La vida podía llegar a ser sumamente injusta, haciendo que los seres pagaran por cada uno de los pecados que cometían en la tierra. La fémina no estaba exenta de la mala suerte, pues constantemente el destino se empeñaba en jugarle malas bromas. Muchos de sus compañeros, la recibieron con los brazos abiertos, otros, prefirieron ignorar su presencia. Era cierto, su llegada al internado causó más de una reacción negativa. Pero, ¿qué podía hacer ella? Aún se estaba debatiendo con los demonios que habitaban en su interior, los mismos que por las noches, le recordaban lo bien que se la pasaba cuando estaba bajo los efectos de las drogas. Las caminatas por el bosque lograban distraerla, existía algo en la naturaleza que la hipnotizaba, la misma belleza de las plantas la dejaba sin habla. La voz de la fémina hizo que todo se volviera tenso, pensó en darle la vuelta a la chica, pero se percató que estaba cansada de ser cobarde, o bueno, de querer tapar el sol con un dedo. “Tal parece que ahora no estás soñando conmigo, ragazza.” Articuló en su idioma natal, pensando por un momento, en todo lo que había sucedido entre ellas. ¿La odiaba? No, ni siquiera le tomaba importancia a su existencia. Muchas de las noches que compartió con ella, habían sido el resultado de una noche llena de excesos, pero al final del día, despertaba al lado de la persona que creyó amar. “No, por desgracia sigues viva.” Decidió dejar a un lado todo lo que había aprendido en las terapias, ella no merecía ni un poco de respeto, en su corazón, aún estaban recientes las las heridas de aquella noche, la misma en la que Raven, decidió dejarla ir.
“soñar existe para crear aquello que no es real. tal como el amor que algún día nos tuvimos, ¿o me equivoco?” se mofó de su propia expresión, como si su lengua acariciara las letras que enarbolaban nada menos que una verdad maquillada de puras patrañas. era difícil engañar a su espectadora, cuando sus palabras trataban de negar un hecho que no hacia más que apreciar su persona de una forma singular, donde su mirar exponía una batalla mental entre el cariño y la angustia. cierto era que el sentimiento que fomentó su relación no residía en ella con el mismo fervor cuando ambas aún se encontraban juntas, sin embargo extrañaba el apoyo que la italiana era capaz de otorgar. a expensas de su propio dolor, alistando a sus demonios como una familia feliz dispuesta a pincelar una sonrisa entre sus facciones por más que creyera carecente de semejante fortaleza. idolatraba su valentía, lo suficiente como para que tal forma de pasión evolucionara al odio que aquel último periodo alardeaba conservar. pero no para fomentar envidia, más bien para resaltar la falta de tal factor que la ojiazul necesitaba ver. las drogas consumieron poco a poco a su usuaria, perfilando su belleza con tremulosa perversión, desquiciando la mente donde residía el jardín de maravillas que alentaban la pasión esculpida por sus manos en el violín que prometió no volver a tocar. ese que efectuó su última pieza cuando la ruptura entre las dos se asomó de manera impúdica. pero ahora no le quedaba más que reírse de si misma, porque el día actual fue el que finalmente logró ver nuevamente a la gizell que tanto anhelaba contemplar. sí, aquella que alimentaba su andar de peculiar esperanza y dignidad. “veo que la abstinencia te sentó más que bien” señaló divertida, tintando sus carmesí con una particular sorna. “lástima que los medios fueron un tanto extremos. siempre tan seductora de los límites” recordó, riendo inaudiblemente, acariciando el recuerdo con su brillante dentina.