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âPorque me ha nacidoâ respondiĂł con sequedad y un leve toque de censura en su voz. SabĂa que era una respuesta absurda e infantil para dar, pero se negaba a confesar que Kaleem se habĂa chivado con ella respecto  a los mensajes que el joven le habĂa mandado. âYa sabes, algo asĂ como cuando te nace decir te quiero o esas cosasâ explicĂł, encogiendo sus hombros con desinterĂ©s mientras se hacia a un lado y se colocaba en cuclillas, procediendo con su bĂșsqueda sin tomar en cuenta al contrario. Era extraño ser tan brusca con alguien que le caĂa bien, pero recordar sus palabras sobre el ( ahora inexistente ) bebĂ© de su amiga realmente le molestaba.
â Oh, comprendo... â. Aunque lo que mĂĄs bien comprendĂa era la situaciĂłn que frente a sus ojos se formaba. Y es que era innegable el fuerte lazo que la rubia habĂa creado con el chico que sin duda le odiaba. Pero Âż tenĂa Ă©l algĂșn motivo ? de buenas a primeras, no. Mas el chico la habĂa jodido con aquel comentario sobre el bebĂ© del contrario. Realmente le daba vergĂŒenza admitir que habĂa dicho aquello. Pero aparte de no querer admitirlo, ni lo podĂa recordar â SĂ, sĂ; entiendo â. Dijo, apartando la mirada de la rubia y posĂĄndola de nuevo en su guitarra. No querĂa hablar con una joven incapaz de separar lo que le incumbĂa de lo que no, ademĂĄs de estar harto de tanto drama debido al odio recibido. RasgĂł un par de cuerdas, haciĂ©ndolas sonar para escuchar una suave melodĂa. Esta vez, comenzĂł a improvisar, escuchando la hilera de acordes que instrumentaba.
âÂżEra tuya? O, Âżque tocabas?â preguntĂł curioso, alzando una ceja mientras le miraba. Acompaño las risas contrarias mientras negaba levemente con la cabeza. âÂżSon gratis? Porque no esperes que te pague si no vas a sonar igual que U2 en caso de que te pida Sunday Bloody Sundayâ Si bien estaba bromeando, sus facciones permanecieron serias
Su mirada se clavĂł en la del muchacho, el cual se encontraba a mucha mĂĄs altura que el propio â Depende, ¿ te gustĂł ? â. Se atreviĂł a preguntar, dedicĂĄndole una suave sonrisa â Completamente gratis â. RiĂł, observando ahora su guitarra â PodrĂa intentarlo, pero dudo que siquiera me parezca a ellos â. AdmitiĂł, formando una mueca â AdemĂĄs de no ser uno de mis temas favoritos... â.
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Luce alzĂł ambas cejas, sorprendida. ÂĄConfianzudo que era que creĂa que ella estaba allĂ sĂłlo para que Ă©l toque una canciĂłn! Aquello habĂa sido lo Ășnico que habĂa logrado que Luce dejara de reĂr por un momento. Al principio, cuando se dio cuenta, no planeaba quedarse mirĂĄndolo sino hacerle el favor y comentarle la mala suerte que tenĂa que, de todas las personas en los jardines del instituto, Ă©l habĂa sido la Ășnica vĂctima. Pero fueron las palabras del joven la que la hicieron cambiar de decisiĂłn, habĂa algo en su actitud que no le gustaba. âNo, nada de eso, solamente que una paloma te cagĂł la guitarraâ señalĂł el extremo del mĂĄstil ây suponĂa que, a menos que te atraiga la materia fecal, querrĂas saberlo.â
EscuchĂł las palabras de la castaña, frunciendo el ceño al segundo y mirando el mĂĄstil de su guitarra, observando asĂ que la mujer tenĂa razĂłn â ÂĄ Oh, mierda ! â. GritĂł, a modo de queja. MoviĂł su preciado instrumento y lo dejĂł a su derecha apoyado en el banco. SabĂa que le esperaba una preciosa tarde de limpieza Âż cĂłmo narices habĂa ocurrido aquello ? realmente le resultaba cĂłmica y odiosa aquella situaciĂłn, aunque mĂĄs de la segunda â Joder... Si es que lo que no me pasa a mi no le pasa a nadie â. MirĂł aquella parte, la cual habĂa sido profanada por una maldita paloma. Se acercĂł y sentĂł al lado, tomando el trapo que habĂa dentro de la funda y acercĂĄndolo donde estaba sucio â Eh... Gracias por avisar, supongo â. Se encogiĂł de hombros.
âOh, no esta bienâ Taichi negĂł con su mano libre, aquella que no traĂa unos cuadernos. Iba de camino a la biblioteca cuando se habĂa cruzado con el rubio quien, para ser honestos, le habĂa atrapado con aquella melodĂa. âUn par de segundosâ asintiĂł âLo suficiente pare decir que eso fue un buen trabajoâ finalmente acotĂł, riĂ©ndose entre dientes âSonaba bienâ le dedicĂł una sonrisa. âÂżEs que ahora aceptas pedidos?â alzo una ceja burlĂłn.
SonriĂł al escuchar esa respuesta, ya que no habrĂa alcanzado a oĂr mucho de aquella canciĂłn. Sin embargo, la continuaciĂłn de su habla era lo contrario a lo que Adler habĂa supuesto â Gracias â. CurvĂł aun mĂĄs sus labios â Me alegra que te haya gustado â. AñadiĂł, oyendo despuĂ©s la pregunta de su acompañante â Eso parece, asĂ que aprovecha â. RiĂł, encogiĂ©ndose de hombros.
âal menos sabes tocar. a diferencia de varios idiotas que usan la guitarra como simple decoraciĂłnâ no era sorpresa que los jĂłvenes utilizaran los instrumentos como anzuelo, queriendo atrapar a muchachas con ĂĄgil rapidez. en su pecho descansaba el cuaderno donde su poesĂa rezaba los lamentos que por las noches alimentaban su insomnio, aquel que causaba estragos ocultos por su corrector. aquel conjunto de papeles que previamente fue inundado por el brote de inspiraciĂłn que la melodĂa ajena habĂa ramificado. âdudo mucho que conozcas a canserbero, por lo que tendremos que dejarlo pendiente para otro dĂaâ mencionĂł, apenada de no tener con quien compartir su pasiĂłn por dicho rapero. âa menos que, Âżnirvana, quizĂĄs? serve the servants, pennyroyal teaâ ladeĂł sus comisuras, esperando que el rubio conociera alguna de las dichas.
ObservĂł a la morena que a su frente se plantaba, escuchando las palabras que de su boca escapaban. SonriĂł sin poder evitarlo, ya que sus palabras eran mĂĄs que halagadoras â Gracias... En parte me dedico a esto, asĂ que la idea es que se me de bien â. CarcajeĂł, moviendo su pierna derecha y colocĂĄndola donde antes estaba para mayor comodidad a la hora de tocar. NegĂł con la cabeza al escuchar aquella peticiĂłn â SĂ© quien era... Pero nunca aprendĂ nada a la guitarra â. Y es que un rapero no era lo mĂĄs acertado para tocar con una simple guitarra. Sus siguientes peticiones fueron mĂĄs que aceptadas, ya que el muchacho tocaba un estilo muy diferente de mĂșsica, pero Adler intentaba escuchar todo tipo de mĂșsica. Adoraba las melodĂas y armonĂas que se creaban y encasillaban en todos esos estilos: todas aquellas variantes que le daban magia a su gran pasiĂłn â Vamos con Pennyroal Tea, entonces â. SonriĂł â Puedes sentarte si quieres... Y Âż sabes cantar ? porque si quieres unirte, puedes â. OfreciĂł, haciĂ©ndose a la derecha para dejarle un sitio a la mujer.
Su mascota le estaba causando muchos dolores de cabeza, pues al ser tan pequeña era un gran problema poder encontrarla cuando se extraviaba. Y en esa situaciĂłn se encontraba (buscĂĄndolo por todas partes) cuando la melodĂa de una guitarra llegĂł a sus oĂdos. Ladeando la cabeza y con un resoplido entre sus labios, decidiĂł seguir la mĂșsica, encontrĂĄndose con cierto muchacho que con rapidez (y una sola ojeada) hirviĂł su sangre española. AĂșn tenĂa presente, demasiado presente, la manera en la que Ă©ste se habĂa expresado sobre el bebĂ© de Kaleem y aunque quizĂĄ no era su asunto, lo visto por el mensaje del moreno le habĂa molestado bastante. Frunciendo el ceño, lo observĂł atentamente, atrayendo su atenciĂłn de un momento a otro. âNo muchoâ respondiĂł con sequedad. âY no, no quiero nada que venga de tiâ añadiĂł.
ObservĂł la figura de una fĂ©mina, las cual despuĂ©s reconociĂł como Alaska. Aquella muchacha le tratĂł mal en aquel momento, lo cual le sorprendiĂł, ya que en ningĂșn momento Ă©l habĂa hecho nada para merecer aquel comportamiento por su parte â Okay... â. Dijo, volviendo a mirar su guitarra. Y es que no querĂa preguntar, ya que la Ășltima vez que algo asĂ le pasĂł, acabĂł de la peor de las maneras. Sin embargo, se dejĂł de nuevo â Âż Por quĂ© esa respuesta, Alaska ? â. PreguntĂł, levantando la mirada para observar directamente las orbes ajenas.Â
                   DespuĂ©s de los Ășltimos acontecimientos de su vida, lo Ășnico que deseaba era marcharse a su habitaciĂłn de una vez por todas y permanecer allĂ el tiempo suficiente para que sus problemas se solucionaran por sĂ solos. ÂżNo era acaso su mayor utopĂa? Y ojalĂĄ no se hubiera encontrado semejante escena cuando trataba de escapar a su refugio. â Âż Me estĂĄs jodiendo ? â CuestionĂł, atravesando la puerta de a habitaciĂłn para quedar frente al masculino. Por supuesto, no habĂa desechado la particular promesa que le soltĂł apenas unos dĂas atrĂĄs, que al parecer e habĂan intensificado con la pĂ©rdida del bebĂ©. â Tienes treinta segundos para salir de aquĂ o te sacarĂ© yo. â
Observar entonces la figura del moreno incomodĂł al moreno. ReciĂ©n habĂa hablado con Gia sobre lo sucedido en cuanto al hijo de la actual presencia. Se iba a acercar a la habitaciĂłn y asĂ podrĂa instalarse, ya que le cederĂa su cama a Noelia por el tiempo que fuera necesario. Aquella pregunta le hizo tragar saliva, donde se encontrĂł con un nudo, que en su garganta minutos despuĂ©s se habĂa formado. Ni siquiera podĂa moverse, sentĂa como si sus mĂșsculos se hubieran congelado Âż era aquello normal ? sin embargo, al segundo de oĂr la siguiente frase, pudo reaccionar â Claro... Solo dĂ©jame recoger la guitarra â. MoviĂł el instrumento, dejĂĄndolo apoyado en la cama a su derecha  â Escucha... SĂ© que no quieres oĂr esto de mi, pero lo siento mucho â. Y es que aunque se hubiera prometido no mencionarle absolutamente nada, se vio en la obligaciĂłn de hacerlo cuando se plantĂł en su puerta.

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â Pero ÂżY Andrews? Nos va a matarâŠâ pregunto entre risas preocupada por lo que su directora pudiese llegar a decirles si sabia que dos de sus alumnos se habĂa escapado rumbo a Londres cual fugitivos. Y era casi imposible ocultar la escapada siendo ellos dos pues fueran a donde fueran de seguro algĂșn periodista los iba a reconocer. Todo aquello sonaba como una gran locura, y sin embargo junto a su novio Gianna era capaz de ir hasta el fin del mundo.â No. Tanto. Como. A. Mi. Recibirlos.â replico sonriente pausĂĄndose tras cada beso que iba recibiendo del britĂĄnico. â Al lugar misterioso, Âżcierto?ÂżNo pensas siquiera darme una mĂnima pistaâŠâ no planeaba darse por vencida hasta conseguir algĂșn dato que la ayudara a descifrar a donde se estaban dirigiendo. Era un muy mal habito de ella pues le ganaba la ansiedad y siempre terminaba arruinando las sorpresas. â DĂ©jame adivinarâŠ. ÂżUn concierto?ÂżUn encuentro con fans? O ya se!! ÂżEs una entrevista?ÂżO vamos al estudio? TodavĂa tenes que escuchar la canciĂłn que te compuseâŠâno recordaba la ultima vez que habĂa sido tan feliz como en ese momento. Probablemente se trataba de un bloqueo mental creado por ella misma tras la partida del rubio para ya no aferrarse a memorias que no hacĂan mĂĄs que lastimarla pues si bien su ausencia se le hacĂa una enfermedad sin fin que la iba consumiendo, no habĂa forma de hacĂ©rselo saber. Porque durante todos esos años Gianna supo que dejarlo ir fue su gran error pero verlo feliz en cada entrevista, en cada show, verlo triunfar hizo que sus lagrimas cobraran valor. Y pronto verlo sonreĂr hizo que el dolor se volviera soportable. Lo Ășnico que no habĂa podido aguantar fue saberlo de otras, y quizĂĄs por eso mismo se dejo enredar por los encantos del brasilero y luego lentamente busco refugio en la figura de Kaleem.â Va a ser el primer single de mi nuevo ĂĄlbum y quiero que lo escuches antes que los demĂĄsâŠâ le comento con una sonrisa de lado a lado mientras le tomaba la mano comenzando a caminar. â ÂżY entonces, donde esta la carroza, mi prĂncipe encantado?â bromeo.
â No vamos solo esta tarde, mañana estaremos de vuelta, no nos puede echar la bronca por estar fuera si no es horario escolar â. AfirmĂł sonriendo, tomando la mano de su novia. HabĂa echado de menos estar con ellas. HabĂa extrañado sentir cada centĂmetro de la epidermis ajena tan cercana a la propia. HabĂa echado en falta ver como tan solo su mirada decĂa âte quieroâ, y no tener que ocultarlo. La habĂa echado de menos a toda ella, a estar con la italiana. Y es que, hacĂa menos de dos meses que habĂa entrado al instituto. Verla junto a Ă©l y no tras una pantalla de ordenador era lo mejor sensaciĂłn que habĂa tenido en muchĂsimo tiempo. Pues si bien era cierto que sus giras habĂan coincidido alguna vez en un sitio, o la habĂa visto en una gala de premios; no era lo mismo que pasar junto a ella tanto tiempo â Ninguna â. NegĂł con la cabeza, sin dejar de sonreĂr en ningĂșn momento. RiĂł al escuchar todas las opciones que ella le proponĂa, pues le sorprendĂa que la mujer no se esperara aquello Âż no era obvio que se iban de cena ? por logĂstica: no habĂan tenido una cita aun desde que habĂan vuelto, y si Gianna habĂa dado el primer paso y preguntarle si querĂa salir con ella de nuevo, asĂ que a Ă©l le tocaba preparar aquello. Y sĂ, debĂa ser en aquel sitio â ,e encantarĂĄ escuchar esa canciĂłn... â. Se acercĂł a ella y depositĂł un beso en los labios contrarios, sonriendo al segundo y separĂĄndose despuĂ©s para observar las castañas orbes â Y todo el disco... Pero ahora tenemos que irnos â. SonriĂł â SĂ© que no sabes a donde vamos, pero crĂ©eme que te va a gustar... Ahora, vamos â. De la mano que tenĂa cogida, comenzĂł a correr hacia el exterior de los pasillos, arrastrando a la muchacha, con cuidado de no dañarla con lo tirones que estaba dando a su extremidad. Cuando llegaron a los jardines, mirĂł a la morena â Mi coche estĂĄ allĂ â. SeñalĂł al lugar con la mano sobrante â ÂĄ Vamos ! â. VolviĂł a curvar sus labios: solo esperaba que a la fĂ©mina le gustara lo que habĂa escogido... Porque para Ă©l significaba muchĂsimo.
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El muchacho se habĂa parado en el primer banco que hubo encontrado. Portaba su guitarra consigo y una reluciente sonrisa. Tras un fin de semana estresante y una fiesta con malos resultados el dĂa anterior: habĂa podido relajarse agarrando su guitarra de la habitaciĂłn en el momento en que Kaleem no estuvo dentro. Y no es que le tuviera miedo, solo no querĂa entrar en problemas con Ă©l, ya que su novia resultaba ser una gran amiga del moreno. Se sentĂł en la banca y doblĂł su pierna sobre la contraria, para apoyar el instrumento sobre esta. TocĂł un par de acordes para poder observar que las clavijas se encontraban en orden ( y asĂ era ). Al segundo, dejĂł que sus manos resbalaran por el mĂĄstil y cuerpo de aquel preciado objeto. AsĂ, se produjo la uniĂłn de diferentes notas, oyĂ©ndose una preciosa melodĂa que el mismo habĂa compuesto. Al abrir los ojos, saliĂł del trance al cual la mĂșsica le habĂa conducido â Lo siento... â. Se disculpĂł con la persona en su frente â Âż CuĂĄnto llevas allĂ ? â. PreguntĂł, algo curioso por la posiciĂłn del contrario â Âż Quieres que toque algo para ti ? â.Â

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- sin saber muy bien que hacer abrazĂł tĂmidamente a Adler pues el tiempo sin saber nada de Ă©l habĂa sido bastante, no entendĂa aquĂ©l encuentro. - Yo no puedo creer que estĂ©s aquĂ. - susurrĂł antes de soltarlo para despuĂ©s dar unos pasos hacĂa atrĂĄs. - PensĂ© que aun pasarĂas un largo tiempo trabajando y esas cosas. - exclamĂł, su mirada aun reflejaba confusiĂłn y no sabĂa muy bien que decir o que palabras usar, se mordiĂł el labio inferior nerviosa mirando el suelo pues aquĂ©l encuentro claro que le alegraba pero era extraño. -
â Dios... â. SĂ, aquello era en su mayorĂa lo que salĂa de la boca del rubio, pero ni en sus sueños habĂa imaginado ver a la mujer en aquel lugar. DespuĂ©s de sentir como ella se zafaba de su agarre, la mirĂł directamente a los ojos, esperando algo por su parte ya que Ă©l ni sabĂa como reaccionar â No â. AlcanzĂł a decir en el primer segundo como reflejo de aquel comentario, continuando la frase despuĂ©s â No... No seguĂ con aquello porque tuve que acabar mis estudios obligatorios antes de volver de gira, Âż no te contĂł tu padre ? â. PreguntĂł, frunciendo levemente el ceño â Vine aquĂ porque estĂĄn mi hermana pequeña y Gianna... Âż Recuerdas quiĂ©n era ? â. SĂ, estaba mencionando a su Ășnica otra ex-novia que hubo tenido en su vida... Realmente ni sabĂa como decirle que habĂa vuelto con ella.
â No, esta bien, ni es tan pesadaâŠâ respondiĂł divertida. SegĂșn sus profesoras de protocolo y ceremonial una verdadera dama no debĂa negarse a tales actos de caballerosidad pero tampoco es como si la castaña alguna vez hubiese hecho caso a esas cosas. â ÂżSos Adler, cierto? Creo que te vi en el instagram de Gianna.â
ObservĂł a la castaña, quien parecĂa realmente segura de lo que decĂa â EstĂĄ bien, como quieras â. Se encogiĂł de hombros â Pero te acompaño y si a mitad de camino te cansas, te ayudo Âż si ? â. SugiriĂł, esta vez mĂĄs por amabilidad â El mismo... â. Una sonrisa se formĂł en sus labios al mencionar el nombre de la italiana â ¿ Te llevas bien con ella ? â. PreguntĂł, comenzando a andar hacia el lugar donde ella debĂa ir, pues conocĂa el camino a la perfecciĂłn ya que ya se habĂa recorrido todo el instituto entero.