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La amenaza ya había sido eliminada, Sumeru y la gente cercana a él (pocas, pero existentes) están a salvo y para finalizar, tuvieron una plática sobre el sentimentalismo de su pareja, además de querer aportar su grano para que la relación siga fortaleciéndose. Entonces, ¿Por qué no podía apartar su mirada del rubio? Él, Alhaitham, una mente maestra de la región y superior a muchas otras, por primera vez desconoce el porqué de esa ligera angustia que lleva en su pecho. Tal vez fue por el estrés de la situación o la charla que tuvieron aquella bajo las estrellas, donde pudo besarlo de ser alguien que no le importase las muestras de afecto en público.
Frota el puente de su nariz de camino a casa con una mano, mientras que la otra sujeta una bolsa con postres que compró para compartir específicamente con su compañero de casa. ¿Qué estaba haciendo? Una vez leyó que las parejas suelen darse regalos sin querer nada a cambio con la sola intención de ver la sonrisa más radiante en el rostro del otro y él, que había prometido a sí mismo cambiar un poco, no podía dejar pasar la oportunidad que la alegría se sobrepusiera sobre cualquier signo de cansancio del omega.
“¿Estás en casa?” pregunta, el tono serio que suele usar cuando habla con otros desaparece, dejando salir uno más cálido y suave, siendo recibido por un aroma que tan bien conocía y le hace abrir la boca como si quisiera perderse por completo en este, la tinta y sándalo propia brotando con naturalidad.
No le gusta ser una criatura cruel, no como la gran mayoría de sus pares en los Harbingers, pero al parecer había aprendido bien su lección de hace cinco años: no debes confiar en los Dioses. La ultima vez que lo hizo, este mismo hombre que parecía afectado por su desdén, le había roto su joven corazón, uno que le había entregado cuando desconocía su verdadera identidad, y aunque ambos estuvieron tejiendo mentiras, Zhongli se había burlado en su cara completamente puesto que, para sus ojos divinos, Childe era un libro abierto. Todos sus secretos habían sido colocados en su mesa desde que hizo ese tratado con su Tsaritsa. A ella no podía odiarla, aunque esa mirada gélida no resguardaba tampoco ningún afecto convencional con él, aquella fría y gentil mano fue la primera y ultima en tocarlo con genuino amor después de ser rechazado por todos. - —Tu pareces afectado por el verano, luces enfermo — -fue directo con aquello, apretando sus manos en el respaldo de la silla, soltando y suspirando; como si sopesara las consecuencias que traería el sentarse o no. Odiaba caminar por el hielo frágil de un lago apenas congelado, temiendo el ser tragado por la oscuridad otra vez y morir ahogado. Una mano enguantada sube para acariciar su propio cabello rojizo, alborotándolo antes de sentarse frente al otro y escuchar lo que tenía que decir. Honestamente, creyó que aquello sería una reunión de negocios, pero al parecer tocarían temas del corazón y su Tsaritsa lo sabe, no es un tema que le encante. - —Morax — -su titulo se escapa de entre los dientes, ligeramente envenenado. Childe suspira, rascando ligeramente su nariz con el dedo índice. - —Zhongli — -ese nombre le quedaba mejor, aunque aun faltaba ese adorable honorifico que los niños de liyue le enseñaron para referirse a su superior, aun recuerda la dulce sonrisa que el otro mostro al escuchar un maltrecho “xiansheng” de su boca. Parecía hace mucho tiempo, lejano. Sin embargo, la esencia amargada del contrario le pone en alerta, su lobo interior queriendo extender sus manos y tomar las contrarias, cuidar y proteger, marcar como suyo… - —No te entiendo Zhongli, no sé ni siquiera quien eres detrás de la farsa que me vendiste y ese rito de las linternas fue… no fue exactamente una charla para comprendernos.
Los dragones son más parecidos a las serpientes de lo que parece, siendo de sangre fría disfruta estar bajo los rayos del Sol, ya sea durante un pase, mirando a través de la ventana o acompañado de flores. Pero ahora no está enfermo por eso, al menos no por las altas temperaturas, sino por un motivo que le ha causado nauseas durante días y su propio cuerpo se sienta cansado incluso al despertar. Su nombre antiguo pronunciado por los labios ajenos le da una pisca de esperanza, la misma que no tarda en desaparecer cuando lo corrige, jamás le había dolido tanto ser llamado por ‘Zhongli’. Cede la palabra en silencio, cualquier rastro de las flores qingxin ha desaparecido y por mucho que intentase regular su aroma, cada palabra de Tartaglia parece amargarla más y más. “Yo…” es humano, intenta ser humano a pesar que estaba listo para defender su ciudad de Osial una última vez. Ahora, abandonando su gnosis y título, quiere creer que es alguien común y corriente, deseaba serlo desde que su corazón comenzó a latir gracias al afecto genuino del alfa, esas palabras de amor, promesas de viaje juntos y noches tomados de la mano mientras pensaban dónde comer al día siguiente. Pero, ¿Es realmente humano? Existen rocas que tardar miles de años en formarse y por ende, no pueden cambiar su naturaleza. “No tengo nada que ocultar, sabes quién soy y de seguro conoces mi pasado.” Tarea sencilla cuando hay cientos de historias suyas por la región y las diferentes formas que adoptó para acercarse a otros. “Lamentablemente, te enteraste de la peor manera… pero quería explicarlo, solo no encontraba la ocasión y luego…” el ataque, las siete estrellas y adeptus protegiendo Liyue y la entrega de lo que le unía a Celestia fue tan rápido que no tuvo tiempo para explicarle en privado, no cuando su presencia fue requerida por la Signora y debía fingir que entre ellos no existía un vínculo amoroso. Su gente a cambio de perder la otra mitad que le complementa; las dos cosas que más amaba. “No puedo cambiar mis acciones por mucho que quisiera, el tiempo fluye seguirá haciéndolo.” Logra conectar los vocablos, retirando lentamente la extremidad de su rostro, comprobando si podía respirar mejor. “El motivo por el que pedí que vinieras… es sobre el futuro.” Lo único que quedaba para ellos, el pasado es una enorme herida y el presente se vuelve cada vez más difícil. “Te eché de menos, Tartaglia.”
Tartaglia muerde su labio inferior ligeramente, claramente ahora que ya estaba ahí frente a la puerta de la persona que más atesoraba, pero también quien más daño le había hecho en su corta vida, estaba nervioso. No obstante, tiene oídos agudos para detectar los pasos y su espalda se irgue, escondiéndose ligeramente en su capa de fatui antes de ser golpeado completamente en la cara por un aroma exquisito, dulce y perfectamente Zhongli que le abruma de inmediato. Tartaglia es un alfa, uno en su prime, no obstante, tempranamente había descubierto que su estatus y las esencias eran una molestia para su mayor adoración que era la batalla, optando por supresores en forma de parches para eliminar su esencia y claramente, hacerlo más débil a ser afectado por cualquier tipo de omega. Vivía en la guerra, claramente no podía darse el lujo de ser un alfa normal y corriente. Por lo que sentirse abrumado, le descoloca ligeramente. No sabe como traducir tampoco el aroma del otro, siendo tan Zhongli pero con un toque de algo más… - —No me llames de esa forma… — -Zhongli había perdido el lujo de dirigirse a su persona con su nombre, decidiendo el pelirrojo que eran solo dos sujetos que usaban sus nombres de diplomáticos. Pero no es una persona cruel, por lo que se siente mal de inmediato por quitarle ese lujo al otro, apretando sus labios y entrando en el recinto cuando es invitado, negando con la cabeza. - —Hace bastante calor en Liyue… realmente no me apetece nada caliente — -comenta, quitándose el abrigo y colocándolo sobre el respaldo de una silla. Es incomodo y odia esa sensación. Porque antes aquel lugar se volvió hogar, y la ultima vez que estuvo ahí, ambos se hundieron de nueva cuenta en la dulzura de una cama y palabras sosas que no estaba seguro tuvieran el mismo valor ahora. Childe se irgue en su lugar, alzando los ojos azules carentes de brillo con dirección al mayor. - —¿Qué sucede? Tu carta lucía extraña, para ser un hombre de muchas palabras siempre, aquello pareció un grito de ayuda de alguna manera.
Ambos tienen más en común de lo que parece, en realidad. Zhongli ha sido omega toda su vida, su fuerza en batalla confundía a cualquier rival o persona que le conociera. Ante la mirada de muchos, Morax era un alfa y muy pocos conocían la verdad de su interior, siendo ellos una diosa dulce y amable que lo aceptó en sus delgados brazos, repitiéndole que no tenía nada de malo. Todo lo bonito tiene un final y en está historia, su lobo se encontraba dormido desde la muerte de Guizhong, demasiado roto para siquiera pensar en amar alguien más de manera romántica y terminó dedicándose únicamente a su gente para que fuesen una nación próspera y poderosa, pues en un futuro quizás él no esté para protegerlos. La erosión sigue presente en el mundo, ha perdido a muchos y pensaba que, al no desear a nadie, no sería tan dolorosa su partida y ascensión a las estrellas. Pero Tartaglia le demostró que aún añoraba ser amado, ser tocado con cuidado, escuchar palabras sinceras de afecto y sentir el calor de alguien contra su frío cuerpo de reptil. Es por eso que su reacción ante las palabras ajenas sobre cómo dirigirse a él le hacen retroceder, dejando escapar un suave quejido. “Discúlpame, no sucederá otra vez.” Quiere huir, esconderse y hacer como que no ha pasado nada, no debió enviar esa carta con desesperación, no debió intentar arreglar algo que parece perdido. Tuvo su oportunidad en el Rito de la Linterna y lo dejó ir otra vez. La primera vez fue un error, ¿La segunda podía siquiera llamarse así? “Estamos en verano… espero que no te afecte.” Un tonto intento por hablar como antes, cuando era una pareja de enamorados planificando su futuro juntos.
La pregunta causa que un escalofrío recorra su espalda, apoyándose levemente en la puerta una vez la cierra. “Creo que tu afirmación no está muy lejos de ser cierto.” Sincera, su cuerpo comienza a fallar y debe caminar hacia la cocina nuevamente con rapidez, tomando asiendo en un lugar e indicándole que puede imitar su gesto, o quedarse pie si deseaba, sujetando el objeto y dando un suave sorbo al líquido. La poca energía que tiene debe ser usada para tocar el tema por el cual requería su presencia, no para discusiones. Sin embargo, de pronto el té se vuelve tan amargo como su esencia misma y Zhongli debe cubrir su rostro con una mano, respirando lento. “Algo ha sucedido desde… ese día. Toda la cabeza me da vueltas y no he dejado de pensar en qué pudo suceder si… si rogaba que te quedases a mi lado en lugar de ver tu espalda partir una vez más.”
Tartaglia no había nacido como un alma libre, siendo alguien que amaba su casa, sus hermanos y el simplemente pescar en el borde de un lago congelado en compañía del hombre a quien solía admirar. Cosas simples, quizá su vida hubiese sido dirigida a un banalidad e inferioridad propia de los mortales, hubiese trabajado donde su padre en la pesca o la crianza de animales y formado una familia grande y acogedora en el lugar más frío del planeta. No obstante, su destino estaba escrito con sangre y en una caída al abismo, donde resurgió con una sed que no puede ser aplacada, su camino le llevó a pasar por monstruos y seres humanos por igual, pisoteando carne y hueso, bañándose en el liquido carmín de la vida misma. Era un alma libre, joven y de pocos modales, o es lo que solían decirle los adultos. Por ello, no era de sorprender que la mañana siguiente luego de un encuentro que no debió darse, volvió a tomar sus cosas, hizo sus labores como Harbinger y marchó sobe un barco donde la brisa marina embriagaba sus pulmones. No huyó, porque no es un cobarde, pero tampoco hubo promesas ni suplicas, ninguno de los dos se pidió quedarse o acompañar al otro, por ende, la despedida fue exactamente igual a la primera. Al menos, hasta que recibió aquella carta. Abandona el barco, hablando con sus subordinados de que aguarden y sin más, como una sombra y como fue entrenado, se inmiscuye entre calles aledañas y se dirige hasta la pequeña casa del contrario, no muy lejos de la gran ciudad, pero tampoco dentro de ella, mimetizándose entre su gente, pero sin dejar que ellos estén demasiado cerca. Asume, que así es como se siente ser un Dios entre mortales; cerca pero no igual a ellos. Toca tres veces, dos y uno pausado, como solía hacerlo para hacerle saber que es él y espera.
Para ser una entidad longeva con miles de año sobre el planeta y con cientos de muertes en sus manos en nombre de sus seres queridos y gente a su cuidado, esta era la primera vez que genuinamente sentía miedo. Miedo del futuro, de lo que podría pasar si esto se llevaba a cabo en medio del camino de Aether hasta dar con el Orden Celestial, dispuesto a defender su nación de ser necesario aunque… ¿Podría hacer si en su interior una vida se está gestado?
El té estaba listo, se había pedido unos días de descanso con la excusa que no se sentía bien, con la promesa de visitar a Baizhu cuando regrese para tranquilizar a la pequeña Hu Tao y no tenerla veinticuatro siete en su hogar. No es que le molestase, esa niña ha sido una alegría en su vida mortal y genuinamente la aprecia, sin embargo es demasiado lista y notaría los cambios en su persona (si es que no los ha notado antes y ha preferido no hablar del tema), lo que conllevaría a que los adeptus se enterasen de la noticia y bueno, sería imposible para él explicar sin que la fría roca se quebrase por completo. Alguien toca a su puerta cuando está sirviendo una taza, aquella de hierbas ayudaba con los síntomas y le distraía de sus propios pensamientos, esperando paciente una última vez para salir, seguramente su jefa se cansó de su ausencia y ha decidido visitarle. Pero no fue así, ese último sonido lo paraliza por completo, el agua había sobrepasado el recipiente y el sonido provocado fue lo que traje al dragón de regresa a la tierra, secando la mesa rápidamente antes de caminar hacia la puerta. Los pasos eran desesperados, ansiosos, podía sentir cómo sus ojos comenzaban a nublarse, habían perdido la esperanza que su mensaje llegase a él antes que la criatura naciera. La esencia a té endulzándose demasiado, tanto que podría ahogarse en la misma de no abrir la puerta.
“Ajax.” Lo llama por su nombre real apenas abre la puerta, abriendo la boca para decir algo más en vano, sus pupilas doradas escaneando la figura de quien ama con locura, buscando alguna nueva herida que requiera ser tratada por su persona. “Ah, yo—” quiere gritar, lanzarse a esos brazos una vez más y comprobar que es su mente jugándole una mala pasada como llevaba haciendo durante esos cinco años apartados por completo, mas se mantiene firme, temeroso a que la cercanía le asuste y se marche en barco nuevamente. Zhongli aclara su garganta varias veces antes de hablar. “Adelante, hice té de hierbas… ¿Te gusta? Puedo preparar otra infusión si deseas.” Dicho eso, se hace a un lado de la puerta, permitiéndole ingresa a su hogar. “Gracias por venir…”

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Al principio no tomó en cuenta las señales de su cuerpo, atribuyéndolo a un malestar o la clara ausencia del otro lobo que complementaba el suyo tras reencontrarse después de tanto tiempo, despidiéndose una vez más a pesar que Zhongli ansiaba suplicarle que se quedase, que podía convencer a las siete estrellas de su amada región que quitasen cualquier orden de búsqueda en su contra y así, vivir juntos. O si Tartaglia prefería establecerse en su lugar natal, él estaba más que dispuesto a seguirlo hasta el fin del mundo. Sin embargo sus caminos son diferentes por ahora, quizás cuando todo el asunto del viajero se termine y Teyvat esté en paz al fin, puedan intentarlo nuevamente. El amor sigue presente, de lo contrario no hubiesen pasado esa noche juntos sin parar, perdiéndose en el cuerpo del otro y susurrándose las palabras de afecto más lindas de todas, mientras sus esencias bailaban sin parar, la brisa marina mezclándose con el té negro propio, endulzado naturalmente por tanta estimulación.
Lo que jamás imaginó es que esa noche sería decisiva para ambos y ahora... ahora debían tomar cartas en el asunto.
Un mensaje escrito a mano en el más fino papel que podía encontrar en Liyue fue enviado al otro lado del mundo, aquella región helada, esperando que el Fatui pasara de casualidad y la leyese antes que sea demasiado tarde.
𝐷𝑒𝑏𝑒𝑚𝑜𝑠 ℎ𝑎𝑏𝑙𝑎𝑟, 𝐴𝑗𝑎𝑥.
Yuuri balanceaba sus pies contentos en aquella barandilla que separaba el corral de los caballos con el césped del entrenamiento de escobas, disfrutando de aquella paleta de hielo luego de un largo día bajo el sol, sintiendo el viento menear su cabello sujetado en una coleta baja y dejando salir un largo suspiro al sacar el postre de su boca con un pop. Habían hecho limpieza en exterior, y el mismísimo Malleus Draconia había aparecido luego de que Yuuri, le hiciera una invitación; sorprendiendo a todos. - —He aprendido algo de ti — -comenta de la nada, sonriendo de oreja a oreja mientras su hombro golpeaba suavemente el del otro muchacho, quedándose ahí. - —Me lo dijo Lilia-senpai, así que quiero corroborarlo con la source original. / @xmoonwisher
Para él, una entidad con magia tan poderosa como devastadora, las clases de vuelo son un juego de niños, flotando con elegancia digna de un futuro rey sin mucho esfuerzo, pero disfrutaba la compañía de otros. Su corazón poco a poco ha sanado heridas que la soledad provocó durante tanto tiempo, temeroso de lastimar inconscientemente cuando sus emociones se salían de control, y todo comenzó con la persona que ahora mismo, parecía requerir su presencia con urgencia, o eso es lo que te gustaría creer, cegado por el amor que siente hacia el humano sin magia. Cuando la esmeraldas propias se encuentran con aquel gris que acelera sus latidos todo a su alrededor parece desaparecer, los labios curvándose en una expresión que solo mostraba a Yuuri, aunque la confusión no tarda en pintar su rostro. “¿Sobre mi?” ladea la cabeza, alzando la zurda para acariciar suavemente el cabello ajeno. “Si lo dijo Lilia entonces es cierto, ¿Puedo saber qué te tiene tan animado, child of man?” confía que el fae más bajo y sus años viajando por el mundo, sin embargo su ingenuidad a veces le juega una mala pasada, desconociendo cualquier motivo oculto que el vice housewarden tenga para hablar más de la cuenta.
A ese tal Merlín le hace falta una paliza por dejarlo ordenando SU librería.
Tiene suerte que conoce el orden al revés y al derecho y lo hará rápido.
❛ 𝑌𝑜𝑢𝑟 𝑚𝑜𝑟𝑛𝑖𝑛𝑔 𝑒𝑦𝑒𝑠, 𝑖 𝑐𝑜𝑢𝑙𝑑 𝑠𝑡𝑎𝑟𝑒 𝑙𝑖𝑘𝑒 𝑤𝑎𝑡𝑐ℎ𝑖𝑛𝑔 𝑠𝑡𝑎𝑟𝑠
I could walk you by and I'll tell without a thought, you'd be mine, would you mind if I 𝙩𝙤𝙤𝙠 𝙮𝙤𝙪𝙧 𝙝𝙖𝙣𝙙 tonight?
𝐊𝐧𝐨𝐰 𝐲𝐨𝐮'𝐫𝐞 𝐚𝐥𝐥 𝐭𝐡𝐚𝐭 𝐈 𝐰𝐚𝐧𝐭, 𝐭𝐡𝐢𝐬 𝐥𝐢𝐟𝐞 ❜
❝ You're taking me out of the ordinary I want you laying me down Till we're dead and buried.

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Varka es como el sol, atractivo, brillante y una parte primordial de la supervivencia de todos los que estuviesen alrededor de él. Él no se consideraba tan importante como el mismísimo astro, pero eso no quería decir que los demás pensaran lo mismo. Siempre rodeado de gente, haciendo migas y amigos con quien tuviese el placer de conocerlo y tratar con él por más de cinco minutos, riéndose de forma estruendosa ante cualquier comentario gracioso, sosteniéndose de un brazo, una pierna o un codo mientras echaba atrás su cabeza por una risa. Táctil, poco refinado, claramente muy diferente a lo que era Flins. - —¡Oh Flins! ¡Que bueno que has llegado! — - automáticamente la diestra se mueve hasta el cuerpo más fino, su instinto guiándola a la cintura, pero retractándose al final porque era un caballero y Flins, no le había dado esa libertad aun; terminando por posar su mano entre los omoplatos del pelivioleta y palmear suavemente mientras la zurda hacia una señal al cantinero. - —No sé que es lo que te orilla a decir eso, pero puedo asegurarte que no realmente. Soy un hombre grande, claramente llamo la atención con solo sentarme en uno de esos pequeños taburetes — -comenta, recibiendo el tarro que había ordenado para el otro y empujándolo en su dirección. - —Mi querido amigo y yo, estábamos hablando de ti — -el rubio dirige ahora su atención al sujeto a su izquierda, un caballero joven, pero con una mirada astuta que afila la misma hasta el fae. “¿Qué opina acerca de enfrentarse uno a uno con el Gran Maestro? Es un hombre muy vigorizante para luchar” el caballero habla, colocando una de sus manos en el bíceps del más alto, ocasionado solo un resoplido divertido desde los labios del rubio antes de dar un trago a su bebida.
El lamparero no necesita ver esa mano para saber dónde iba a descansar, es tan bueno disimulando que confía en su capacidad para observar al de cabellos dorados con la pequeña sonrisa típica que decora su rostro, no obstante y por un milisegundo, esta desapareció al notar que no la dejaría en la zona que ansiaba. “Precisamente por eso lo digo, Varka-san, tu sola estatura pide a gritos que los demás te miren.” Se apresura en responder con total sinceridad, puesto que su físico destaca, además de la ropa muy diferente a los descendientes Lunaescarcha, gente que habita Villa Nasha o sus propios compañeros de oficio. Flins toma asiento a su lado, piernas cruzadas con delicadeza y gira nuevamente la cabeza cuando menciona un tercero en la conversación sin tener idea en qué momento apareció o si siempre estuvo ahí. Al parecer se olvida de su alrededor al encontrarse con el Caballero de Boreas. “¿Qué tendría de interesante un simple lamparero como yo?” pregunta, le parece intrigante que estén interesados en su persona al ser contadas las ocasiones que pisa el lugar, siendo las excepciones dos: la primera es si necesita hablar con Nikita y la segunda, ahora, es para beber con el sol en persona. Sujeta su bebida y le da un pequeño sorbo, sabía que no se emborracharía con facilidad pero prefiere degustar el sabor del alcohol, aprovechando también el observar de reojo al tercero en discordia y alzar una ceja ante la pregunta. Hay muchas cosas que todavía no comprende de los humanos al ser un hada y vivir alejado de ellos en constante batalla con La Cacería, sin embargo podía asegurar que aquellas palabras fueron dichas con intenciones ocultas. Se pregunta si Varka lo capta. “He tenido el privilegio de luchar al lado de Varka-san, ser sus ojos, cubrirle de enemigos, asegurarse que no tenga heridas graves y estoy muy de acuerdo con usted: es alguien vigorizante y que no se rinde nunca. Lo admiro, como caballero y persona.” Admite, el pecho y centro de su llama duele con la sola idea que alguien más pueda ver ese lado del rubio pero si el muchacho quiere jugar, entonces debería unirse la partida, ¿No? “De la misma forma que hablaron sobre mi persona me gustaría saber qué piensas de mí, estimado amigo.” Deja el vaso de lado para apoyar los codos en la mesa y el rostro entre sus manos, los iris amarillos centrados en Gran Maestro y esta vez, una sonrisa más coqueta trazada en los labios.
Yuuri había tenido un día atareado, por decir lo menos, y un dormitorio bastante movido gracias a que era el único con una cocina propia. Epel había sido su ultimo inquilino antes de terminar de limpiar y marcharse a Pomefiore, agradeciéndole de nuevo la pequeña enseñanza que le había dado y el pelinegro, simplemente le deseó suerte en su siguiente movimiento. Yuuri debería preocuparse de que la suerte esté de su lado, muchos podrían llamarlo egocéntrico, pero estaba seguro de que no necesitaba de la suerte cuando sabía con certeza que su plan era perfecto, sin fallo alguno. Por ende, apenas dieron las nueve en punto y como siempre, abrió aquel gran ventanal que daba a un pequeño porche que había aclimatado para su visita nocturna. Cobijas y grandes almohadones en colores azul rey, gris oscuro y plateado —propios de su dormitorio— formaban una zona de picnic, de antemano ya había preparado como siempre algunas frutas y jugo de manzana, para un snack nocturno. Tenía poco a su alcance, pero como siempre, deseaba compartirlo con la gente que genuinamente amaba en ese lugar. - —Tsunotaro — -expresó con cariño aquel sobrenombre, regalándole una sonrisa al otro. - —Creo que, aunque quisiera, no podría esconderme de ti. ¿Acaso tu te escondías de mí? — -devolvió la cuestión, quedando frente al gallardo muchacho.
La voz de Yuuri es música para sus oídos, se nota el cambio de humor de inmediato, en una ligera sonrisa que traza con sus labios y por un momento, olvidó cualquier malestar que ha sentido durante el día mientras las luces a su alrededor desaparecían. Una calidez brota en su pecho con solo pensar que es una cita, al menos así es como Lilia se refería últimamente a las escapadas nocturnas del dragón cuando este le preguntó con curiosidad y mucha diversión a dónde iba. No podía mentirle y tampoco veía un problema el visitar a alguien importante como es el prefecto de Ramshackle, tal vez el único inconveniente es si sus dos guardias personales se percatasen que el príncipe no descansa en sus aposentos. Por suerte, no había sucedido aún. “No, estuve ocupado entre exámenes y reuniones con Crowley, pensé que podía verte a la hora de almuerzo pero…” cuando ingresó al casino esperanzado de compartir merienda con el otro y preguntar cómo han sido sus clases se llevó una gran decepción al enterarse que Yuuri y el grupo de primer año ya había abandonado la zona. Malleus tuvo que respirar profundamente antes de que su magia de congelar todo a su alrededor cuando está triste se saliera de control. “… Dejemos el tema por ahora, ¿Qué estás preparando, Yuuri?” pregunta, los iris esmeraldas escaneando el lugar y cada objeto.
Entender a los humanos aún es una tarea difícil para el futuro rey de Briar Valley, los casi tres años en la escuela le habían enseñado alguno que otro hábito nada más, más que nada aprendió que muchos le temían solo por su nombre y linaje y por ende, hundían en cuanto el dragón posaba su mirada en ellos. Bueno, hacer amigos es un gran desafío siendo el único que ha conseguido seguirle la corriente el prefecto del dormitorio Ramshackle y con quién más disfrutaba platicar tras el largo día de clases. Era Yuuri el motivo que dejó de admirar el cielo estrellado a través de su ventana, pues había una duda que lleva días rondando su cabeza. Preguntar a Lilia era la opción más fácil pues su longevidad era la clave de muchas preguntas que Malleus ha tenido desde que eclosionó del huevo y comenzó a tener razonamiento, sin embargo piensa que alguien con sagre humana en sus venas sería mejor. “Sebek.” Pronuncia el nombre del más joven apenas baja las escaleras del salón principal, donde suele estar acompañado del fae más viejo del dormitorio, Silver y el mencionado. “Hay algo que me gustaría saber y espero tengas la respuesta.”
Su child of man va... explotar.
Malleus es un dragón, los de su especie son considerados bestias fuertes pero celosas con sus tesoros: gemas preciosas u objetos ocultos en lo más profundo de un castillo. Y él, a pesar de tener una apariencia más humana con cuernos, seguía con esos instintos de cuidar lo suyo, aquello que ama y atesora por sobre todas las cosas. En este caso, una persona que llegó a su vida de imprevisto, alguien que lo ha escuchado durante las noches y a diferencia de otros que temen solo decir su nombre, este humano nunca lo trató diferente. Era cosa de tiempo que terminase pensando en aquella persona sin parar, día a tras día. "Child of man…" seguía llamándose así a pesar de saber su nombre, en su defensa Yuuri continuaba usando aquel alias referente a sus cuernos así que no había problema. Estaba afuera de su dormitorio, como casi todas las noches, esperándole para ver las estrellas. "No te vi durante el día en la escuela, ¿Acaso estás escondiéndote de mi?"

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Flins es una criatura calmada, elegante y longeva, ha dominado el arte de comunicarse cordialmente con otros y mantener distancias con aquellos que sienten curiosidad de su naturaleza al ser tan… refinada, como le han repetido varias veces. Está bien aparentando ser humano, está bien haciendo su trabajo de lamparero y cuidar a otros, está bien con las relaciones que ya tiene a base de confianza o trabajar en equipo, es lo que repite en su mente una y otra vez, especialmente al observar a los humanos que van en pareja, sujetándose las manos o hablando bajito para que nadie les escuche. Quería distraerse con aquellos que han ganado su respeto los últimos meses, quedando de beber en el Buque Insignia tras completar exitosamente una misión. Sin embargo, una pequeña molestia aparece en su pecho al ver que cierta persona, un humano de cabellos rubios que apareció en su vida de improviso, está feliz hablando con sus compañeros que con él. “Pareces disfrutar mucho ser el centro de atención, Varka-san.” Su voz tranquila no demuestra cambio por las emociones, así que Flins no teme en dejar salir las palabras antes de hacer una reverencia y sentarse a su derecha.
"Don Sombrero... ¿Sabes de dónde vienen los bebés? Le pregunté a Varka-san pero dijo que no era el indicado para explicarlo..."