Que no me invada la infinita tristeza o la desesperanza del momento.
Hoy comparti con la guaguita la mitad de la nada, el maldito ser perverso al que soy, por encima del remordimiento, no entiendo mi emoción humana, estoy seguro de lo que soy pero le temo al abismo, quizá por eso no me paro en ninguna escalera y no es por que se que perderé el equilibro y seré golpeado, el dolor no es lo importante. Lo que en realidad asusta es regresar al vientre materno, como un dinosaurio, como alguien que perdió la juventud.
Y los veo en sus pogos, promuevo el espacio, todo con múltiples disparos al aire, todo por sobrevivir, maldita adultes latinoamericana, quisiera solo pensar en que dormir y no existir sea el yo.
Pero soy una banda de jazz en Tokio, totalmente estridente.
Recuerdo escribir poemas por soledad y abandono al arte en los buses del Mio, todo para poder embriagarme un poco del arte, ahora, alcohólico realmente de él y del verdadero licor, imploro la necesidad de la dignidad en mi vida, ya no más ser niño, grito por no serlo, por igualar a los otros.
Hasta quienes cuide, hasta quienes envicie, hasta quienes me dieron la espalda son seres de la adultes y yo aquí, procurando el menor ruido y dolor de manos.
Mayor logró una habitación ordenada, por ganas de sexo, dinero de deudas con promesas maliciosas, entre el poema y el poeta, solo soy un latino luchando.
Por el sonido y por mi, la verdad no conocí más, al fin y al cabo terminaré solo en un bar yendo a ver a los últimos que se ríen de mis chistes, siendo cabeza de imaginarios privilegiados, del que es mi padre quien me controla y me quiere, quien quizá ve reflejada su sencibilidsd y su estancia de piedra qué no sede.
Pero que nunca tuvo nada.
¿Algo tendré?















