—¿Qué opinas de todo lo que dijo Kasper? —le pregunté entonces, en un susurro.
—No lo sé... No me imagino la idea de estar atrapado sin poder salir a ningún maldito lugar...Es una pesadilla.
En el lado peregrino no nos preocupábamos por las hadas, incluso a veces olvidábamos que estaban ahí, era cierto que ellas tenían lo mejor de este lado, y solo porque Aldora estuviese mal, no quería decir que todas las comunas lo estaban, de hecho, Kasper nos había contado que las otras comunidades eran mucho mejores y diferentes; todos conviven en paz y claramente hay comida y de todo un poco para todo el mundo.
Algo era cierto y es que, todos sabíamos la historia; las Hadas habían jurado con sangre que ninguna de su especie volvería a atacar a ningún Peregrino, ellas solían decir que la guerra había sido necesaria para que ellas tomaran parte de la tierra, según ellas, era su derecho tanto como el de los humanos poblar el planeta, y desde entonces, se construyó la barrera y hadas con peregrinos nunca más se volvieron a cruzar... O al menos eso pensábamos. El caso era que, debido a ese juramento de sangre, ningún hada podía asesinar directamente a un peregrino, ni siquiera a otra hada.
—Ellas siempre tuvieron lo mejor —le dice a Sirius, lo tuvieron todo, nosotros teníamos sus migajas.
—El lado Peregrino no es tan malo —responde entonces, levantando la mirada para verme— pude conocerte.
La comisura de mi labio se levanta.
—Vaya recompensa ¿eh?
Nos reímos por lo bajo.
—Sea como sea, Edén, iré contigo hasta el maldito fin del mundo de ser necesario.
Ahora que lo pensaba, Sirius nunca me había dicho que no a nada, casi siempre apoyaba mis ideas y mis locuras, como yo las de él, habíamos sido un dúo imparable por años.
—¿Hasta el fin del mundo?
—Y un poco más allá, de ser necesario.
Me rio.
—Gracias —le dije por fin— nunca te agradecí por apoyar cada locura.
—¿Agradecer? Sin ti mi vida hubiera sido bastante aburrida.
Le sonrío. Entonces, Sirius se acercó un poco más, sus ojos miraban intrigados los míos.
—Creo que aún no me acostumbro a esos ojos verdes.
¿Por qué mi corazón latía más rápido? ¿Por qué los ojos de Sirius se veían aún más verdes que de costumbre? ¿Por qué...? ¿Por qué, Sirius?
Entonces, Sirius coloca su mano sobre mi mejilla y el roce de sus dedos me hace temblar. Él sonríe.
—Siempre quise... —susurra.
—¿Qué cosa? —respondo entonces, mientras mi aliento choca con el suyo y mi corazón late tanto que siento que está por salirse de mi pecho.
—Edén...Yo siempre...Te vi —dice por fin, sin dejar de mirar mis ojos.
¿Cómo era que yo no te había visto a ti, Sirius?
Quería aventurarme, en unas horas saldríamos rumbo a buscar a Kain y a Rosalyn, pero justo ahora, deseaba estar con Sirius, deseaba tocar sus mejillas, acariciar su rostro.
Habíamos sido amigos toda la vida, pero... ¿Sería posible?
Coloco entonces mi mano temblorosa sobre su mejilla, y él me observa con cariño.
—Sirius, yo...
En eso, Sirius me toma por el abrazo y me acerca a él. Mi mejilla queda contra su pecho y su barbilla reposa con suavidad sobre mi cabello.
—Buenas noches, Edén —me susurra, con voz ronca.
Cierro los ojos.
—Buenas noches, Sirius.
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Siglo veinticuatro, 800 años más tarde desde que la tierra vivió su peor y última guerra; Hadas contra humanos, una gue...












