Sky Ferreira for GQ Italy

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Y allí se encontraba una vez más Nathaniel Elbridge, en uno de esos cansados y fastidiosos entrenamientos de fútbol americano, sus orbes se encontraban fijas en el objetivo. “¡¿Qué demonios estas haciendo, Elbridge?!”, “¡¿Piensas quedarte allí todo el día?!”, las típicas palabras de su entrenador sonaban en su cabeza y ese simple hecho le impedía concentrarse aún más. Finalmente, se dirigió con el balón mediante la carrera hacia la zona de anotación rival y de esta forma, anotó un punto. —¡Allí esta!, ¡Allí lo tiene!, ¡Ahora me largo de aquí! —Exclamó el castaño quitándose el casco de golpe, detestaba que las personas que se encontraban a su alrededor le dieran ordenes o que tratarán de manejarlo a su antojo y eso era precisamente lo que el docente estaba haciendo en ese preciso momento.
¿El por qué estaba ella en el campo de fútbol? Esa era una buena pregunta. Andrómeda había decidido, de una manera bastante repentina, salir a inundarse con el “espíritu escolar” y qué mejor muestra de espíritu que las prácticas de americano. Y, por esa razón, estaba sentada sobre las gradas, cerca de la entrada, mirando aburrida como los chicos se tacleaban unos a otros. Pronto terminó por aburrirse y sacar sus audífonos, inundando sus oídos con una melodía y dejando vagar su mente. Sólo unos gritos rabiosos pudieron devolverla a la realidad y forzarla a prestar atención. Gritos por aquí, rabietas por acá, y ahora un chico dejaba el campo a toda prisa. La rubia ocultó una risita y no pudo evitar soltar un comentario cuando él pasó ante ella. — Pero que demostración… Tal parece que eres el alma del equipo. — Y, con esto, no se refería al entrenamiento (al cual no prestaba atención en absoluto) sino a los gritos del entrenador que, a pesar de que estaban a una distancia ya considerable, resonaban por todo el aire del patio.
Que bueno que la poca dulzura de ángel no se me había acabado pues quizá con la reacción de la chica y su comentario podría haber sacado un lado bastante molesto de mi pero no, esa parte pura y de paz aún dominaba gran parte de mi vida - ¿En serio? Que extraño los chicos me han dicho que sería una buena motivación para ellos - Me encogí levemente de hombros y seguí bailando. Sabía que ellos lo decían por mi cuerpo y no por mi pasos de baile pero ¿qué más daba? ni siquiera era parte del equipo solo exploraba esas novedades humanas - Anda inténtalo, es divertido y no hace falta ser bueno en esto sólo… muévete
Soltó una suave risa, casi burlona. Por supuesto que a los chicos les encantaría tenerla de animadora. No tenía que ser una genio para adivinar que por qué. — Estoy segura de que es divertido, pero no gracias. Decidí abstenerme de cualquier actividad que me haga quedar en un ridículo potencial. — Replicó, asintiendo una vez con la cabeza. Se quedó observando a la muchacha saltarina por un par de segundos más, estaba segura de haberla visto antes… Y así era, pronto el nombre apareció en su mente. — ¿Delilah, no? — Aunque estaba casi segura, preguntó. — Un consejo; Sí te gusta ser animadora, deberías serlo. No importa que lo hagas fatal, y créeme, lo haces, o la gente te critique por ello, ¿sabes? —
Me encontraba en la difícil decisión de escoger mi club, no sabía si quería ser animadora o mejor ser parte del grupo de natación por lo que decidí tomar una clase de muestra y la primera era con las chicas de los pompones. Debía admitir que la improvisación no era lo mío pero lo estaba intentando. Moviéndome al ritmo de la música comencé a juguetear - ¿soy buena no? - Dije entre risas a la primera persona que vi frente a mí sin parar de bailar- Creo que con un par de ensayos más y quedará lista la coreografía
Las clases habían transcurrido con lentitud, ocupando en plenitud sus horas matutinas. Cuando llegó al Instituto había estado emocionada, segura de que, por ser un colegio “peculiar”, las clases lo serían también. Nunca pasó por mente o la contemplación de sus planes pasar dos horas enteras quebrándose la cabeza con ecuaciones integrales.
Pero las clases se habían terminado y ahora mismo Andrómeda se encontraba en la parte baja de las gradas que daban al campo de fútbol, con un libro en su regazo. Sabía que ese día no había entrenamientos o eso tenía entendido, por lo que no pudo evitar descomponer su gesto cuando las porristas salieron a tropel, llenando su visión con el color de los uniformes. Estaba a punto de retirarse cuando una chica se separó del resto. Los movimientos faltos de coordinación y ritmo le hicieron elevar ambas cejas, divertida con la demostración de su poca habilidad en aquello. — No te ofendas, pero parece que te estás convulsionando... Estaba a punto de ir por la enfermera. —
Bring Me The Horizon - Happy Song (Official Audio)

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Había carraspeado en un leve intento de ver si era capaz de recuperar el lugar que reservó, pero la caída que lo usurpó no daba signos de moverse en un momento pronto. Asombroso. Tuvo que dejar unos momentos sobre la mesa la bandeja de comida con la que veía a los humanos alimentarse para tomar su bolso del suelo. —Era mi lugar, sí— pero se podía ir a otro lado, definitivamente. Buscó con la mirada otro lugar libre en las mesas de picnic, con la preferencia de estar sola o con otro ángel con quien hablar con libertad, aunque al no encontrar ninguno, necesitaba recurrir a un par de ojos extra para la tarea. —¿Ves otro disponible?
No había necesidad de expresarlo con palabras para saber que a la castaña le incomodaba su presencia. Pero, aún teniendo presente este hecho, la caída no hizo intención de ceder el lugar que acababa de ocupar. Deslizó su mirada, sin interés alguno, sobre las otras mesas y la aglomerada cafetería. Luego elevó sus orbes a la recién llegada. — Nop... Justo por eso tomé éste. — Replicó con simpleza, casi sintiéndose divertida con la situación. — Pero a mi no me molesta para nada compartir la mesa, de verdad. —
– Hey lo sé, fue gracioso en su momento, pero ya paso. Solo es desecho de caballo y ni siquiera huele – dijo el rubio mirando a la persona que estaba frente a él. Había pasado algún rato practicando con el caballo que le habían asignado, pero algo paso que el animal hizo que Bradley se cayera al suelo y por mala suerte cayera encima de su excremento. –Ahora ya para de reírte que harás que me moleste de verdad–
Había sido un hecho completamente inevitable el que la rubia estallara en carcajadas. No tanto por el hecho mismo de que el chico cayera del caballo y, presa del cruel destino, aterrizara justo en el excremento, sino porque Andrómeda pensaba que muy pocas personas podía llegar a tener tanta mala suerte como el muchacho. — Ya, ya. Perdón... Pero es que es muy gracioso. — Replicó, intentando aminorar su risa.
Esa chica era interesante, a Dante comenzaba a gustarle cada vez más, era al menos alguien con quien conversar y reír, porque devorarla… suponiendo que era un ángel caído, no era eso lo que estaba buscando para comer.
-¿Llamarte puta? ¿Yo? No, de seguro me mal entendiste -dijo con total cinismo mirándole con seriedad y luego rió apoyando su mejilla derecha contra su mochila, mirando de lado a la chica- Yo también llegué hace poco, y no me da ningún entusiasmo entrar a clases con las caritas de los que salen -negó con la cabeza cerrando los ojos- Pero no quiero que me expulsen por vago ¿Qué estudias tú? -abrió los ojos pero no se levantó, quedándole el cabello cubriéndole un poco los ojos pero seguía con su capacidad de mirar.
Él había ignorado su pregunta, nuevamente. Así que optó por dejar de insistir, quizás el castaño no quería decirle su nombre porque era uno terriblemente vergonzoso. Daba igual, ese no era un tema que le quitara el sueño, así que lo dejó pasar.
— Sí, seguramente… — Bufó, poniendo sus ojos en blanco. Aunque pronto la sonrisa había vuelto a sus labios. — Perdóneme, señor, por malentender sus honorables intenciones. — Replicó con sarcasmo. Al menos el chico tenía sentido del humor y eso era algo bastante agradable. Comprendía totalmente aquel sentimiento, pero tampoco podía negar que tenía curiosidad y ganas de ingresar a clases. Le habían dado un par de hojas con sus materias a cursar e indicaciones sobre las instalaciones, pero sus clases formales comenzaban al día siguiente. — Música; algo increíble que salva almas en pena o las sume en depresión. — Respondió, recorriendo su labio inferior con la punta de su lengua, humedeciéndolo. — ¿Qué hay de ti? No tienes cara de artista. —
Mayday Parade - The Silence

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Alexander estaba sumamente emocionado por estar en “Legoland” era su sueño desde que era pequeño, puesto que estaba completamente obsesionado con los juguetes de Lego, desde su corta edad había pasado su infancia armando naves con Legos e inclusive tenía los vídeo juegos, tales como “Lego Batman” “Harry Potter Lego” “Indiana Jones Lego” entre más. Cuando estaba arriba de la atracción acomodo su cinturón de seguridad y miro a la persona de alado. —Dicen que diversas personas han terminado dislocadas en este juego.
Le gustaban los parques temáticos porque siempre había algo que hacer y ese era uno bastante decente y muy grande. Por consiguiente, las filas para las atracciones eran enormes. Andrómeda estaba comenzando a perder su poca paciencia cuando, finalmente, llegó su turno para subir a una de las montañas rusas. Se acomodó en uno de los lugares libres y aseguró su cinturón de seguridad, para luego llevar su atención al chico de al lado. — ¿De verdad? — Inquirió la rubia elevando sus cejas mientras la mitad de una sonrisa hacia su aparición. — Espero que veamos a alguien así hoy. Sería interesante… — Poso su mirada color miel en el cinturón del chico y soltó una suave risa. — ¿Sabes? Si no acomodas eso correctamente puede que el próximo accidentado seas tú. — Informó con suavidad.
Asintió en respuesta, tomando el caramelo que la rubia le ofrecía. Solo quería sacarse el sabor de la boca, por lo que un caramelo como ese bastaba para el propósito que lo quería. Comenzó a sacar el envoltorio del caramelo, su vista sobre este mientras que los gritos de felicidad de los niños del parque llegaban a sus oídos. La situación no podía ser peor, según su perspectiva. “Primero, no tenía la menor idea de qué era Legoland.” admitió. “Yo sólo escuché la palabra ilegal y me apunté, pero no esperaba terminar en…”hizo un ademán con sus manos.”esto.” finalizó, echando el caramelo en su boca.”Tienen un mal concepto de ilegal.” se quejó.”Y ahora estoy irritado y me siento algo homicida, ¿y adivina qué? ni siquiera puedo colocarme en pie, es ridículo.”
No echarse a reír le resultó imposible. El sólo ver la cara de hastiado y escuchar las quejas de su compañero eran suficientes para mantener a la caída divertida. — En realidad ésto no es tan malo. Es sólo que tu tienes mala suerte y un cuerpo sensible. Ya sabes lo que dicen; no culpes al juego sino al jugador. — Ella echó un caramelo a su boca también, sintiendo en sabor a limón de inmediato inundar sus papilas. — ¿Qué esperabas? Para la mayoría de ellos la palabra “ilegal” significa decir “sí” cuando te dicen “no”. — Humedeció sus labios con la punta de su lengua. El parque era bastante bonito, los niños eran un poco molestos, pero siempre se les podía ignorar y no necesariamente las atracciones mecánicas que te impulsaban a velocidades de infarto eran las únicas divertidas. Se levantó, haciendo tronar los huesos de su espalda para desperezarse y le tendió una mano al muchacho. — Vamos, sé donde puedes divertirte sin mareos y, de paso, sacar un poco de toda esa fuerza homicida que te cargas. Incluso estoy dispuesta a servirte de muleta un par de metros. —
Sonaba como algo que demoraría, y el solo hecho le fastidiaba. Dejó escapar un bufido de frustración, asintiendo en respuesta. “¿Tienes goma de mascar o algo?” preguntó, recargándose contra el espaldar de la banca. El grito de niños pequeños disfrutando de las atracciones y el ruido de los juegos no hacía nada mas que darle un dolor de cabeza. “No es como si estuviese planeando volver a subirme.” confesó con un tono irritado, alzando su mirada para así observar a la chica, tomando la botella de agua para volver a dar un par de sorbos a esta.
Rebuscó en el bolsillo de sus jeans, recordaba haber metido dulces ahí esa mañana. Efectivamente, encontró un par de esas delicias de azúcar confitado. Le ofreció uno al mayor. — Tengo un caramelo, ¿te sirve? — Se tomó la libertad de desplazarse hasta tomar asiento al lado del chico, apoyando sus codos sobre sus rodillas y su barbilla sobre las palmas de sus manos. Observó un par de segundos la algarabía de los infantes con expresión aburrida antes de girarse al demonio y elevar sus cejas, soltando una duda que se había instalado en su mente. — Si no te gustan los parque temáticos, ¿por qué viniste? ¿Sólo porque es como una escapada ilegal? —
Dejó la cubeta a un costado de la banca en la cuál se encontraba, tomando la botella de agua que tenía a un costado para así destaparla, dando un par de sorbos al refrescante agua que le quitaba aquel ácido sabor de la garganta. Fulminó a la chica con la mirada mientras que daba el último sorbo al contenido de la botella, bajando de esta para relamer sus labios y volver a hablar. “Hablaba en serio, ya sabes, soy algo temperamental, no me quieres ver así.” advirtió, aunque sus amenazas parecían en vano ya que la palidez de su rostro le quitaba aquel aspecto intimidante que siempre solía tener. “Tu sabes mas de los humanos que yo, dime, ¿qué mierda se supone que tengo que hacer ahora?” preguntó, porque sentía el estómago vacío y las puntas de sus dedos frías.
La rubia se encogió de hombros, dando por zanjado el tema. No era que el demonio le asustara ni mucho menos, pero la palidez en el rostro contrario comenzaba a ser un tanto preocupante. Con la sonrisa disminuyendo lentamente, se acercó a él, dejando una prudencial distancia entre ambos. — Por lo pronto, tienes que sentarte, dejar que te dé el aire y esperar a que tú estomago se estabilice. Sigue tomando agua. Al menos es lo que yo te recomiendo… — Comentó, casi con amabilidad. Estaba compadeciéndose un poco de la situación del contrario... Aunque quizás no lo suficiente.— Ah, y no se te ocurra subir de nuevo a nada que se mueva si no quieres vomitar hasta tu cerebro. — Agregó sin poder evitarlo. ¡Y ahí estaba de nuevo! Una burla explicita totalmente en sus palabras.

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Estuvo a punto de hablar para cuando sintió nauseas por tal vez tercera vez en los últimos cinco minutos. No lo sabía hasta ahora, pero con aquel cuerpo humano-vulnerable a muchas cosas, a pesar de sus habilidades.- las atracciones de “legoland” no hacían mas que causarle ganas de vomitar en cuanto volvía a colocar sus pies en el suelo.”Si te vuelves a reír me aseguraré que el peor de los dos, seas tú.” se quejó, sujetando la cubeta cerca de su rostro. Llevaba el rostro pálido y la mirada cansada, pero por más que tratara de curarse no había nada malo con él. Simplemente se había mareado, vaya mierda debía ser la vida de un humano.
Para reírse de un demonio en su cara había que tener mucho valor o ser un estupido sin aprecio por la vida. En el caso de Andrómeda, seguramente era la segunda opción. ¿Pero quién podía culparla de regodearse ante la desgracia ajena? Era completamente divertido observar el rostro del castaño viajando entre el verde y amarillo. Ese intento de amenaza sólo le hizo reír más. Había perdido todo respeto con esa cubeta azul eléctrico abrazada. — No me estoy riendo de ti. — Mintió con descaro. — Es sólo que esas tazas que daban vueltas eran muy, muy divertidas. —