—Comprendo tu enojo, Anoona… Cuando piensas en el mal de los demás y en esa alegría que sentiste, ¿todavía lo sientes?
-Pienso en todo lo que pueden significar esas palabras, pero asiento con la cabeza.-
—Sí, porque su mal es mi bien.
-El padre Wood me observa y sonríe levemente.-
—Dios es misericordioso y perdona a todos sus hijos, Anoona… el pecado de alegrarse por el mal de los demás o el de sentir el placer de la carne, es tan comprendido por su piedad como la mentira, la amenaza o el odio… No debes castigarte porque estás arrepentida.
-Le observo en silencio, escuchando sus palabras en esa voz grave tocada por una leve ronquera. A veces parece que tiene afonía constante o que el aire se le escapa al hablar pero, aún así, su tono de voz consigue dar calma.
—He planeado secuestros y robos, me he escapado de lugares utilizando a los demás para conseguir mis objetivos… he dejado atrás a personas por salvarme yo.
-Le veo sonreír:
—Has tenido que soportar una vida llena de peligros y dificultades, Anoona… no me sorprende tu confesión porque ya sé la historia de tu vida. —Responde dejándome en silencio cuando los ojos se me llenan de lágrimas por esas palabras, pero yo niego con la cabeza.-
—Niña… Aunque tú no encuentres a Dios, Dios te ha encontrado a ti y te perdona. Sabe que te arrepientes y entiende lo que has tenido que hacer hasta llegar a su templo y salvarte. Dios es tu libertad y te tiene arropada en su bondad. Tu alma está sana.
—He matado a un hombre.
El Padre Wood y Anoona



















