La princesa Kaydentsina (AU @Kayden)
En un lejano reino llamado “Ixsos-Efie”, vivía un codicioso rey. O al menos así le veía la gente.
El monarca había seguido una estricta política económica basada en el reparto de tierras entre los campesinos y la clase alta, consiguiendo un equilibrio quasi-perfecto. La principal fuente de ingresos era la agricultura, muy próspera gracias a los numerosos ríos que cruzaban la nación dando lugar a tierras muy fértiles.
Sin embargo, este sistema basado en los cultivos tenía un inconveniente que nadie vio. Vino una época de malas cosechas, y una horrible crisis sacudió el reino. El pobre rey intentaba hacer lo que podía para solucionar la situación, pero la clase privilegiada infundía ideas revolucionarias en el pueblo, para poder eliminar al monarca y retomar el poder que este les quitó con el reparto de tierras. Influenciados por los nobles (aun sin conocer los verdaderos motivos de estos), el inculto pueblo organizaba revueltas violentas por todas las ciudades, reclamando la eliminación de la monarquía y asesinando a los simpatizantes de esta.
Pero el rey, al borde de ser derrocado, mantenía la cabeza fría. Los nobles sabían que su ejército le era fiel y tenía contactos exteriores, por lo que podría acabar sin problemas con los disidentes. A sabiendas de que era imposible arreglar la situación actual, el rey ofreció una oferta al pueblo. Hacía unos días, había tenido un hijo. El monarca explicó frente al pueblo que se trataba de una hija, por lo que al morir él y dejar el trono sin heredero podrían quedarse con el poder. A regañadientes el pueblo aceptó, sabían que ya había sido un milagro que la reina hubiera tenido descendencia, y probablemente no tendría más.
Sin embargo, el bebé era un príncipe, no una princesa. El rey acabó con todas las personas que habían visto al recién nacido, a excepción de las personas de su confianza, alegando que murieron en un ataque al castillo para acabar con su hija. Desde ahí, el bebé fue encerrado, creciendo alejado de la gente para no revelar el secreto.
Cuando el joven cumplió los dieciséis años, el pueblo exigió ver a la princesa. Había gente que sospechaba que todo era un sucio plan, y solo intentaba alargar su tiempo en el poder hasta encontrar un heredero con el que casar a su hija, o incluso cambiar las leyes para que fuera reina. Otros decían que no tenía ninguna hija, e intentaba buscar un familiar joven para darle el trono. El rumor de que era un niño tenía poca fuerza, pero también estaba presente.
Poco a poco el reino iba saliendo de la crisis gracias al rey, pero seguían sin quererlo como líder. Las revueltas eran cada vez más violentas, y el rey y la reina comenzaron a temer por la vida de su hijo Kayden, o mejor dicho, de Kaydentsina, la princesa de Ixsos-Efie. Por ello, el rey buscó al mejor guerrero del reino, y contrató al joven Yellow, un buen soldado y aparentemente fiel a la corona.
También se sabía poco de Yellow. Había mentido sobre su género para poder optar al puesto, pues en realidad era una revolucionaria que quería acabar con la vida de la heredera al trono para asegurar el triunfo de la revolución.
El castillo contaba ya con muy poco personal, y muchos salones ya ni se usaban debido al secreto del príncipe. La anciana criada Gertrudis (principal trabajadora, que se ocupaba de controlar a las más jóvenes) le explicó a Yellow cómo funcionaba todo por allí, horarios de comidas, habitaciones, todo. Le dejó frente a la puerta del dormitorio de Kayden. La puerta estaba llena de pequeñas tallas y el pasillo estaba cubierto de cuadros y pinturas. Alfombras de todos los colores cubrían el suelo.
—"¿Seguro que podrás? La princesa es un poco cabezota a veces"—Dijo Gertrudis con una gran sonrisa.
—Seguro.—Contestó devolviéndole la sonrisa.
Yellow tocó la puerta suavemente, esperando una respuesta por parte de la noble chica que aguardaba dentro.















