Problema socioambiental: la contaminación acústica en la colonia Tránsito, Ciudad de México
Pongo esta foto de El Abanico que es la mejor taquería de mi colonia. Empezó siendo un puesto muy pequeño y ahora tiene 2 pisos y muchos carros que quieren sus carnitas para llevar, provocando mucho tráfico y gritos sobre todo los viernes, sábados y domingos. La fila para entrar casi siempre es de una cuadra. Cuando entras al lugar no basta con el sonido de las conversaciones ajenas, los gritos de los meseros y los sonidos de la cocina, sino que siempre ponen música "de fondo" y antes de entrar, hay vendedores ambulantes que te ofrecen globos, discos, dulces, utensilios de cocina, etc. Casi toda mi vida he habitado en departamentos rentados ubicados en la alcaldía Cuauhtémoc, pasando por colonias como la Vista Alegre, Ampliación Asturias y Tránsito. Es en esta última en la que voy a precisar el problema socioambiental que trastoca la contaminación acústica, no solo porque es donde actualmente vivo, sino porque he notado los últimos meses cómo mi calidad de vida se ha visto afectada por dicho motivo. En este sentido, la contaminación acústica, o también conocida como ruido ambiental, es el "sonido que puede producir efectos fisiológicos y psicológicos nocivos para una persona o grupo de personas" (Lozano et al., 2019). Según la OMS, la contaminación acústica es el segundo problema ambiental más grave para la salud en zonas urbanas, solo después de la contaminación del aire. De acuerdo con sus lineamientos, el nivel de ruido recomendado para evitar daños en la salud no debe superar los 60 decibeles durante el día ni los 40 por la noche (Śliwińska y Zaborowski, 2017). Para tener una idea más precisa sobre qué representa esto, pongo la siguiente infografía creada por Dawin Rizzo:
Pienso que en mi día a día me encuentro alrededor de los 90-100 dB y cómo esto, aunque parezca normalizado, no lo es. Vivir entre maquinaria de obras en construcción, vendedores ambulantes, vecinos egoístas y borrachos, locales con música desde las 6am, fiestas entre semana, motos, coches, camiones, gritos de niñxs, iglesias, fuegos artificiales, ambulancias, ferias, aviones, entre muchas otras cosas más, me genera una carga constante de estrés y ansiedad. Incluso en mi propio cuarto con las ventanas y puertas cerradas, el ruido es tan invasivo que me resulta difícil concentrarme, descansar o simplemente tener un momento de silencio. Esta sobreexposición al sonido no solo afecta mi salud mental, también ha alterado mis patrones de sueño y mi rendimiento en la escuela. En ese sentido, la contaminación acústica deja de ser algo anecdótico para volverse una condición estructural que atenta contra los momentos de silencio y reflexión. Todo el tiempo me siento sobre estimulada. Es importante mencionar que este problema es más complicado de atender en comparación con otros como la basura, la deforestación y la gentrificación. Pues, por un lado, es una situación que escapa de nuestro sentido dominante: la vista, lo que complejiza su grado de subjetividad y de resolución (Rodríguez-Manzo, 2013, pp. 45-48). Por otro lado, y así lo mencionan Laura Juárez y Fausto Rodríguez en su artículo Exploración cualitativa sobre el ruido ambiental urbano en la Ciudad de México publicado por El Colmex en el 2020, es un asunto que va aunado a los procesos económicos, el desarrollo tecnológico-cultural y la construcción misma de la ciudad. No es fortuito que la implementación de lo sonoro en la publicidad, la música como industria, la constante construcción de espacios públicos como plazas comerciales o edificios cada vez más altos, entre otras cosas, surjan desde ideas neoliberales y capitalistas. Ahora bien, en la Ciudad de México ya existe un marco legal que busca regular la contaminación acústica, aunque su aplicación jamás la he visto en acción. Me refiero a la Ley Ambiental de Protección a la Tierra. ¿A qué se debe la ineficiencia de dicha Ley? ¿Qué sentido tiene crear una ley que no es coactiva con quienes la incumplen? sobre todo me pregunto ¿por qué nadie habla sobre este tema desde una perspectiva política? ¿en verdad ya está tan internalizado en nuestra cotidianidad que lo único que podemos hacer es quejarnos? El silencio debería ser una condición básica para el descanso, la salud mental y la concentración, se ha vuelto casi un lujo inalcanzable que yo anhelo todos los días. Considero urgente repensar nuestras formas de habitar la ciudad y exigir a las autoridades que las leyes en verdad protejan nuestro derecho a vivir dignamente. Referencias
Lozano, J., López, L. y Requelme, R. (25 abril 2019). La contaminación acústica, factor medioambiental que incide en la calidad de vida en Ciencia y Desarrollo (15). Fondo Editorial Universitario. pp. 54-59. https://doi.org/10.33326/26176033.2013.15.321 Juárez, L. y Rodríguez, F. (2020). Exploración cualitativa sobre el ruido ambiental urbano en la Ciudad de México en Estudios Demográficos y Urbanos. El Colmex. Vol. 35, núm 3, p.p.803 - 838. https://doi.org/10.24201/edu.v35i3.1934
Rodríguez, F. (2013). Espacio, sonido y arquitectura. Una reflexión teórica acerca del carácter acústico del espacio arquitectónico. Ciudad de México: Limusa. pp. 45-48.
Śliwińska, M. y Zaborowski, K. (2017). WHO environmental noise guidelines for the European region: a systematic review on environmental noise and permanent hearing loss and tinnitus. International Journal of Environmental Research and Public Health, 14(10), 1139. http://dx.doi.org/10.3390/ijerph14101139 S/a. (2019, 25 junio). El pleno del Congreso de la Ciudad de México reformó la Ley Ambiental de Protección a la Tierra. Congreso de la Unión. https://www.congresocdmx.gob.mx/comsoc-pleno-congreso-ciudad-mexico-reformo-ley-ambiental-proteccion-tierra-1814-1.html














