La colonia Tránsito a través del tiempo
Antes de la Conquista, el área que hoy ocupa la colonia Tránsito formaba parte del sistema lacustre del Valle de México, donde predominaban los lagos y las zonas chinamperas. Esta región estaba habitada por pueblos mexicas que practicaban una agricultura sustentable adaptada al ecosistema acuático. En su artículo Desagüe, ambiente y urbanización de la Ciudad de México en el siglo XIX, publicado por la UNAM en 2019, Sergio Miranda Pacheco destaca que “lo exitoso del sistema hidráulico construido durante generaciones por las comunidades indígenas trajo consigo también el aumento de población en la cuenca y en su principal localidad (México Tenochtitlan), la cual hacia 1521 había alcanzado una población de 300 a 350 mil habitantes”.
Con la llegada de los españoles, se desecaron esas áreas lacustres para la expansión urbana y agrícola. Se introdujeron especies animales, sobre todo caballos y ganado. La tierra pasó a manos de la Iglesia y se construyeron templos y conventos que cambiaron gradualmente el paisaje. Durante la Conquista, los europeos destruyeron el complejo sistema hidráulico indígena e introdujeron nuevas técnicas y prácticas para el manejo y explotación de los recursos, lo que con el tiempo alteró todas las estructuras materiales, sociales, económicas, políticas y culturales de México (Miranda, 2019, p36).
Con el pasar de los años, las modificaciones urbanas continuaron, siempre ignorando las técnicas prehispánicas y concentrándose en las occidentales. Se construyeron calzadas y puentes. Un ejemplo preciso son los restos del Hospital de San Antonio Abad, fundado en el siglo XVII para atender a enfermos y leprosos. Ahora, ese espacio se convirtió en una calzad, la cual lleva su nombre. Según Tovar y Mas (1994), “los caminos antiguos se convirtieron en calles modernas, pero conservaron su trazo y muchas veces su denominación original”. Adjunto fotografía de los restos del hospital antes de su demolición en 1963.
Actualmente se ve así. Es una obra en suspensión por los sismos que han ocurrido en los últimos años.
Durante el siglo XX, la Colonia Tránsito pasó de ser un espacio semi-rural con canales residuales a una zona completamente urbanizada, lo que implicó la pérdida total de su ecosistema lacustre. La desecación y entubamiento del Canal de la Viga entre 1940 y 1952 borró el último vestigio del sistema hidráulico prehispánico en la zona. Como lo señala Brañas García (2016), “el avance de la urbanización eliminó cuerpos de agua y áreas agrícolas que subsistían dentro de la mancha urbana, sustituyéndolas por pavimento y concreto”. A esto se sumó la industrialización temprana de la colonia con la instalación de fábricas como la embotelladora Pascual en 1940, lo cual incrementó la presión sobre los recursos naturales especialmente el acuífero. Un dato que me resulta pertinente es que justamente hay una unidad habitacional (aún en uso), la cual fue construida para que los trabajadores de la fábrica antes mencionada, pudieran vivir cerca de su zona laboral. Este dato me lo platicó mi tía de 70 años que ha vivido toda la vida en esta colonia.
Otro momento determinante fue la implementación de la Línea 2 del Metro, que atraviesa San Antonio Abad desde 1970. Su construcción implicó la demolición de antiguas viviendas y la modificación del paisaje sonoro y ambiental. Estas decisiones consolidaron la transición del barrio a un espacio densamente urbanizado, pero también lo despojaron de elementos fundamentales de su identidad ambiental e histórica. Además trajeron consigo contaminación atmosférica, pérdida de biodiversidad, distribución desigual del agua, entre otros problemas.
En general, la Colonia Tránsito enfrenta múltiples problemáticas socioambientales derivadas de su historia de (colonización)urbanización. Destacan los conflictos por la extracción de agua por parte de la planta Pascual-Boing, la escasez de áreas verdes y botes de basura, los altos niveles de contaminación del aire y el ruido debido al tráfico intenso porque hay avenidas grandes cercanas como Tlalpan, Viaducto y La Viga.
Sin embargo, una de las prácticas de resistencia que he notado es el aumento del tianguis. Los sábados hay uno muy famoso con temática de Hello Kitty y dos calles al lado está uno en donde venden especialmente ropa. Además, los domingos en el parque El Pípila, se juntan muchas personas para organizar la compra-venta de plantas, lo cual me parece un acto colectivo muy poderoso, no solo porque incentivamos que el flujo del dinero se conserve dentro de los mismos habitantes de la zona, sino también por los productos que venden. En un contexto capitalista, me parece interesante que dentro de todos los productos posibles que puedan venderse, mi comunidad decida vender productos para el cuidado de plantas y cultivos.
Al hacer todo este recorrido me queda un sentimiento de ira contra el uso de poder y la violencia estructural que nos pisa los talones todos los días. Que no solo ha destruido culturas y prácticas sociales, sino que con ellos se va también la naturaleza (decirle a la naturaleza recursos naturales cae en una lógica capitalista). Siento desesperación por la falta de políticas públicas, por la pasividad del Estado ante las crisis sociales, económicas y ambientales. A pesar de que vivo en una zona céntrica y cuento con más privilegios, es común escuchar que asaltaron a tal tienda o negocio, lo cual también me hace vivir con miedo. La mayoría de los sentimientos que me habitan respecto a este tema tienden a deprimirme.
Finalmente, desde una perspectiva idealista (sí, aún con todo lo que siento me gusta imaginar un escenario ideal), pienso una colonia más verde, con parques accesibles que brinden actividades recreativas. Agua limpia y suficiente para todos. Un lugar donde el desarrollo urbano considere el bienestar ambiental y social y no solo el del capital. Para lograrlo, sería clave fortalecer la participación vecinal en primer lugar, hacer una asamblea para poder expresar no solo nuestras inconformidades, pero también nuestros sentimientos y emociones, así como una eficaz implementación de políticas públicas justas y por supuesto recuperar el conocimiento ecológico tradicional en la medida de lo posible a través de talleres y sesiones informativas que perfectamente se pueden llevar a cabo en el parque El Pípila y estoy segura que mucha gente asistiría.
Después de toda esta investigación y aunado a la visita al Cárcamo de Dolores, hay muchas cosas que pasan por mi cabeza pero sobre todo está la relación con la naturaleza tan diferenciada entre México-Tenochtitlán y la Colonia. Los mexicas adaptaban su vida al agua: construían sobre islotes, navegaban canales. ¿Por qué no nos ajustamos a la naturaleza en lugar de poseerla?
Cierro con una fragmento de Luis Villoro que me encanta:
Alcaldía Cuauhtémoc (2021). Síntesis histórica – Colonia Tránsito. Ciudad de México: Alcaldía Cuauhtémoc.
Brañas García, C. (2016). Urbanización salvaje en la zona metropolitana del Valle de México: contradicciones de la ciudad actual (Tesis de maestría, Universidad Nacional Autónoma de México).
Camacho Cervantes, F. M. (2009). El proceso de urbanización e industrialización de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México en el siglo XX: el caso de los municipios de Nezahualcóyotl y Naucalpan (Tesis de maestría, Universidad Nacional Autónoma de México).
Hidalgo, A. (2024, 19 de septiembre). Metro San Antonio Abad: la estación que en el pasado atendía a enfermos de lepra y se realizaban fiestas con pulque. El Sol de México.
Miranda, S. (2019). Desagüe, ambiente y urbanización de la Ciudad de México en el siglo XIX. Relaciones Estudios de Historia y Sociedad. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas. Pp. 31-72
Tovar de Arechederra, I. & Mas, M. (Comps.) (1994). Ensayos sobre la Ciudad de México II: La muy noble y leal Ciudad de México. México: DDF/CONACULTA/UIA.
Tovar de Arechederra, I. & Mas, M. (Comps.) (1994). Ensayos sobre la Ciudad de México IV: Reencuentro con nuestro patrimonio cultural. México: DDF/CONACULTA/UIA.