Al final no es que sea mi culpa o falta de esfuerzo lo que no me deja apreciar lo bueno de la vida.
Es que es tan jodidamente difícil mantener la careta, la imagen de que “está todo bien”, de que “esto también pasará”, de que “la plata va y viene” cuando se siguen acumulando las boletas, cuando te falta plata para el alquiler, para ese techo en el que te encerras porque no podés salir cuando todas las invitaciones y planes requieren un mango. Es tan difícil tener la perra energía de ver lo bueno cuando no tenés la fuerza física ni mental porque venís alimentando tu cuerpo a base de pan y café o mate, de harina y agua caliente.
Soy agradecido, tan agradecido cuando aprecio lo pequeño.
Pero sigo arrastrando conmigo este dolor, de no poder salir de la crisis constante, del hambre, del deseo de más, de la decepción de no tener más, de la inestabilidad diaria, der no poder contar con el apoyo económico de nadie porque la “familia” que mantienen a muches o a la que muches recaen o recurren cuando ya no pueden, yo no la tengo. Porque mi vieja es jubilada y tampoco le alcanza, porque todos mis amigues son putxs travestis precarizades, porque por más que ella me dé, y me ayude y se entregue, no puede seguir salvándome
Me persigue el dolor de no tener las suficientes herramientas, lo saberes, cualquier puta cosa explotable con la que pueda generar un dinero para seguir sobreviviendo.
Y todos los días terminan ahí: la supervivencia.
Ya no sé qué más hacer para dejar de estar constantemente en ese estado. Ya no sé qué otra actividad más pensar para poder seguir lucrando, qué parte de mi cuerpo me otorga una habilidad explotable.
Ya no quiero seguir ahogándome mientras me corroen los pensamientos de que en 3 días vence el alquiler y todavía no llegué a juntar la plata, de que esta semana vencen todos los servicios y no cuento con mi parte, de que solo queda medio limón y una cucharada de manteca en la heladera, el culo de botella de aceite y un puñado de fideos guardados en el mueble blanco de los no perecederos.
Ya no quiero más ataques ni crisis de llanto y angustia, física y emocional, pensando qué tipo de cáncer u otra enfermedad crónica me va a generar el estar tan sometido a un nivel de estrés que me es incuantificable.
Ya no quiero seguir soportando y preguntándome cuánta angustia entra en mi cuerpo. Ya no quiero ver si logro traspasar el límite del dolor, si logro levantarme después del tropezón, si vuelvo a renacer.
Ya no quiero más resiliencia
¡Quiero vivir, mierda!
No quiero tener este peso encima, no quiero quedarme más en el deseo, no quiero más el sobrevivir diario
Quiero vivir
O terminar de morir.














