto que mi terapeuta me haya dicho eso del burnout. No estoy loca, los impulsos suicidas quizá no aparecerían si estuviera descansada, y si aparecieran, seguro podría manejarlos de manera mucho más cuidadosa y amorosa hacia mi persona y hacia los que me rodean.
Actuar, decidir y percibir desde el amor y la ternura es mucho más difícil cuando estamos cansadas porque al estar cansados, nos sentimos (y somos) más vulnerables, por eso nuestro cerebro y nuestro ser está más irritable y más reactivo. Cosas que normalmente no nos perturbarían en absoluto, o insuficientemente como para reaccionar a ello, estando cansadas pueden verse como una gran amenaza. Como un ruido viniendo de un arbusto, reaccionamos preparándonos para que salga un león o un lobo detrás dispuestos a hacernos su cena. Pero resulta que es un conejito o un pajarito. Sin embargo no podemos saber eso con antelación hasta después. Y mi cuerpo, cansado y consciente de la debilidad que ese cansancio acumulado le produce, se pone en sobre-alerta e híper-estresa a cualquier señal, para poder estar lista por si en efecto el lobo salta de detrás del arbusto, porque de lo contrario, no habría rapidez, energía ni fuerza necesaria para sobrevivir. Hace 10 mil años, quizá matar a ese conejito o pajarito en una equivocada sobre-reacción a una alerta que no era una amenaza, no significaría mucho, incluso podría ser algo bueno, un conejo o un pájaro para cenar es mejor que no tenerlo, porque cuando cazas por tu propia comida no hay comida que sobre. Ahora la circunstancia es distinta, no hay león detrás del arbusto, pero sí una renta que pagar a la vuelta de la siguiente semana. Y la falsa alarma no es un conejo que bien me puedo cenar, quizá es mi pareja llegando con una pregunta sin ninguna mala intención, pero en mi cansancio (y enorme herida emocional después de un abuso psicológico importante que sigo sanando), no reacciono desde la ternura, el amor y la curiosidad. Estoy irritable, porque estoy cansada, porque estoy harta, y leo todo como un posible ataque y no quiero sucumbir sin poner pelea. Me pongo a la defensiva, un simple chiste se vuelve una discusión. Más tensión, más estrés. Y vengo a rendirme. Ya no quiero pelear, ya no quiero estar a la defensiva. Estoy aquí, en estas circunstancias porque sabía que estaría en un lugar seguro. No hay necesidad de estarme defendiendo todo el rato. Y estoy cansada de usar el estrés como combustible para que mi cuerpo y mi mente sigan adelante. Me rindo. Estoy cansada.
Estoy cansada de pelear con la vida. Estoy cansada de alimentarme de estrés en vez de calma. Estoy cansada de estar cansada. Estoy cansada. Y por eso voy a descansar.
Y tú, querida lectora, querido lector: ve a descansar también. Que después de leer tanto sobre el estrés ajeno, seguro que también lo necesitas. Besos.