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Frida Gustavsson by Andreas Sjodin for Elle Sweden April 2015
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—Van Gogh, —respondiĂł sin darle muchas vueltas al asunto, pues el enfoque de su atenciĂłn se encontraba en aquella zapatilla embarrada, arruinada, segĂşn los pensamientos fatalistas que siempre inundaban la mente holandesa en momentos de desgracia (aunque fuese una desgracia mĂnima). —Uh, Âżsabes cĂłmo sacar lodo de la tela de las zapatillas? —esta vez se volteĂł para enfrentar el rostro contrario. —Eso me serĂa de gran ayuda, —y una amplia sonrisa le truncĂł el rostro, bastante neutral.
—Van Gogh —RepitiĂł, pero esta vez en direcciĂłn al pequeño animal —Tienes un bonito nombre, —a medida que las palabras se soltaban de su lengua, adoptaban un tono más aterciopelado que el normal, encantada por las reacciĂłn del can. —¿CĂłmo prefieres que te llamen? —Fue interrumpida por la muchacha, buscando una posible soluciĂłn al reciente problema. —Con un paño y agua, eso creo. La cafeterĂa queda muy cerca, ahĂ te podrĂan dar un par de servilletas. ÂżQuieres que te acompañe? O no sĂ© si prefieras ir a tu cabaña a cambiarte, aunque la mancha no se ve mal en absoluto, incluso podrĂa ser el inicio de un tema de conversaciĂłn: Contar tu gran aventura por las instalaciones.
Viniendo del salĂłn de mĂşsica, con la guitarra en mano y tratándola como si fuera de cristal, la joven estaba sobre uno de los troncos viejos, intentando acordes que solo conseguĂan frustrarla. —Oye, Âżsabes afinar? —interpelĂł, esperando no  haber espantado a la joven silueta e hizo un ademán con la barbilla hacĂa el objeto de madera.
—PodrĂa intentarlo, pero no estoy segura de hacerlo bien —RespondiĂł a la incĂłgnita con una suave mueca en los labios, casi con pena. Le gustaba tanto la mĂşsica como a cualquier ser humano, sin embargo poseĂa más afinidad para otras ramas del arte tal como la escritura y la pintura, asĂ que sus habilidades eran más bien rusticas. —Si estuviĂ©ramos en una banda probablemente serĂa la chica del pandero, no confiemos tanto en mĂ… ÂżQuĂ© te parece si preguntamos a otro campista? Con el aparato todo es mucho más fácil.

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– Es un libro infantil –InformĂł con una sonrisa. Era unos de los pocos libros que se encontraban en aquella biblioteca, y además de ser el Ăşnico que le llamĂł la atenciĂłn a la rubia, más por las ilustraciones que otra cosa.– En realidad no explica el por quĂ© de su salto… pero creo que fue por que querĂa jugar con la pata, supongo –ExplicĂł, intentando pensar con un poco de inocencia, más de la comĂşn, puesto que era un libro infantil.
—Oh... —AlzĂł el mentĂłn tratando de ver desde su lugar alguna ilustraciĂłn que explicara el contenido, pero como era de esperarse fallĂł. —¿Te gusta ese tipo de lectura o fue lo primero que encontraste? —CuestionĂł, embozando una sonrisa. —Es un cuento un tanto extraño, creo, en realidad no me entiendo mucho con los niños, supongo que eso les gusta. ÂżPor quĂ© no se los lees? AsĂ tendrĂas un pĂşblico.
– Y luego el pato saltó… –Leyó en voz alta para después soltar una carcajada ahogada, asà llevando su mano a su estómago. La muchacha ya llevaba más de media hora sentada en aquel viejo tronco leyendo un libro infantil, el cual a decir verdad, le causaba bastante gracia.
La mayor se encontraba en las cercanĂas del perĂmetro cuando la rubia llegĂł, sin embargo no mencionĂł nada pues pensĂł que la visita era alejarse del ruido del punto cĂ©ntrico del campamento, Âży quiĂ©n se puede concentrar con el parloteo? Pero cuando la otra figurilla comenzĂł a reĂr, el desconcierto y la curiosidad salieron a flote. — ÂżQuĂ© es lo que lees? —PreguntĂł, añadiendo tambiĂ©n: — ÂżPor quĂ© el pato saltĂł?
El solo mirarse el calzado deportivo le apestaba el ánimo, rodĂł los ojos. Mientras veĂa su camino para no tropezarse con nada, mientras sostenĂa casi en el aire a su perrito francesito, que se habĂa llevado con ella por negarse a dejarle en casa. En eso estaba cuando enterrĂł todo un pie en el barro. –Ay, ¡quĂ© asco! –exclamĂł, al tiempo que buscaba con la mirada a algĂşn campista. –Eh, tĂş, –llamĂł, sin siquiera ver a quiĂ©n se referĂa, atenta a su pie embarrado. –¿Te molestarĂa sujetarlo un momento? –estirĂł sus manos con el perro entre ellas, esperando la ayuda del contrario.Â
El andar de la sueca no era el más privilegiado, siempre tropezando incluso con sus propias piernas, por lo que normal resultaba estar envuelta en una situaciĂłn similar a la que habĂa acontecido con la rubia, pero a que diferencia de ella, al parecer no se lo tomaba de la mejor manera. Estaba decidida a caminar hasta la silueta holandesa y preguntar cĂłmo se encontraba, sin embargo entre tanto lĂo mental la voz terminĂł llamándola primero, lo que sirviĂł como despertador para su propia cabeza —Claro… ÂżCĂłmo se llama? —Una ancha sonrisa apareciĂł cuando el perrito estuvo entre sus brazos, entretenida en acariciarlo.  — ÂżQuieres que te ayude en algo más? Â

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— ÂżY cual de todos estos robots es más recomendable para sacar el aburrimiento corporal? — cuestionĂł en referencia a la colecciĂłn de juegos mecánicos. DespuĂ©s de haber invertido las primeras horas de la feria, en una profunda etapa de sueño, dentro del vehĂculo de traslado. Mientras aquellas facciones soñolientas no se habĂan eliminado del todo.
—Depende de todo. ÂżQuĂ© es lo que te gusta? —Los iris color azul bajaron hasta encontrar el rostro de la dueña de mechones chocolate, ladeando su sonrisa al culminar la bĂşsqueda. —Está la rueda de la fortuna, los carritos chocones, el kamikaze… —EnumerĂł las opciones con los dedos de una sola mano, cerrándola cuando tuvo una idea mejor. —¡El regulador de fuerza! PodrĂas ganarte el premio. ÂżO prefieres algo más mecánico? —IndagĂł, acomodando tras su oreja hebras de cabello.
—¿No te parece curioso?— cuestionĂł una vez que, en el centro de la casa de los espejos, notĂł un segundo reflejo extranjero. —Creo que gracias a los espejos comenzĂł a interesarme la fĂsica y todos esos fenĂłmenos,— comentĂł, entrecerrando sus ojos, volteándose y dirigiendo su vista hacia el lugar exacto donde se situaba la otra persona. —¿Cuál de todos te gusta más, hm?— se vio en la necesidad de preguntar, con una sutil sonrisa curvándose en sus labios.Â
—Entonces este es un bonito sitio para estar… —Dijo, regalándole una sonrisa. La fĂsica, asĂ como cualquier rama de la materia (en este caso la Ăłptica), apenas y despertaban algĂşn tipo de interĂ©s, recordaba vagamente lo aprendido en el instinto y todavĂa no tenĂa buen razonamiento respecto al asunto. Sin embargo en esa ocasiĂłn no se trataba de ella, si no de los gustos del contrario. Escuchar a las personas apasionadas por un tema de su agrado era algo que realmente gozaba. DespuĂ©s de meditar la pregunta, dedicándose a observar el resto de los espejos del pasillo llegĂł hasta uno y lo señalĂł. —AquĂ, me gusta —La imagen regalada hacĂa que las figuras se encogieran y la distorsiĂłn de los cuerpos antojaba todo más divertido, por lo que no dudĂł en emitir una pequeña risa . —Le quita la seriedad a absolutamente todo. ÂżTĂş cuál prefieres?
ÂżQuiĂ©n más que ella podrĂa aceptar una inocente competencia de Tiro al Blanco para demostrar su punterĂa como ex competidora de Badmington? Lo habĂa dejado por obvias razones, esas razones eran que habĂa golpeado a una contrincante durante una discusiĂłn en cancha, la habĂan suspendido por cinco fechas y no pensaba mirar a sus compañeras competir, sentada en el banco, por lo que prefiriĂł abandonar el equipo de todas formas nunca habĂa sido mucho de su agrado. Los primeros dos tiros de los seis habĂan sido fallidos por parte de la escocesa, que obviamente no entraba dentro de su lĂmite de paciencia o tranquilidad con su propio ego. AsĂ que antes de que tirara su contrincante de turno, le cubriĂł los ojos, trampa obvia que ocultaba en una simple broma y risas suaves, pero en realidad si deseaba hacer perder a su competencia, o al menos ganarle, que era prácticamente lo mismo — ÂżPor quĂ© no tiras ahora? Si eres para este juego, lo harĂas hasta con ojos vendados — Dijo con tono jocoso tapando su propio enojo consigo misma.
TomĂł con inseguridad una de las pelotas, sosteniĂ©ndola entre sus manos para tratar de acostumbrarse a aquel mĂnimo peso, terminando por juguetear con ella para calentar. O un intento, porque la verdad era que no estaba relacionada con ese tipo de actividades. No era la primera vez que asistĂa a una feria, incluso le encantaban; las luces, las personas, los sonidos y los olores. Todo en conjunto le parecĂa maravilloso, digno de guardar en su memoria. Pero sĂ que era la primera vez que se atrevĂa a tentar a la suerte en un juego como esos, y dejaba aquello a la suerte porque con su nula coordinaciĂłn si no lastimaba a alguien es que rebozaba de buena fortuna, porque pedir dar en el blanco ya era demasiado. AlzĂł una de sus manos junto con el objeto, tomĂł aire y cuando trataba de lanzarlo sintiĂł las tibias manos femeninas cubrir su rostro, impidiendo ver con claridad. —¡Pero yo no soy buena en este juego! —ArgumentĂł con una tenue sonrisa en los labios, despegándose del contacto. —¿Y eso no serĂa hacer trampa?
"Is that alright with you?"

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It’s better to feel pain, than nothing at all The opposite of love is indifference So pay attention now, I’m standing on your porch screaming out And I won’t leave until you come downstairs
WA | Rea
Rea: ...
Rea: Bueno, pero sĂłlo un par de lĂneas.
Elina: *heart eyes emoji*
Elina: Pero si sĂłlo son dos lĂneas quiero tambiĂ©n un dulce...