—Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.
Queridos hermanos:
Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios.
Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Con este Espíritu, fue a proclamar su mensaje a los espíritus encarcelados que en un tiempo habían sido rebeldes, cuando la paciencia de Dios aguardaba en tiempos de Noé, mientras se construía el arca, en la que unos pocos se salvaron cruzando las aguas. —Vuelvo al mar… a aquel barco nodriza, a la patera volcada, al cuerpo de Yiye flotando, a los gritos de desesperación de Awel.
—Aquello fue un símbolo del bautismo que actualmente los salva: que no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en implorar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.
Palabra del Señor —Finaliza el padre Wood la segunda lectura de la misa.
—Te alabamos Señor —responden algunas voces entre las que no se encuentra la mía. Yo solo observo, en silencio, sentada sola en uno de los bancos. Escucho el sonido de las hojas de la biblia que el cura pasa delante del micrófono cuyo sonido hace eco en la iglesia.
—Evangelio según San Mateo.
Aleluya.
Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. —Casi hasta me hace reír, pero ni ganas tengo. ¿Felices los que tienen alma de pobres? ¿Y los que somos pobres en cuerpo y alma? ¿Somos más felices que los felices de alma pobre…? Supongo que tendré un hueco en el cielo aunque no crea en ello. ¿Cuál es el cielo de los incrédulos?
—Aleluya. —Responden.
—Si ustedes no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.
-El sacerdote vuelve a pasar la hoja guiándose por unas pegatinas de colores que tiene pegadas al borde de la Santa Biblia. Queda ridículo…-
—Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: “¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”.
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: “Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos—.
Quizá sean esas palabras las más significativas de todas… nacemos y nos convertimos en niños al crecer… Perdemos todo al ser adultos… ¿y si volvemos a ser niños al morir? ¿Y si es ese el sentido de la vida y la muerte? Volver a ser quien fuiste una vez… no suena del todo ilógico. ¿Pero qué pasa con los que mueren siendo niños? De pronto siento frío y estiro las mangas de la sudadera hasta cubrirme las manos cerrando los dedos contra los puños de la tela para que no se me suban.



















