Yo quería que fueras tú. Con tu sonrisa y tu luz y tu manera de bailar. Quería una boda usando tejidos de tu país y acostarme a tu lado todas las noches. Quería todo el mundo contigo de la mano. Y por un momento lo tuve. Me enseñaste lo que es convivir con alguien y salir de la mano los domingos a hacer mercado. Lo que es sentarse y hablar de un futuro. Conocer a nuestras madres y sonreírles en la distancia.
Pero el amor no todo lo puede. Y yo no puedo soportar que me mientas. Que lo hagas por descuido o por cobardía. Por manipulación o por simplicidad. Por tenerme feliz o por preservar tu paz. El día que nos volvimos novios te dije yo no toleraba las mentiras. Y hoy, varias mentiras después, le debo a la Erika del pasado no tolerarlas más. Te lo pedí cuando me mentiste sobre tu edad. Elegí creerte cuando me explicaste por qué quitaste mi foto la primera vez pero ya no pude creerte la segunda. Te repetí que no lo soportaría cuando dijiste que bloqueaste a tu ex y no lo hiciste. Y aún así me mentiste cuando pasaste la noche en otra casa y no me dijiste que estabas allá. ¿cuántas veces le pides algo a alguien antes de rendirte y pensar que no va a cambiar? Dijiste que no lo sabías, y que no podías decirme si me ibas a volver a mentir o no. Al menos tu sinceridad en esa última conversación me va a ahorrar tu deshonestidad en todas las futuras.
Porque no quiero ser esta persona. No quiero vivir preocupada y siendo jueza de todo lo que sale de tus labios. No quiero sospechar que no estás donde me dices o pensar que serías capaz de serme infiel. No pienso que ésta sea yo, y si lo soy, quiero a alguien que me de la seguridad para dejar de serlo. No a alguien que lo empeore. No quiero la intranquilidad que me da saber que me has mentido y que probablemente lo seguirás haciendo.
Y además no quiero pedirte que pienses en mí. Siento que lo hice mucho. Cuando te pedí que me dijeras donde estabas si estabas en otra ciudad, o que me previnieras si llegabas tarde. El día que coqueteaste con alguien más y pensaste que me iba a reir. Y hace un día cuando no pudiste enviarme un sólo mensaje aún después de decirte que estaba teniendo días horribles. Aún cuando sabes que mi hermana está en el hospital. No sé si no estás acostumbrado a pensar en alguien más, pero yo quiero a alguien que considere mis sentimientos todo el tiempo, no sólo cuando es sencillo. No quiero repetirte que pienses en cómo me podría sentir. Ni con todo el tiempo del mundo te lo voy a poder enseñar.
Así que voy a aceptar que no eras tú. Que no puedo tener una relación sin confianza y que recuperar la confianza cuesta esfuerzos que no estabas dispuesto a hacer. Se lo debo a mi mamá que me pidió ser feliz y no cometer sus errores. También a mis amigas que siempre me han mirado con amor y que me aseguran que el amor que quiero me está esperando. Un amor considerado, que se preocupe por mis sentimientos todo el tiempo, que esté dispuesto a ser transparente conmigo y a hacerme parte de su vida. Que me recuerde que me ama y haga lo posible porque esté tranquila. Merezco un amor que sea amable con mi corazón. Y me lo debo a mí, porque nadie más puede cuidarme y nadie va a tomar estas decisiones en mi lugar.
Gracias por enseñarme a ceder, y por enseñarme que aunque haya todo el amor del mundo, hay aspectos en los que no se cede.















